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Noches al fresco mediterráneo del Alamillo

Muchos sevillanos se acercan al parque con la cena para escapar del calor de la ciudad.

el 22 ago 2012 / 20:03 h.

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Una familia disfruta del parque del Alamillo acompañados de las bicicletas y los bocadillos.

Cuando la noche cae y el calor encoge las paredes de los hogares, los sevillanos preparan la cena y los bártulos de la playa para pasar una noche a la fresca en el parque del Alamillo. Las zonas ajardinadas de este paisaje mediterráneo construido durante la Expo 92 son un lugar idóneo para alejarse del bullicio de la ciudad y relajarse durante la semana hasta las dos de la madrugada.

Muchas familias aprovechan las últimas horas de la tarde para hacer un poco de ejercicio con la bicicleta y cenar en el entorno del parque. La familia de Manuel Cantos lleva muchos años yendo para desconectar un poco durante los días del calor. Aunque esté muy cerca de la ciudad, el silencio que ofrece el parque les permite relajarse “lejos de los 50 grados del asfalto sevillano”. Un calor que, según las predicciones de Meteorología, descenderá los próximos días, cuando las máximas sean cercanas a los 35 grados y las mínimas no superen los 20.

Los grupos de jóvenes y familias cargados con la fiambrera, la nevera y las sillas de la playa ocupan las zonas verdes porque es una de las opciones “más baratas que ofrece la ciudad para la reunión”, asegura Joaquín Cerrejón. Este joven y sus amigos aprovechan el entorno más cercano para huir del calor puesto que no pueden irse de vacaciones. Los niños son los que más disfrutan del parque por la noche por aquello de no tener que irse pronto a la cama. El agua y la posibilidad de correr sin peligro de que venga un coche hace del Alamillo un lugar perfecto para los juegos. Las pequeñas de Charo Fernández aprovecharon la calurosa noche de ayer para jugar con los globos de agua, y de paso mojar a su madre. Según Fernández, el parque es “ideal para cansarlos, mientras se divierten al aire libre”, a la vez que los padres disfrutan de la cena en tertulia. Los jardines son un bosque encantado para que los niños dejen volar su imaginación el día de su cumpleaños. Con un hilo de bombillas, el vigilante del parque alumbra las mesas y sillas para que los padres celebren por poco dinero el día de los pequeños homenajeados.

El paisaje mediterráneo también acoge un sinfín de ofertas culturales y de bienestar. A pocos metros de la puerta de Sevilla –entrada principal–, sobre las 22.30 horas se asienta un grupo de mujeres guitarra y partituras en mano para ensayar. Se trata de la Comparsa femenina de Sevilla, que en verano acuden los martes y jueves, desde hace cuatro años, al fresco del parque para preparar su próxima actuación y deleitar a los curiosos con sus letras.

El yoga también inunda el césped todos los miércoles con Zen Alamillo. Tomás Rosa y su esposa son integrantes de este grupo que aprovecha el entorno natural para llenarse de energía. Pero el uso no pasa indemne por el césped. Las pisadas de la gente y el tiempo han provocado que las zonas verdes estén un poco estropeadas. Los componentes del grupo Zen Alamillo han reclamado que rieguen días antes de utilizarlo para que sea más fácil hacer sus ejercicios. Sin embargo, cuando llegan se encuentran el césped “empapado”. Además, la oscuridad, sobre todo en la parte central, impide percibir las posibilidades del parque y su gente.

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