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Cultura

«No pretendo mejorar a Borges»

Agustín Fernández Mallo, autor de la célebre ‘Trilogía Nocilla’ asume un nuevo desafío: una reinterpretación del clásico borgiano ‘El hacedor’

el 19 mar 2011 / 21:55 h.

Agustin Fernandez Mallo.
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-¿Decidió hacer un remake de El hacedor de Borges porque lo consideraba un libro obsoleto, convenía ponerlo al día?

-No, no, eso carecería de lógica. Nada que nos proponga una relectura es obsoleto. La demostración de que el libro está vivo es que nos sigue comunicando cosas. Y es absurdo pretender poner al día El hacedor de Borges, porque me parece algo absolutamente actual. La cuestión es que al releerlo me inspiraba otras historias, y yo me puse a escribirlas.

-Pero eso le sucede a todos los escritores con muchas lecturas, y no se llama remake...

-Claro, aquí para empezar hay partes especialmente apropiadas, y por otro lado el remake debe tener una sistematología, además de que tiene que declarar su condición de remake. Si sólo hay una inspiración, es evidentemente otra cosa muy distinta.

-¿No es su deber como escritor intentar superar la versión original borgiana?

-Evidentemente, no. Personalmente no he hecho este libro con la intención de mejorar a Borges, porque en sí mismo es perfecto. Me he limitado a coger cada cuento suyo y hacer un cuento paralelo, como un espejo distorsionado. Pero no conozco a nadie que haya hecho un remake con la pretensión de superar al original. No sólo en literatura, donde no es una práctica tan frecuente, sino en las artes plásticas, en el teatro... ¿Cuántas versiones de La vida es sueño se han hecho sin la idea de superar al original? Lo importante es lo que la obra te comunique.

-Hablando de artes plásticas, o visuales, a ratos creo que su obra está más cerca de éstas que de la misma literatura.

-Para mí las limitaciones entre géneros han desaparecido hace mucho tiempo. Ni me planteo eso. Sencillamente, expongo al mundo lo que me emociona. Hay cosas que son literatura pura, como la versión que hago de La rosa amarilla u otros cuentos, y luego hay cosas muy híbridas. Pero prometo que las divisiones ni me las planteo.

-En este libro muchos lectores han descubierto un punto humorístico que no estaba en sus libros anteriores, ¿a qué lo atribuye?

-Sí, es cierto que aquí sale más. La inteligencia pura y sus productos son para mí muy humorísticos, me producen cierta carcajada interna. Borges jugaba bastante con el absurdo, y creo que tenía un lado cómico muy interesante.

-Michel Foucault escribió Las palabras y las cosas a raíz de la risa que le produjo leer a Borges...

-Así es, eso fue después de leer El idioma analítico de John Wilkins.

-¿Qué hay de desacralización en ese costado cómico?

-No, no es un intento de desacralizar a Borges. Te aseguro que nunca hago nada con una intención. Es lo que sale, pero no hay intención: lo pienso y lo pongo por escrito tranquilamente, hago mi estética con eso. Pero, de alguna manera, sí que se desacraliza aquello que no debería estar sacralizado. Yo he hecho este libro con mucho respeto, pero sin ningún miedo: el miedo te paraliza, es la trampa del poder. Lo empecé, además, con mucha ingenuidad, como un juego en el que estás investigando y descubriendo cosas.

-¿Qué tiene de frivolidad o de kitsch versionar el Poema de los dones con la letra de la canción de los Lacasitos?

-Fue lo primero que se me ocurrió, y es suficiente justificación para hacerlo. No necesito más. Además, hay una musiquilla en ese texto que tiene mucho que ver con aquella sintonía. Y en ese poema sobre la ceguera yo veía al Borges niño, veía conexiones con una canción infantil, pueril. El kitsch está ahí, me interesa. ¡Pero no vayas a decir que el libro sólo tiene lo de los Lacasitos, hay más cosas!

-Y al llegar al texto Delia Elena San Marco, dice: "Éste me lo salto"...

-Empecé una cosa, pero no encontré el final. Me gustaba la idea, pero no acababa de satisfacerme. Prefiero saltármelo.

-¿Qué importancia da a la inserción de imágenes en su libro?

-Podría haber hecho un libro a lo Borges, hablando de espejos y laberintos, pero pensé que podía darle a los temas borgianos mi máscara: si él escribe sobre espejos, yo escribo sobre Google maps, que al fin y al cabo es el clon, el espejo de la superficie terrestre.

-¿Y las marcas?

-Creo que aportan algo. Si dices que un personaje tiene un i-phone, estás dando una composición social diferente de quien posee, por ejemplo, una blackberry. Es otro modelo sociológico, otro perfil. Que tenga una alfombra de Ikea en la puerta dice mucho. No veo por qué las marcas tienen que ser algo baladí. Por el contrario, son una extensión de la personalidad, cada vez más.

-¿Vive deslumbrado por la tecnología?

-Me interesa más la ciencia. La tecnología sale en mis libros porque es lo que nos rodea, como salen sillas y mesas, pero no hay una fascinación.

-El libro tendrá en breve una versión para i-pad, con vídeos especiales, enlaces a la red... Es evidente que la palabra impresa se le queda chica.

-Respecto a las posibilidades de trabajar con vídeos y enlaces, en España estamos aún en la prehistoria. Pero una cosa es el ordenador y otra el i-pad, ha sido impresionante. se trataba de investigar mi poética a partir del barro de la imagen. Lo bueno es que me permitía no salir de mi mesa de trabajo. Podría pedirle a otros que hicieran unos vídeos de puta madre, pero el hazlo tú mismo me interesa muchísimo.

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