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No habrá lazos

En Sevilla ganó el sentido común. No habrá lazos. Saben las Cofradías que la Semana Santa de Sevilla, que el hecho de las procesiones en la calle, es un hecho religioso, sin duda de ninguna clase, pero no sólo. La Semana Santa de Sevilla es un hecho religioso y un hecho...

el 16 sep 2009 / 00:29 h.

En Sevilla ganó el sentido común. No habrá lazos. Saben las Cofradías que la Semana Santa de Sevilla, que el hecho de las procesiones en la calle, es un hecho religioso, sin duda de ninguna clase, pero no sólo. La Semana Santa de Sevilla es un hecho religioso y un hecho cultural, una cita con la tradición, con la costumbre, con la sentimentalidad, con los recuerdos más tiernos y más íntimos de la infancia callejeada de la mano de un padre y una madre, cuya ternura se revive en cada nuevo encuentro con un paso en una esquina, que nos trasporta al calor del roce de las manos sentidas, de tan intensamente recordadas. Cada Semana Santa es un encuentro con los recuerdos, son los recuerdos los que la llenan de emoción, sin ellos sería otra cosa. Porque más allá de la belleza y la religiosidad del espectáculo, su intensidad está en lo vivido y recordado, cuando todos los elementos que hicieron un momento inolvidable, se vuelven a conjugar de manera precisa, no porque eso tenga que ocurrir y ocurra matemáticamente, sino porque el resorte sentimental funciona y se hace carne con el discurrir de las procesiones. Creo que los que salen en busca de los recuerdos son la inmensa mayoría, pero además están los que salen porque hace sol y la calle provoca, tan llena de gente y de música y de incienso y de flores y de esa "bulla" alegre que predispone al espejismo, a cualquier clase de espejismo. Y junto a eso está y a veces es bien visible, alguien que reza y se santigua al paso de la Virgen y, aunque los concentrados alrededor nada tengan que ver con su fervor, hacen un silencio de respeto, emocionante y sentimental, profundamente sentimental. Eso es sobre todo la Semana Santa, una fiesta de la sentimentalidad. Politizar ese momento en el que los recuerdos bendicen el tiempo y el espacio, habría sido una salida de tono, de difícil perdón.

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