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«No es el momento político para la Ley de Libertad Religiosa»

El subdirector de Promoción Religiosa del Ministerio de Justicia es uno de los que mejor conoce cómo será la futura Ley de Libertad Religiosa, un texto que, entre otras cosas, sacará los crucifijos de todos los centros públicos

el 29 nov 2009 / 20:59 h.

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Juan Ferreiro, en la sede de Emasesa el pasado viernes, donde acudió para participar en la clausura de unas jornadas.

-¿La Ley de Libertad Religiosa está parada o guardada?
-Está en proceso de elaboración pero todavía no hay un borrador de proyecto de ley. Se está esperando al momento político oportuno para iniciar los trámites oficiales aunque ya llevamos un tiempo trabajando en esta ley.


-¿Sería ahora inoportuna políticamente hablando?
-Nosotros trabajamos desde el ministerio y esperamos a que el presidente del Gobierno y la vicepresidenta lo estimen oportuno. Hay que recordar que fue la propia María Teresa Fernández de la Vega quien anunció en el Congreso la voluntad de modificar la ley orgánica. La promesa está ahí esperamos criterios políticos.


-¿Y cuál es el fondo de ese borrador en el que están trabajando?
-El planteamiento es acercar la ley orgánica a la realidad vigente conformada por una pluralidad religiosa y porque exista una mayor igualdad en los términos que establece la Constitución. Dicha igualdad no es uniformidad sino que puede admitir diferencias siempre que sean razonables.


-¿Cómo valoró el Gobierno la sentencia de Estrasburgo que ordena retirar los crucifijos de los colegios públicos de Italia?
-No puedo hablar en nombre de las altas instancias pero sí le digo que siempre acatamos la jurisdicción que nos afecta y la del Tribunal Europeo de Derechos Humanos es de obligado cumplimiento en todos los estados. Particularmente, creo que es una sentencia razonable que busca la laicidad y es respetuosa con todas las confesiones y credos.


-¿Es lo mismo una ley laica que laicista?
-Son cosas distintas. Una legislación laicista tiene prejuicios con la religión mientras que la laica será neutra en el sentido de que el Estado no valora unos credos frente a otros sino que los respeta todos. La interpretación laica hará que los edificios estatales, y los representantes del Estado, no podrán exhibir símbolos religiosos porque parece que se postula a favor de uno en lugar de otras. Otra cosa distinta es la vía pública, donde entra el derecho fundamental a la manifestación y a la reunión. Hemos de distinguir esas dos cosas:los símbolos fuera de lo público en cuanto representan al Estado pero no para negarlos sino para respetarlos.


-Pero sacar los crucifijos de las aulas por respeto no lo entenderán muchos ciudadanos...
-En España, esa decisión la adopta el Consejo Escolar y como dijo el Tribunal Supremo dicha decisión es recurrible y ya tenemos una sentencia de Valladolid que afirma que el símbolo puede lesionar a algunos alumnos. El argumento de que tiene un crucifijo tiene un fundamento histórico es respetable pero indudablemente tiene un valor religioso.


-¿Y una joven que va a clase con velo no puede lesionar a algún compañero?
-Es distinto que el símbolo esté en las paredes del centro a que sea portado por una alumna. En España no tenemos este debate porque hay una cultura de la libertad. Los alumnos pueden ir como quieran siempre que no ofendan a los demás. Llevar un símbolo religioso no creo que sea ofensivo. Tenemos una cultura de la tolerancia y la joven que quiera llevar velo lo podrá hacer. El criterio debe ser el sentido común y el respeto.


-¿El acuerdo Iglesia-Estado de 1979 necesita una revisión o es plenamente vigente?
-Ahí no me pronuncio porque el contexto religioso ha cambiado en España pero los acuerdos pueden ser renovables perfectamente. Es un criterio que deben adoptar el Estado y la Santa Sede y ningún presidente lo ha introducido en su agenda.


-Con la nueva ley, ¿el Hospital Virgen del Rocío deberá cambiar de nombre y el Ejército del Aire deberá dejar de tener como patrona a la Virgen de Loreto, por ponerle sólo dos ejemplos?
-Creo que en esas cuestiones hay que dejarse llevar por el sentido común. Ahí, el legislador no se va a meter en imposiciones sino que tiene que transmitir claramente un espíritu de neutralidad.

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