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No es cuestión baladí

Lleno hasta la bandera el viernes en la Basílica de la Macarena ante la charla del doctor Antonio Escribano sobre el esfuerzo del costalero y el régimen de comida más idóneo para optimizarlo.

el 15 sep 2009 / 00:21 h.

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Lleno hasta la bandera el viernes en la Basílica de la Macarena ante la charla del doctor Antonio Escribano sobre el esfuerzo del costalero y el régimen de comida más idóneo para optimizarlo. El afamado galeno respondió, y de qué manera, a la enorme expectación levantada; primero porque transmitió macarenismo por todos los poros de su piel -"y además es cristero", como destacó el hermano mayor, Juan Ruiz Cárdenas- y segundo porque, con un discurso ameno y sencillo, fue capaz de tener a todo el mundo boquiabierto. Hubo datos concluyentes. Por ejemplo, ¿sabían que, mientras un futbolista de élite consume durante un partido unas mil doscientas calorías, un costalero de la Macarena gasta en la Madrugá más de tres mil?, ¿o que si concentráramos en un solo esfuerzo todo el empuje que se hace bajo las trabajaderas durante esa noche, un hombre sería capaz de levantar el AVE? -"y llevarlo a Madrid", se comentó con gracia-. A partir de ahí, Escribano aportó datos del todo razonables: desde un par de días antes de la salida, nada de alcohol, una dieta rica en hidratos de carbono (pasta y arroz) y verduras, masticar mucho los alimentos para evitar digestiones pesadas y la ingesta de gas y hacer la última comida al menos cinco horas antes de iniciar el trabajo? Datos razonables, pero difíciles, porque no me veo yo el Miércoles Santo después de ver entrar la Lanzada o Los Panaderos por el andén picando un tomate en plan Arguiñano o rayando una zanahoria para hacerme una ensalada. Bromas aparte, me reitero en lo del título: no es cuestión baladí y cada cual en su conciencia verá lo qué hace. De todas formas, lo que más confianza me inspira, cerveza más o menos, es el corazón macareno de los 168 que empujamos fuerte p'arriba.

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