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No vale hacerse el sueco

Desde el medievo hasta hace poco la vida de los pueblos se regía por las mismas fiestas de guardar y los toques de campana: el de alba indicaba la hora en la que se salía a trabajar y el de angelus la parada del almuerzo; con el de vísperas se anunciaban las tareas vespertinas y por el de oración volvía a casa...

el 15 sep 2009 / 11:32 h.

Desde el medievo hasta hace poco la vida de los pueblos se regía por las mismas fiestas de guardar y los toques de campana: el de alba indicaba la hora en la que se salía a trabajar y el de angelus la parada del almuerzo; con el de vísperas se anunciaban las tareas vespertinas y por el de oración volvía a casa todo el mundo para que el de ánimas cogiera ya casi al borde de la cama.

Si la buena aceituna sevillana era la de los olivares en los que se oían las campanas de la Giralda, eso quiere decir que su sonido llegaba hasta la Venta de la Liebre, el Judío, Don Rodrigo y Santiponce y, por tanto, todo el mundo tenía el mismo horario.

Los olivos desaparecieron para hacer sitio a parques industriales y urbanizaciones y, en lugar de la Iglesia o los señores, los alcaldes de las poblaciones dispusieron por su cuenta qué días eran de fiesta y donde se construirían viviendas o abrirían sus puertas grandes almacenes.

Con esas premisas a los nuevos vecinos esas fechas les importarían un rábano y las empresas podrían tener por patronos a Thor y Odín, pero ¿qué importaba?, dirían: el tren de Río Tinto funcionaba siempre menos en el cumpleaños de la reina de Inglaterra y ahí está, haciendo negocio.

Pero sí importaba porque así se llegó a la pescadilla kilométrica del lunes, con miles de coches atrapados, millones de litros de gasolina gastados en balde, toneladas de CO2 yendo a la atmósfera y cabreo generalizado.

La Gran Sevilla es sólo una sección de este periódico. No se trata de volver a los toques de campana y a la prohibición gubernativa de trabajar en festivo pero, cuando existen tantos órganos y organillos, bien podría crearse algo que fuera poniendo orden, lo que sea. Lo que no vale ante la situación actual es hacerse el sueco.

Antonio Zoido es escritor e historiador.

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