Cultura

No necesitaba ni cantar

Destacados músicos y compositores reconocen la impronta de El Pali, el Papa de las sevillanas, que sigue vivo en la memoria un cuarto de siglo después de su último adiós.

el 18 jun 2013 / 09:32 h.

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A la izquierda, El Pali en Portugal. Arriba, con compardre Rafael Vera en el barrio del Postigo. Abajo, con su madre en el Rocío. A la izquierda, El Pali en Portugal. Arriba, con compardre Rafael Vera en el barrio del Postigo. Abajo, con su madre en el Rocío. Veinticinco años después de su desaparición, la figura de Paco Palacios, El Pali, sigue viva en su música y en la memoria de quienes disfrutaron de su amistad y su magisterio. Porque el trovador no sólo dejó una ingente obra fonográfica, sino también una profunda impronta en quienes le sucedieron en el arte de cantar ese eterno abril que es el género de las sevillanas. "¿Qué puedo decir de él?", se pregunta Manolo Jurado, alumno aventajado de El Pali y miembro de Los del Guadalquivir. "Fue mi maestro desde los tiempos en que nos llevaba a muchos sitios benéficos con mi grupo de entonces, Sabor Andaluz. Ahí fui aprendiendo su forma de actuar, cómo se metía a la gente en el bolsillo sólo hablando, sin necesidad de cantar", recuerda, "Su sello personal, su timbre de voz, y cómo explicaba los temas para que la gente los viviera, son irrepetibles", agrega Jurado. "Con él, o te hartabas de reír, o te hartabas de llorar, del sentimiento que transmitía para los sevillanos. Lo mejor es que, aunque ni izquierdas ni derechas se hayan portado bien con él, es que sigue vivo en la memoria del pueblo, que es lo que él quería". También reconoce haber aprendido mucho de él José Manuel Rodríguez El Mani. "He rescatado vídeos suyos, lo he estudiado en mis comienzos, y no cabe duda de que el sello de trovador siempre lo ha tenido, y lo mantendrá mientras Dios lo tenga en su gloria", asevera. "Además, estoy muy agradecido, porque El Pali, que era muy reacio a hablar de la gente, y a quien no le gustaba le daba flojo y fuerte, una vez dijo: ‘hay por ahí un gordito de Gines que ha salido cantando, que me gusta’, y para mí fue un honor. Era muy cercano, muy llano, y un ejemplo para todos. Sólo le faltó dar el salto revolucionario que luego dieron los Cantores", añade el músico. Precisamente uno de los miembros de Cantores de Híspalis, Mario Ruiz, recuerda que El Pali "fue nuestro padrino artístico, el que nos acompañó en nuestros primeros pasos, cuando teníamos un grupo llamado Alquivira. Lo conocimos a través de un tío mío, Faico, y con el tiempo fue productor de un par de discos nuestros y nos llevó con él a muchas galas y festivales". Para Ruiz, "El Pali era un personaje muy peculiar, cariñoso a más no poder, apoyó a muchísima gente, pero más valía que no le llevaras mucho la contraria, porque era temible", recuerda con una sonrisa. "¿Influencias? En todo artista sevillano hay una huella de Paco Palacios. Es el espejo donde nos hemos mirado, todo el mundo que ha hecho algo en las sevillanas ha mamado de esa teta", afirma el cantante. "Ser sevillano y no ser palista es estar fuera de tono", sentencia Rafa Serna antes de explicar que, aunque nunca tuvo confianza con el artista, "infuyó en todos los que empezamos a componer después de él, sobre todo por su manejo de la sencillez. Sabía llegar directo al corazón a través de una música asequible para todos, y eso explica en parte que tanto tiempo después se siga cantando su obra en la Feria, en el Rocío, en fiestas particulares. En su estilo, no ha nacido nadie como él. Es, todavía, una bandera y un referente". También en las mujeres artistas dejó huella El Pali. Por ejemplo, en Isabel Fayos, quien trató mucho a Paco Palacios: "Fue íntimo amigo de mi hermano Javier, y padrino de mi sobrina María de la O. Cómo no recordar, cuando íbamos por el Arenal, la gracia que tenía contando anécdotas. En la forma de componer, para nosotros fue siempre el guardián de la memoria de la ciudad a través de las sevillanas", recuerda. "El hecho de que yo fuera mujer no suponía la menor dificultad, siempre me alentó mucho a que escribiese y cantase las cosas desde mi ángulo, desde mi punto de vista", añade la artista. Lo seguro es que, un cuarto siglo después de su último adiós, El Pali sigue cosechando admiración entre quienes le trataron y quienes sólo llegaron a él a través de su música. Su figura, de por sí imponente, crece y crece con el tiempo.

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