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"Ningún actor exterior puede aspirar a orientar la revolución árabe"

El enviado de la UE a los países del Mediterráneo Sur admite los "errores" de Europa por su relación íntima con los dictadores.

el 14 abr 2012 / 11:32 h.

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Bernardino León y Juan Carlos Blanco.

Los medios europeos, cargados de referencias culturales de Occidente, adoptaron el término romántico de revoluciones árabes para describir lo que sucedió en los países africanos del arco del Mediterráneo Sur hace un año. Las dictaduras de Túnez, Egipto y Libia, regímenes de hierro que parecían invulnerables, cayeron como fichas de dominó empujadas por las protestas del pueblo y la complicidad de una parte de sus ejércitos. De inmediato, la UE diseñó instrumentos para intervenir de forma activa en estas transiciones. Europa ni supo prever el derrocamiento de los dictadores ni hizo nada al respecto.

Cuando las revoluciones triunfaron, la UE creó grupos de trabajo y la figura del enviado especial a esta zona, para orientar las microtransiciones hacia sistemas democráticos. Para ese papel fue designado Bernardino León, diplomático, exsecretario de Estado de Exteriores y enviado especial de la UE para el Mediterráneo Sur.

León explicó este proceso durante el foro Hablemos de Europa, organizado por El Correo de Andalucía junto al Parlamento y la Comisión Europea. "Estamos dejando atrás la etapa postcolonial, una anomalía histórica del siglo XX que generó dictaduras en estos países árabes, que desde Occidente permitimos o incluso tutelamos porque lo achacábamos a razones culturales", dijo León.

Gran parte de su conferencia se centró en explicar cómo su trabajo consistía en borrar el recelo inicial de los nuevos dirigentes de estos países hacia Europa tras las revoluciones árabes. No hay una transición en el Mediterráneo Sur, hay muchas.

Bernardino León ha observado que todas comparten un déficit común -la corrupción en el sistema judicial y policial-, pero ayer advirtió de que la UE no puede cometer el mismo error que en la etapa colonial, y considerar que la misma fórmula de democracia servirá para todos. Ni siquiera el sistema democrático occidental es exportable.

"Estamos inmersos en un proceso constituyente que va a determinar su futuro. Insistimos mucho en que tienen que hacer constituciones que resistan en el tiempo. Ahora discuten el Estado de derecho países que nunca lo han conocido", dijo. Conceptos que forman parte del diccionario político de Europa desde la Revolución Francesa, como la separación de poderes o la misma noción de democracia. Pero Europa también ha demostrado que, de esos mismos principios de igualdad, pueden emerger fascismos.

"Una democracia no son elecciones, es algo mucho más complejo. Ellos nos dicen cuidado con lo que nos vais a contar desde la comunidad internacional, porque lo que estamos viendo en Europa es una tasa de paro elevada. A veces proyectamos contradicciones que ellos no entienden, como gobiernos de tecnócratas que les llaman mucho la atención", dijo León.

Estas lecciones "humildes" con las que León y su equipo viajan tienen que encajar en países como Egipto y Túnez, donde se ha visto "a gente joven que arriesga su vida para poder votar". "Eso nos debería hacer pensar lo que cuesta ganarse una democracia", advirtió. León hizo mucho hincapié en dos conceptos políticos que, en la arena árabe, han confrontado: el debate entre legitimidad y consenso.

Hay una "legitimidad revolucionaria", que esgrimen quienes la hicieron y que ahora defienden "con razón" su derecho a dirigir el futuro de su país. Pero frente a ellos aparecen los partidos islamistas, que luego han ganado las elecciones y ostentan la "legitimidad de los votos". Incluso el ejército, que jugó un papel esencial en el derrocamiento de los dictadores, y que luego cedió el poder voluntariamente, reivindica su papel en el siguiente proceso. "Pensamos que la única legitimidad que va a ordenar todo esto es el consenso. Ahí es donde trabajamos nosotros", dijo León.

El proceso que vigila de cerca el enviado especial de la UE se encamina a la formación de partidos, algo "que no se puede hacer desde arriba, sino surgir desde la propia sociedad". "Ningún actor exterior puede aspirar a orientar esta realidad, ni siquiera Europa", señaló León, pero también remarcó que la UE es el principal socio de los países árabes del Mediterráneo Sur. No es extraño que el nuevo primer ministro de Túnez, principal referente político para toda la zona, eligiera Bruselas como destino en su primer viaje al extranjero.

"Europa es el único actor que puede ser un socio a largo plazo en todos estos países. Nos reprochan que Europa tuviera relación íntima, de negocios, con sus dictadores y debemos reconocer ese error. Nos equivocamos porque pensamos que estos regímenes eran nuestros socios en la lucha contra el terrorismo. Y para los europeos no era difícil verlo, porque el grado de corrupción era desmesurado y se exhibía de forma ostentosa", admitió.

León no sólo habló de política. Al final de las transiciones en estos países habrá liberales, laicos, salafistas o islamistas, pero el gran reto para salir adelante será la economía. Todas estas naciones atraviesan ahora serias dificultades, la caída del turismo tras la inestabilidad política, el deterioro de las reservas... Necesitan que se reactive la entrada y salida de dinero. "Si se estabilizan estas economías, nosotros nos vamos a beneficiar", dijo León. "La UE abrirá el mercado a sus productos agrícolas y nuestros agricultores se quejarán, pero abrir su mercado a nuestras empresas será positivo", concluyó.

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