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el 19 may 2010 / 19:18 h.

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La carreta de Triana avanza por San Jacinto.

"Los famosos que lleva este año Triana son los niños que están esperándonos en Castilleja" repetía una y otra vez desde su cabalgadura el hermano mayor a todo periodista que osara jugarse el tipo entre las grupas de tanta caballería. En su estreno con la vara dorada en una Romería, Manuel Alcantarilla -chaquetilla blanca, 78 años- volcaba todas las ilusiones de la partida hacia El Rocío en el recibimiento que, por vez primera, los 22 niños disminuidos psíquicos acogidos en la residencia Rebeca iban a dispensar al Simpecado de la Virgen Chiquita. Las instalaciones del proyecto social de la hermandad, inauguradas en marzo en el municipio aljarafeño, abrieron de par en par sus puertas a la comitiva trianera en uno de los momentos más emotivos de la primera jornada de camino para los más de 5.000 peregrinos que acompañan a la decana de las corporaciones rocieras de la capital.

Quizás por las prisas en coronar la Cuesta del Caracol, la carreta de Triana -adornada con liliums de color naranja- cruzó ayer con una celeridad inusitada las calles de su recorrido por el arrabal. Tal es así que, a las 10.30 horas, Hispano y Corista, los toros de la ganadería de Sánchez Ibargüen que tiraban de la carreta de plata, ya habían plantado sus pezuñas en el dintel de la iglesia del Cachorro, última parada urbana antes de tomar la A-49.

Pero antes de dejar atrás el Patrocinio, la larga caravana rociera llenó de colorido las calles de Triana en una mañana de gozo indescriptible tanto para los que se van como para aquellos vecinos que simplemente se contentan con salir a despedirla.

Minutos antes de las ocho y media de la mañana la umbría calle Evangelista era pura algarabía. Los sones del tamboril se fundían con el alocado repique de las campanas. La misa de romeros ya había concluido. Pero fue asomar el Simpecado de Triana por el dintel de la capilla y hacerse de golpe el silencio. La imagen de la Virgen del Rocío que tallara Castillo Lastrucci quedaba entronizada en el asta de la carreta, momento rematado por los vivas "al milagroso Simpecado de Triana".


De amenizar los primeros metros del camino se encargó la Banda de la Aviación, interpretando tras la carreta sones de sevillanas, pasodobles taurinos y hasta marchas militares, que más de uno se atrevió a corear. "Soldadito español, soldadito valiente, la alegría del Sol fue besarte en la frente...".


Un haz de luz en Pagés del Corro arrancó los primeros destellos argénteos a una carreta que recibía la primera caricia del sol en su peregrinaje hacia tierras marismeñas. A esta hora de la mañana, aún podían verse en las aceras a numerosos escolares uniformados o con sus mochilas a cuestas, preparados para ir al colegio.


La primera parada del Simpecado fue en la capilla de la Estrella, hermandad que se encuentra en plena celebración jubilar de su 450 aniversario fundacional. Como luego sucediera en la parroquia de la O y en la iglesia del Cachorro, el estandarte en terciopelo azul de la cofradía del Domingo de Ramos salió a saludar el paso de la comitiva rociera, encabeza en ese instante por un burro cargado de unas angarillas. Tras el congénere de Platero, la larga caballería de Triana empuñando varas, banderines y estandartes. Entres los jinetes vestidos de corto, alguna cara conocida, como la del empresario Gonzalo Madariaga, presidente del grupo MP, o la del capataz Manolo Vizcaya, esta vez "trianeando" a lomos de una cabalgadura camino del Rocío.
Con la Estrella y la Virgen Chiquita frente a frente, la calle San Jacinto entonó a coro el Salve Madre. La cofradía del Domingo de Ramos despidió a los romeros de Triana con un hermoso regalo: dos de los cirios de la candelería que iluminó a la Estrella esta Semana Santa y que desde anoche dan luz al Simpecado trianero en las noches de camino.

Tras el saludo a la Estrella, siguiendo la estela de la carreta de plata, se unió a la comitiva la larga hilera de 30 carretas de bueyes que acompaña al Simpecado.
"Esto va rapidito hoy", se escucha decir entre el público. La caravana enfila la nueva San Jacinto peatonal buscando el Altozano y la calle San Jorge. En Callao, ante las puertas de la Peña Trianera, un grupo de unos 40 ancianos de la residencia de Nuestra Señora de Consolación aguardan sentados la llegada del Simpecado. "Están aquí desde las ocho de la mañana. En la Peña le damos el desayuno, sus pastelitos y sus churros y le compramos flores para que se las pongan a la Virgen", explica un socio veterano de la Peña Trianera.


Poco antes de las diez de la mañana una petalada recibe al Simpecado de Triana ante las puertas de la parroquia de La O, penúltimo puerto antes de hacerse a la mar de los caminos.


La temperatura es buena y los ánimos son excelentes. Triana se adentra en la geografía rociera al encuentro de la Blanca Paloma. Ya les queda un día menos.

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