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Niños saharauis: Del desierto a la civilización

Llegan extremadamente enjutos, con una mochila a cuestas como único equipaje y, a diferencia de otras ocasiones, con un vestuario algo más actual. Entre ayer y hoy desembarcan en Sevilla un total de 653 niños saharauis para pasar unas cortas vacaciones alejados del tórrido calor del desierto.

el 16 sep 2009 / 04:28 h.

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Una acreditación colgada al cuello, una mochila a los hombros, ojos negros penetrantes y una amplia sonrisa dibujada en los labios. De las arenas del desierto africano al césped de los centros sociales de Miraflores. Después de toda una madrugada de traslados y viajes, con vuelo incluido desde Tinduf a Málaga, ayer arribó a Sevilla la primera avanzadilla del contingente de 653 niños saharauis que disfrutarán de dos meses de vacaciones repartidos por toda la provincia gracias al programa Vacaciones en Paz.

Los niños, de edades comprendidas entre los 7 y los 12 años, pasarán el verano conviviendo con sus familias de acogida, de las que "el 99% son gente modesta y súper trabajadora", destaca Rafael García, coordinador local de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui en el municipio de Arahal.

Gracias a una autorización especial, en su casa habita desde hace cinco años Nami, un niño afectado de una enfermedad del aparato digestivo de la que todavía se está recuperando. Ayer, para hacerle algo de compañía durante las vacaciones, llegaron desde Tinduf su hermano Selma y su prima Sherifa, por lo que Rafael se juntará con tres niños saharauis bajo su techo. "Y no hay más porque no hay más camas", apostilla.

Durante su estancia en Sevilla, estos niños adquieren hábitos saludables de nutrición, se someten a completas revisiones sanitarias, practican el castellano -segundo idioma de la República Árabe Saharaui Democrática después del dialecto árabe hassanía-, se enriquecen gracias al intercambio cultural y, sobre todo, disfrutan de lo que más les gusta, "la piscina, la bicicleta y el fútbol".

A cambio, llenan de felicidades los hogares de centenares de familias sevillanas. "En la casa donde entra un niño saharaui cambia por completo el valor de las cosas", dice Rafael, quien subraya la "relación humana" que se crea entre estos niños y sus hijos biológicos. "Cuando vuelven a su país, los niños españoles ponen una hucha para sorprenderles a su regreso".

Atrás han dejado por unos días la extrema dureza de las altas temperaturas del desierto, que "pueden llegar perfectamente a los 55 grados", apunta Mohamed Aomar, un saharaui de 21 años que recaló en Sevilla gracias a este programa de vacaciones y que ayer colaboraba como monitor en el recibimiento a los niños. "Viven en jaimas y en tiendas hechas de barro y carecen de muchas necesidades", indica el ahora estudiante de Administración en la Pablo de Olavide.

Por delante les quedan a estos niños la fiesta de bienvenida en el Alamillo y la visita al parque Isla Mágica.

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