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No sólo de bazares vive el chino

Mientras muchos comercios tienen problemas, sus negocios no paran de crecer hasta por el Centro. La población china ha crecido hasta un 40% en tres años.

el 19 feb 2011 / 20:09 h.

Los establecimientos crecen en tamaño y en variedad de productos.

Una tienda china de ropa tomó el relevo de Siete Puertas, y otro local oriental se ha instalado en la calle Alcaicería, uno de telefonía en la mismísima Encarnación... A los chinos parece que no les afecta la crisis, antes al contrario, sus bazares afloran ya incluso por las zonas más nobles de Sevilla. Muchos comerciantes locales no pueden ni verlos e incluso les acusan de competencia desleal, de reventar el mercado con productos demasiado baratos y no precisamente de gran calidad. Pero el caso es que tienen un éxito innegable.

Así ocurre con el negocio de Susana, que se rebautizó así ante los problemas de clientela para decir su nombre. En el suyo se mezclan alimentación, frutería y bazar, pero "los chinos", como ellos mismos llaman a sus tiendas, están experimentando una tendencia: la diversificación. Ya no existen sólo los bazares o las tiendas de alimentación, también hay peluquerías, supermercados sólo de comestibles chinos, tiendas de ropa, de móviles y hasta despachos de abogados.

Ante este panorama, el debate sobre la legalidad, el cumplimiento de la ley y los horarios de estos negocios se han convertido en lugares comunes de la polémica. Desde la Confederación Empresarial de Comercio de Andalucía (CECA) se admite que "cumplen la normativa, pero no compiten en igualdad". Así lo cree el adjunto al secretario general, Jesús Reina, quien advierte de que los famosos bazares suelen coincidir en las irregularidades (no es visible el horario o que se puede pedir la hoja de reclamaciones, comparten espacio productos de alimentación y droguería...) pero también deja claro un mensaje: han sabido captar con lo que demanda el consumidor, "que sobre todo pide un precio bajo".

En Sevilla hay 2.421 ciudadanos chinos de los más de 37.000 extranjeros que viven en la ciudad, según el último padrón. La cifra ha crecido un 40% en los últimos tres años, pero se encuentra muy lejos de ciudades como Valencia (allí hay más de 4.000), por no hablar de Barcelona (unos 13.500) o Madrid, donde superan los 27.000. La mayoría proceden de Fujian y de Zhejiang, dos provincias que son focos tradicionales de emigración del sur de China. Empezaron a llegar a España en la década de los 80, aunque Sevilla fue y es para muchos una ciudad de paso.

La edad media con la que se incorporan a trabajar es 18 años. Si deciden venir, lo hacen normalmente porque tienen familiares en España. A cambio de comida y techo, pueden llegar a trabajar gratis para ellos hasta tres años. Entonces, llega el momento de montar su propio negocio.

En un libro publicado recientemente, La mafia china, su autor, Alejandro Riera, cuenta que en lugar de pedir un préstamo a un banco, recurren a lo que él llama "sociedades negras", formadas por chinos que ya residen en España y que les prestan dinero para emprender el negocio. Así lo confirma Guanming, de 46 años, que vive en Sevilla desde 1989 y que cuenta, en su particular español de verbos en infinitivo, que sus compatriotas les ceden el dinero que necesitan mediante un contrato de palabra, sin papeles firmados de por medio. "Español nunca hace eso. Español tiene mitad, el banco dar otra mitad. Chino pide a su familia. Después, si tiene dinero, vuelve a abrir tienda", explica.

Su capacidad de adaptación no la niega nadie, ni la propia CECA, que alerta de un "cambio de tendencia". "Antes todo era pequeño, con un precio bajo y mala calidad"; ahora se están especializando y, aunque se mantiene lo que Reina define como "tiranía del precio", lo cierto es que se están adaptando bien a los nuevos tiempos. El comercio español tiene que mejorar en especialización, servicio y adaptación a las nuevas tecnologías para enfrentarse a un comercio oriental que es "muy agresivo, pero también muy competitivo". Eso sí, considera que empobrecen la calidad del comercio en los barrios en los que se implantan, y últimamente lo están haciendo mucho en el mismísimo Centro...

Ellos, que no tienen una asociación que los represente en Sevilla y se relacionan en círculos familiares, aseguran que sólo quieren trabajar. "Felipe González dice: «Para salir de crisis, tiene que trabajar como chino»", cuenta Guanming entre risas. Y da la ecuación de su éxito: trabajar mucho y no gastar. En la práctica, que con un sobre de tallarines para comer, dice, es suficiente.

El español se ofrece como socio

Manuel Guzmán nunca pensó que no entendería a sus clientes, que su despacho sería un lugar de reunión y que las conversaciones con su socio se parecerían a las de los indios en las películas, hablando con infinitivos. En fin, que este abogado sevillano de 55 años jamás imaginó que acabaría asociándose con un chino. Y más aún, que la pareja funcionaría.

Manuel llevaba ya muchos años de profesión cuando comenzó a percibir un aumento de clientes chinos en su despacho. Los orientales le iban recomendando en sus círculos cerrados hasta que se topó con Guanming, o Kuman, como lo llama él y todo el que entra en el bufete de Marqués de Pickman, sin que él mismo sea capaz de explicar por qué. El negocio echó a andar en marzo y, aunque aún no han obtenido beneficios, Manuel confía en que lleguen pronto. Lo de su socio es más complicado: "Yo seis meses trabajando gratis", afirma. El sevillano lo justifica: "Para ellos sólo existe el blanco o el negro, el gris les cuesta trabajo".

Guanming tiene 46 años y llegó a España hace 21. Muchos compatriotas que lo hicieron más tarde acudían a él para que les resolviera problemas legales, normalmente de contratos de alquiler o de puesta en marcha de negocios. En el dúo que forma con Manuel queda claro lo que aporta cada uno: el chino, el idioma y el atraer a la clientela; el sevillano, los conocimientos legales.

Manuel define a Guanming como "noble" y "muy gracioso". Destaca su altruismo ayudando a los chinos cuando tienen alguna dificultad económica o legal, aunque admite su enconada cerrazón a la hora, por ejemplo, de integrarse en las asociaciones de empresarios locales: "Son muy independientes y muy suyos". Pero este abogado se ha erigido como fuerte defensor de los orientales: "No son chinos, son personas. Hay que entenderlos y conocerlos".

 

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