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'No sé por qué bajé la escalera, sólo pensaba en salvar a mi nieto'

Sólo tres de los 11 heridos en el incendio tuvieron que ser trasladados al Virgen del Rocío. Rufina es una de ellos. Ayer recordaba el horror que vivió la madrugada del viernes intentando huir del fuego con su nieto en brazos. La madre del pequeño ha denunciado al pirómano.

el 16 sep 2009 / 05:55 h.

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Sólo tres de los 11 heridos en el incendio tuvieron que ser trasladados al Virgen del Rocío. Rufina es una de ellos. Ayer recordaba el horror que vivió la madrugada del viernes intentando huir del fuego con su nieto en brazos. La madre del pequeño ha denunciado al pirómano.

"No veía nada y sentía que me estaba quemando". Rufina Gil, de 60 años, es una de las pocas vecinas que tuvo que ser trasladadas al Virgen del Rocío por las heridas que presentaba tras el incendio. Ayer, ayudada por un bastón, recordaba los tensos y angustiosos momentos que vivió la madrugada del sábado intentando sacar del edificio a su nieto de cinco años.

"No sé por qué baje las escaleras, lo único que pensaba en ese momento era en salvar a mi nieto", repetía una y otra vez a los vecinos que se acercaban a preguntarle cómo se encuentra. Rufina tiene quemaduras en los dos brazos porque su "única obsesión era cubrir a mi niño para que él no se quemara, porque el calor era sofocante", y un esguince en el tobillo que se hizo al caerse varias veces por la escalera.

Su nieto quiso a quedarse a dormir con ella ese día y fue la hermana de Rufina, que había venido a pasar unos días de vacaciones desde Alemania, la que, tras la explosión, abrió la puerta de la casa y alertó del fuego. "Escuché a mi hermana decir 'fuego vámonos', y cogí a mi niño y al perro y me fui para abajo" desde el sexto, pero por el camino perdió primero a su hermana, a la que una vecina del quinto la metió en su casa. "Me la encontré al abrir la puerta y lo único que decía era mi hermana y el niño", asegura Pilar, la vecina que la rescató.

Rufina siguió por la escalera y se cayó varias veces, "me caí de culo y perdí las chanclas y a mi perro". A ciegas, porque "no se veía nada", siguió bajando mientras su nieto le decía "abuelita no puedo respirar", hasta que en el segundo un vecino la rescató. "Ya no podía más, estaba en el suelo y ya pensaba que me moría ahí asfixiada con mi niño". Pero notó que alguien tiraba de su brazo, "no sé ni quién fue, pero nos salvó la vida".

Su nieto, que sufre fibrosis quística, tuvo que ser atendido por inhalación de humo. "El pobre lo pasó muy mal y está tan nervioso que no puede ni dormir y casi ni come", explica Rufina. La madre del pequeño, Lidia Ligero Gil, fue ayer a la comisaría a denunciar a Rafael Peña "porque tiene que pagar por los daños que le ha hecho a mi madre y a mi hijo". Además, ella teme que el niño sufra consecuencias irreversibles por su enfermedad. "Tenemos que llevarle el jueves a hacerle más pruebas, pero se ha pasado toda la noche escupiendo negro de todo el humo y el tizne que tragó", como lo demuestra las manos aún ennegrecidas y llenas de ampollas de su abuela.

Al final, hasta el perro de Rufina logró salvarse del fuego, ya que al soltarse de su dueña volvió a coger escalera arriba huyendo del calor. En el hospital sólo permanece un hombre de 76 años, que también intentó bajar, y que tiene quemaduras en los brazos y en las piernas.

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