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No es el Titanic pero tiene un titán

El Betis, lejos de hundirse, divisa las costas europeas tras salir de una fosa abisal. El capitán es Mel, pero el timón lo lleva Rubén Castro. Una vez más.

el 15 abr 2012 / 20:31 h.

Rubén Castro corre para celebrar su gol número 14.
El Betis tendría que perder los cinco partidos que le quedan y el Zaragoza debería ganar cuatro de ellos, sin contar los puntos que estarían obligados a sumar Granada, Villarreal, Real Sociedad, Rayo, Mallorca o Getafe, para que la fiesta que era ayer Heliópolis tornase en drama. Las matemáticas son frías y lógicas y todo es posible en este deporte caliente e ilógico que es el fútbol, pero no parece previsible que el conjunto verdiblanco se hunda cual Titanic, sobre todo porque ni el Betis es un barco ni la Liga es el Atlántico Norte. El Betis es una nave sólida que sabe ganar jugando regular y empatar jugando mal. Enhorabuena a Pepe Mel y sus hombres: cuando peor pintó el horizonte, cuando enlazaron cuatro jornadas sin vencer y se acercaron como nunca al abismo, zanjaron la crisis con competitividad, la que tanto se les echó de menos en buena parte del ejercicio. El resultado, seis encuentros sin perder y Europa al lado, como sueño real y viable.

El Betis es un equipo de Primera. Lo es por historia, un factor que no da puntos aunque queda bien decirlo, y sobre todo por cómo juega, así que la próxima temporada continuará en esta categoría que es su lugar natural. Como dios manda. O como manda Rubén Castro, que para el caso es lo mismo. El Betis no es el Titanic pero sí tiene un titán. Cuatro jornadas seguidas marcando, cinco goles en seis partidos... "Castro selección", reclamó el Villamarín tras su decimocuarta diana. No irá a la Eurocopa y se retirará sin haber sido internacional absoluto, mas no será demérito suyo. Sólo ha tenido la mala suerte de coincidir con la mejor saga de delanteros de la historia del fútbol patrio.

El Betis casi confirmó su salvación en un partido de domingo a las cuatro. Como las televisiones extinguieron el fútbol de toda la vida, el de las cinco, esto es lo más parecido. Y los béticos, que se saben salvados, lo festejaron con moderación. Enhorabuena a ellos: alegría por el objetivo cumplido, sí, pero también el ansia de perseguir nuevas metas más propias de este club que, quién lo iba a decir, gozará de un mes tranquilo y tiempo de sobra para planificar un futuro distinto y mejor.

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