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"No saldré vestida de novia de mi casa"

Algunos vecinos de la Macarena abandonaron sus viviendas voluntariamente por temor a que «pasara algo»

el 17 jun 2010 / 19:30 h.

Cuando toda España estaba con la mirada puesta en Sudáfrica para no perderse las peripecias de los chicos de Del Bosque, unos cientos de vecinos no les quitaban ojo a las grietas que habían aparecido en su salón y en los constantes crujidos que hacían imposible la siesta o concentrarse en los exámenes. "A las dos de la tarde se abrió un grieta en el salón y el edificio comenzó a crujir", relata Salvador Navea, que asegura que el tamaño de las fisuras era tal que "desde el salón veía la habitación de mi hija".

 

Después de todo, ésa era la grieta que menos le preocupaba porque "era en una pared que es de pladur". Lo que le preocupó son las que aparecieron "en las vigas que sujetan el edificio". Por eso, aunque los técnicos que inspeccionaron el número 1 de la calle Taf dijeron que no eran graves, él no se fiaba. "Por la noche decidimos preparar dos maletas pequeñas con cosas porque nos daba miedo y desde luego no íbamos a dormir en nuestra habitación, donde las grietas eran enormes".

Pero aunque Salvador fue previsor, lo que no pudo rescatar fueron todos los enseres que su hija guarda en su casa para su boda, que se celebrará el próximo 26 de junio en el Salvador. "Lo que ya tengo claro es que no voy a poder salir de novia de mi casa", lamenta Mari, visiblemente preocupada por cómo afectará todo esto "al día más importante de mi vida". A su lado, su padre la anima, porque "lo peor que puede pasar es que tengamos que comprar todo de nuevo. Ya verás que nos dejarán subir a recoger las cosas". Menos mal que su vestido "aún no me lo han dado, pero tengo arriba mis zapatos, los regalos y muchas cositas", recuerda ella, mientras su madre, Manuela Díaz, insistía en que con los nervios han perdido a su gata.

Mientras toda la familia intentaba tranquilizar a Mari, la que no tenía consuelo alguno era María Gutiérrez. A sus 70 años tuvo que dejar la que ha sido su casa durante más de 30 años sin otro cosa que "esta bata amarilla que me puse para salir a la calle". Ella llegó a estos pisos de la Renfe después de que enviudara a los 32 años y se pusiera a trabajar para la compañía. Ayer no paraba de llorar por su temor a quedarse sin casa y porque sus pájaros se habían quedado dentro. "Se van a morir", repite una y otra vez.

En el tercero del número 1 de la calle Taf vive en la actualidad con dos hijos y una nieta, que lo único que rescató cuando la dejaron entrar fueron sus libros y sus apuntes. "En la facultad estamos de exámenes y no sé cuánto puede durar esta situación", explica la joven. Los cuatro se fueron esa misma noche al Hotel Macarena, aunque casi no pudieron dormir al recordar el estado en el que dejaron el piso. "Una de las grietas se abrió delante de un bombero y conmigo al lado", recuerda Paco, uno de los hijos de María.

En lo que coincidían ayer todos los vecinos es en el miedo que pasaron. María del Socorro Vidal daba gracias porque no había víctimas mortales, ya que "podía haber ocurrido una desgracia". Ella, como todos, espera poder regresar pronto a casa para recoger sus pertenencias. "Estoy con lo puesto, no tengo nada más. Me gustaría poder llevarme algunas cosas. Toda mi vida está allí dentro", explica a la prensa que, desde primera hora de la mañana, se congregó en las calles adyacentes a Taf y Talgo.

El presidente de la asociación de vecinos, Bernabé García, lamenta que se hubiera llegado a este extremo, ya que ellos ya habían advertido en varias ocasiones. "Hay grietas en las que cabe un brazo y losetas levantadas en algunas viviendas". Por eso califica la situación como "bochornosa y vergonzosa tanto por parte de los partidos políticos como de los responsables de la empresa", de ahí que se planteen incluso emprender acciones legales. Su hija, Rocío García, que también pertenece a la asociación, explica que recibieron el miércoles muchas llamadas, por lo que llegaron a recomendar el desalojo voluntario.

Esto fue lo que hizo Enrique Hernández que junto con su mujer abandonó su casa "ante el temor de que sucediera algo". "Llegó un momento en que la puerta ni cerraba", indica.

La Hispalense habilita una oficina especial para atender a los vecinos

La Universidad de Sevilla asumió ayer todos los gastos que conlleva el desalojo de los vecinos afectados, a los que pidió “disculpas” por los daños que ha provocado la obra de la futura Escuela de Enfermería a sus viviendas. Tanto el rector, Joaquín Luque, como el vicerrector de Infraestructura, Antonio Ramírez de Arellano, se personaron en el lugar para conocer de primera mano lo ocurrido. Ramírez, después de reunirse con los vecinos, anunció que la Hispalense iba a disponer una oficina para atender a los vecinos, que entró en funcionamiento ayer por la tarde en el aula 1 de Enfermería. Además, dijo que los vecinos tienen consideración de “miembros de la comunidad universitaria”, por lo que pueden tener acceso a todas sus instalaciones. Podrán ir de forma gratuita a los comedores, se les darán medicinas y sus casas serán vigiladas.

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