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“No entiendo por qué se vende ropa tan cara cuando se hace en serie”

David Lorenzo es el impulsor de las tiendas Camden Shop, situadas en las calles Regina y Javier Lasso de la Vega de la capital hispalense.

el 28 sep 2013 / 20:56 h.

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El gusanillo empresarial le viene a David Lorenzo (Sevilla, 1982) de familia. A pesar de tener una plaza como enfermero en el Hospital San Juan de Dios decidió montar un negocio para ofrecer “una moda diferente” a los sevillanos. Y no le ha ido mal. Con solo tres años de andadura ya cuenta con dos tiendas en el Centro. –Ejerce como enfermero y, aun así, se lanza a la aventura empresarial en plena crisis. –Desde pequeño he tenido relación con el mundo empresarial. Mi padre ha regentado varios negocios, como pescaderías y bares. En su momento no quise tener nada que ver con ello porque veía directamente lo sacrificado que era, pero con el tiempo me entró el gusanillo de montar algo propio. Mi madre se sorprendió cuando me vio ejerciendo de negociante porque nunca hubiera pensado que lo iba a hacer (risas). –¿Y por qué ropa? –La idea inicial no era solo vender ropa, sino montar una tienda de regalos en la que se pudieran encontrar cosas distintas a las habituales. Pero era difícil. A la vez que veíamos esto, hablábamos con proveedores de ropa y nos dimos cuenta de había muchos que ofrecían moda original a muy buen precio. En realidad Sevilla suele ser muy clásica, y esto era una manera de romper con esa tendencia. Aunque hay competencia, no nos dio miedo [al principio comenzó el negocio con un socio], porque esta es sana y te ayuda a esforzarte para hacer mejor el negocio. También lo hice por una cuestión un poco egoísta: a mí me encanta ir de compras y no hay economía que lo sostenga. Con este negocio me quito el mono de comprar y encima aporto cosas nuevas. Hace mucha ilusión cuando ves a gente con tu ropa por la calle. –Cuando comenzó hace tres años apostó por la calle Regina. ¿Tuvo visión de futuro? –Cuando llegamos éramos cuatro. Siempre me pareció una calle con encanto, y no solo por el tema de las setas de la Encarnación. Es una calle muy de barrio pero en pleno Centro de la ciudad. _–A pesar de que su negocio nace en plena debacle, no le ha debido ir mal, porque ha abierto otra tienda en Javier Lasso de la Vega. ¿A qué se debe su éxito? –A que le echamos muchas horas y buscamos mucho entre proveedores para seguir respetando el estilo, que es lo que busca nuestra clientela. Desde luego no nos podemos quejar. La gente nos decía que estábamos locos cuando empezamos, que teniendo un trabajo fijo cómo me metía en esto. Creo que una de las claves de que el negocio vaya bien es que lo he montado por ilusión, no por necesidad, por eso no pesa tanto dedicarle mucho tiempo. Abrimos la nueva no hace ni un año y también funciona bien. La vida es la que te pone límites, no tienes que ponértelos tú, decía mi abuela. –¿Y piensa llevar su negocio más allá del Centro? –No descarto ir a otros barrios, pero el Centro es el Centro. Tiene mucho turista, que es más atrevido a la hora de vestir. Si abriera en algún sitio sería en Triana o León XIII, que son barrios que conservan ese espíritu, pero comerciales y con gente joven. En cuanto a otras provincias, me lo han planteado algunos clientes, sobre todo del norte, porque dicen que allí no se vende este tipo de ropa. En cualquier caso, lo veo difícil por la logística porque, aunque fuese con un socio, tendría que estar encima. No me gustaría que la marca perdiera el estilo. –¿Qué perfil tiene su clientela? –La mayoría son mujeres, aunque cada vez vienen más hombres. La horquilla va desde los 30 hasta los 70 años. De hecho, la duquesa de Alba es clienta habitual y viene muchas veces a comprarnos ropa. Es su estilo, una moda con muchos colores. La más mayor que acude a la tienda es una mujer de 96 años que siempre va genial. –¿Le ha sorprendido esto? –Siempre supimos que vendría gente atrevida, lo que no pensamos es que fuera gente mayor. Pensamos que se acercarían jóvenes de unos 16 o 17 años. Sin embargo, a estas edades son más clásicos y buscan colores lisos. –Uno de sus valores añadidos es que cada semana cambia de ropa. ¿Por qué ese esfuerzo? –Traemos siempre cosas distintas y no repetimos nunca, aunque un artículo se haya vendido bien. Son cosas muy vistosas y la idea es que la gente no vaya igual. Tenemos un stock muy limitado y por eso no vendemos por internet. Desde mi punto de vista, el gran error que están cometiendo firmas como Desigual es que al final hacen que todo el mundo vaya igual y las colecciones son muy parecidas, aunque reconozco que les ha ido bien así que algo habrá que aprender de ellos (risas). –¿Qué papel juegan las redes sociales en su negocio? –No tenemos web porque creemos que al final la gente no la mira mucho, pero sí Facebook y nos vamos a lanzar a Twitter. Subimos todo a Facebook y muchas veces los clientes vienen con la foto para pedir un artículo concreto. Así vienen cuando les gusta algo, porque se acaba pronto. –¿Qué tal ha sido el trato con los proveedores? –Fue difícil encontrar los que apostaban por una moda distinta, que se saliera de los canales de Inditex, y necesitábamos muchos por la política de cambiar todas las semanas. La mayoría procede de la zona de Tarifa en Cádiz, Valencia y Cataluña. En Madrid es más difícil encontrar y en Mallorca las firmas son muy caras. No entiendo por qué cuesta tanto un vestido hecho en serie y que no es artesanal. Si se ha cosido a mano y es artesanal, vale. Nosotros traemos algunos así y algunas clientas los compran aunque sean más caros. –¿Cuántos empleos ha generado? – Tengo a tres personas trabajando con contratos parciales. Lo he hecho así queriendo, porque creo que haciendo este tipo de contratos puedes emplear a más gente y, como están las cosas, me parece la mejor manera de hacer empresa. Trabajan con incentivos. No los veo como empleados, sino como compañeros.

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