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No ha sido mala campaña

Hoy toca reflexionar, y eso siempre es bueno, sea cual sea la reflexión. Pero, se supone que hoy, una vez terminada la campaña electoral, de lo que se trata es de que cada ciudadano ensimismado consigo mismo, como decía un amigo, y acallados los reclamos electorales, decida su voto.

el 15 sep 2009 / 01:18 h.

Hoy toca reflexionar, y eso siempre es bueno, sea cual sea la reflexión. Pero, se supone que hoy, una vez terminada la campaña electoral, de lo que se trata es de que cada ciudadano ensimismado consigo mismo, como decía un amigo, y acallados los reclamos electorales, decida su voto en función de sus simpatías, su ideología o sus intereses. Lo que pasa es que, aunque es cierto que hoy no se puede hacer campaña, los mensajes electorales siguen invadiéndonos. Ahí están los carteles, las vallas, la propaganda en el mobiliario urbano, y las informaciones de prensa, radio y televisión sobre los actos celebrados ayer. De todas formas da igual, porque uno piensa que, después de los debates televisados la campaña estaba ya prácticamente terminada, y en estos últimos días, los grandes partidos se han dedicado a poco más que a exhibir sus respectivas musculaturas, convocando actos multitudinarios, y los pequeños a aprovechar los espacios electorales en los medios audiovisuales.

La verdad es que ha sido una campaña menos crispada de lo que el desarrollo de la legislatura hacía prever, y aunque haya habido algunas salidas de tono, y en todos sitios han cocido habas, la confrontación electoral se ha mantenido dentro de unos límites razonables. Una de las causas ha podido ser el serio aviso que ya dieron los ciudadanos con su baja participación en las municipales, parece que cansados de una trifulca permanente, en la que la descalificación se imponía sobre programas y proyectos. Tal vez por eso, en esta ocasión la campaña se ha inclinado más por la senda del futuro que de los agravios del pasado, aunque no ha faltado alguna trifulca revisionista.

Otro factor que ha influido en que la actividad electoral se haya pegado más al suelo, ha sido la percepción de la angustia económica que se detecta en gran parte de la población española. El aumento del paro, la inflación, la subida de las hipotecas y el frenazo de la construcción, con todo lo que esto conlleva, han obligado a gobierno y oposición a ponerse las pilas y ofrecer soluciones con el punto de mira puesto en arreglar problemas tan cotidianos, y tan entendibles por todos, como es el poder llegar a fin de mes. Y como éstas son cuestiones que, a pesar de su importancia, no son propicias a la visceralidad, sobre ellas se puede discutir con argumentos mejor que con sentimientos.

La menor crispación, las propuestas sobre temas que afectan al día a día y también la gran repercusión de los debates televisados han hecho que el personal entre en campaña, previéndose una participación bastante más alta de lo que hasta hace un mes podía suponerse. Y esto es bueno porque, por encima de supuestos intereses partidistas y cálculos sobre a quién le beneficia o perjudica la abstención, lo cierto es que la verdadera legitimidad del sistema democrático reside en el nivel de compromiso ciudadano en los procesos electorales. Y el compromiso se traduce en votos. Si esto se produce mañana podremos decir que no ha sido mala campaña.

Periodista. juan.ojeda@hotmail.es

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