Ni vagos, ni indolentes: trabajadores

La Encuesta de la Realidad Social en Andalucía refleja que los andaluces admiten tener un fuerte sentimiento de pertenencia y arraigo a su tierra, de la que no se quieren marchar.

Una camarera atiende una mesa en un complejo turístico de Málaga. / Álex Zea Una camarera atiende una mesa en un complejo turístico de Málaga. / Álex Zea Simpáticos, dicharacheros, extrovertidos, amables, alegres. Estos son sólo algunos de los calificativos positivos que concedería un foráneo a un andaluz. En el lado opuesto de la balanza también se puede dar el caso de que algún poco conocedor de la comunidad los tilde de vagos e indolentes. ¿Pero realmente con qué cualidades se identifican más los andaluces? Según la Encuesta de la Realidad Social en Andalucía (ERSA, 2014), realizada por el Centro de Estudios Andaluces de la Consejería de Presidencia, un andaluz se autodefine como una persona alegre, sociable, trabajadora y honrada y ya en menor medida luchadora, graciosa y sumisa. Es entre las personas de entre 30 y 44 años, con ideología de izquierda, las que apuntan al trabajo y al esfuerzo como con señas de identidad. Los jóvenes y estudiantes, por su parte, hacen más referencia a la sociabilidad, mientras que las mujeres con un menor nivel de estudios y residentes en municipios de menor tamaño destacan la honradez como cualidad de los andaluces. Con este buen nivel de estima es lógico que, según este estudio en el que se ha encuestado a 1.000 residentes en Andalucía mayores de 16 años, la población andaluza muestre un fuerte sentimiento de arraigo y manifiesten su satisfacción con el hecho de vivir en la comunidad. En una escala del 0 al 10, los entrevistados puntúan con un 8,8 su nivel de agrado de residir en Andalucía, fundamentalmente entre las mujeres, personas de mayor edad y que no tienen estudios. Por ello, sólo al 16 por ciento de los entrevistados les gustaría vivir en un lugar diferente a Andalucía. De ellos casi la mitad (43,8 por ciento) apostaría por otra parte de España, el 19,9 por ciento por un país europeo, 11,6 por ciento por algún lugar del resto del mundo, y 15,8 dice que «en donde haga falta». Y es que a pesar del fuerte arraigo, a causa de la alta tasa de paro, que está en el 34,9 por ciento, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), la emigración de andaluces ha crecido de forma considerable desde que se inició la crisis. Ya hay unos 250.000 andaluces que se han tenido que ir al extranjero en busca de un empleo y de una vida mejor, según datos del Instituto de Cartografía de Andalucía, es decir, el 3 por ciento de la población. Son los jóvenes de entre 16 y 29 años (el 28,7 por ciento), los que tienen estudios universitarios (el 21,4 por ciento) y estudiantes (36,9 por cientos), es decir, los que se suponen que tienen menos problemas para encontrar un empleo y más facilidad para adaptarse a otras formas de vida los que están más dispuestos a dejar su tierra. Por contra, en esta encuesta llama poderosamente la atención que de las personas encuestadas y sin empleo sólo el 19,3 por ciento manifieste su deseo a emigrar para encontrar un empleo. Este estudio también ha incidido en el sentimiento de ser andaluz y español. El 63, 2 por ciento se considera tan andaluz como español. Un dato muy diferente al que se produce en otras autonomías como Cataluña donde, según un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas de 2012, sólo el 31 por ciento de los catalanes consideran a España como su país. En Andalucía, según esta encuesta, el 4,8 por ciento se siente sólo español y el 3,4 por ciento se considera sólo andaluz. Los extremos en este caso son minoritarios en Andalucía. Sin embargo, sí hay un sentimiento de que los andaluces tienen características propias que los hacen diferentes al resto de ciudadanos de otras comunidades autónomas y el dato no es menor porque así lo considera el 94,4 por ciento de los consultados en esta encuesta. Estas particularidades son el carácter abierto y acogedor, aunque también hay quien estima que este hecho diferenciador se debe al clima y al estilo de vida que existe en Andalucía.

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