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'No hubo fallo en la expulsión de Zidane, no hice una golfada'

Veintiséis años después de iniciar su carrera, Luis Medina Cantalejo cuelga las botas. Y lo hace con la satisfacción de ser uno de los árbitros más laureados del fútbol español. El famoso partido del cochinillo y la final del Mundial 2006 le dieron un protagonismo que no deseaba. Por suerte para él, hizo lo correcto. Mañana viernes, el colegiado sevillano recibirá un merecido homenaje en el Casino de la Exposición.

el 16 sep 2009 / 03:46 h.

-¿Qué tal lleva el tener que colgar las botas después de tantos años dirigiendo partidos?

-Pues bien, dentro de lo que cabe. El fin de semana pasado, en La Coruña, fue especial. Era mi último partido después de 26 años. Llevo preparándome desde hace tiempo para esto y tengo la tranquilidad de que no queda más remedio. Hay que dar un paso hacia adelante. Extraño me sentiré en septiembre. Ahora la gente te llama, te premia y te felicita por tu trabajo tu trayectoria; luego...

-¿Cuáles son sus planes de futuro en estos momentos?

-Ahora mismo tengo muchos frentes abiertos: UEFA, Federación Española, temas con una empresa que se llama Diocles de asesoramiento, alguna cosa de medios de comunicación... Pero en principio mi idea es seguir ligado al mundo del arbitraje. Quiero devolverle todo lo que él me ha dado a mí durante estos años.

-¿Imaginaba despedirse con una trayectoria tan brillante como la que ha tenido?

-Yo he trabajado muchísimo. Aparte del sacrificio y el esfuerzo hay un porcentaje de talento que se tiene o no, aunque influye mucho el esfuerzo. Nunca imaginé, cuando comencé en esto con 19 años, que alcanzaría lo que he alcanzado: la internacionalidad, dos finales de Copa, dos Supercopas, un montón de partidos de Champions, Copa de la UEFA... Lo máximo. No puedo pedir más. Me voy absolutamente satisfecho y, sobre todo, contento porque siempre he ido de cara y no he dejado cadáveres por el camino. A quien le tuve que decir algo a la cara se lo dije.

-¿Cree que hay muchas cosas que cambiar en el arbitraje?

-Las cosas hay que hacerlas poco a poco. El arbitraje ha cambiado mucho en los diez últimos años y tiene que cambiar a nivel de estructuras. Hay que plantearse si esto tiene que ser una actividad con exclusividad. Pero todo hay que hacerlo con perspectiva de dirigente y cuerpo técnico; saber qué se puede cambiar de inmediato y qué a un plazo más largo.

-Se habla mucho del uso del vídeo y de los árbitros de área, pero hay resistencia a cambiar...

-La resistencia es del fútbol, no de UEFA, FIFA, etc. Hay un organismo como es International Board que recibe propuestas de todo el mundo y de todos los estamentos. Lo que pasa es que aquí cuando hablamos de la utilización de medios es cuando a un equipo le han metido un gol en fuera de juego, un gol fantasma; el resto del tiempo cuando todo es a favor nadie quiere historias tecnológicas.

-¿Y que le parece que en la próxima Europa League -actual Copa de la UEFA- haya dos asistentes más para vigilar las áreas?

-Es un experimento y te puedes llevar una grata sorpresa, pero creo que lo más próximo es implantar tecnologías en lo del gol fantasma y en todo tipo de agresiones que se escapan del ojo del árbitro, que se pueda entrar de oficio con una cámara que fuera la prueba testifical de que un jugador ha golpeado gravemente a otro, ha escupido? Todo lo demás sería plantearse cambiar la idiosincrasia del fútbol, y no creo que haya espíritu por parte de nadie de cambiarlo.

-Dos partidos han marcado claramente su trayectoria: el del Camp Nou, con el lanzamiento incluso de una cabeza de cochinillo a Luis Figo, y la final del Mundial de Alemania, cuando, como cuarto árbitro, vio la agresión de Zinedine Zidane al italiano Marco Materazzi...

-En Barcelona lo que hice únicamente fue cumplir con mi obligación. Yo el cochinillo no lo vi, pero sí bolas de golf, diferentes objetos, una botella de whisky medio llena que casi impacta en Luis Figo... y opté por suspender el partido, por salvaguardar la integridad de los jugadores. Y en la final del Mundial lo único que hice fue comunicar al árbitro lo que vi y vio todo el mundo. Todo lo demás es un tema mediático. Y sobre todo es que no hubo fallo; y si lo hubiese habido, me habría equivocado. No hice una golfada.

-¿Qué lectura extrae cuando habla con sus amigos, con sus más allegados, de lo que ocurrió aquel día en el Camp Nou?

-Lo que pasó, pasó simplemente porque un equipo rival de otro fichó a uno de sus ídolos y la afición lo recibió de aquella manera. Luego Luis Figo siguió jugando en su equipo y más tarde se fue al Inter, y no ha pasado nada más. Hubo un poco de precalentamiento por parte de determinados dirigentes con un seguimiento mediático tremendo, tremendo, que hizo que aquello fuera lo que fue.

-¿Le han ayudado los dirigentes del fútbol a lo largo de su carrera?

-A mí los dirigentes no me han ayudado mucho; ni a mí ni a nadie. Tampoco me ha hecho falta. Mi trabajo es mi trabajo, pero sí cierto que por declaraciones un poco fuera de tono antes o después un partido se puede enrarecer. Pero no son precisamente los dirigentes los que más calientan los ambientes, sino que sois vosotros -los medios de comunicación- los que muchas veces lo hacéis. Es la ley de la oferta y demanda, venta pura y dura: vende más que haya descarrilado un tren que la construcción de un hospital.

-Hay personas que pueden ir a la ópera y no gritar a las personas que están en el escenario pero que en un partido no sólo gritan sino que incluso lanzan botellas. ¿Por qué cree que se da este tipo de conducta?

-La mayoría de la gente se comporta con normalidad. Se pude quejar, pero lo normal es que no lance botellas, que no pegue. Las personas que hacen eso son mediocres, no destacan en su trabajo, están sojuzgadas en su familia... Son personas que no han sido nadie en el mundo del deporte y tratan de sacar sus frustraciones cuando van a ver a su hijo que juega un equipo alevín, cuando quieren hacer una alineación y saben más que un entrenador profesional de Primera, cuando sacan mejor un córner que una gran estrella del fútbol que ese día ha fallado...

-Pero este problema va más allá de lo que es el deporte, es un problema ya de civismo...

-Cuando todo eso se une al hecho de estar en un grupo, la persona se convierte en un borrego más dentro de un rebaño de borregos. Si no fuese así, en un campo de Regional no irían quince a pegar a un chaval de 14 años porque se ha equivocado en un penalti. Son criminalillos que anda por ahí. No son ni siquiera criminales porque ni tienen la categoría de ser criminales. Se refugian en el grupo para cometer sus pequeñas hazañas y tener su minuto de gloria, y esto debe ser abolido por cualquier tipo de jurisdicción.

-¿Cómo cree que se puede solucionar este problema?

-La solución viene de antes: formación, prevención, hablar con las asociaciones de padres y decirles que su niño y su niña son chavales que han de tener una formación más completa y que si no son capaces de reprimir el insulto o la agresión, pues que se queden en su casita y luego su hijo le cuente cómo le ha ido. Y ya está, porque su niño debe ser una persona, un adolescente, antes que una estrella del fútbol. Si con la prevención y la educación no conseguimos terminar con esto, la sanción tiene que ser absolutamente contundente.

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