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Normalidad

Llegaron el lunes a Sevilla para retomar esa vida cotidiana a la que se ha incorporado la gripe A, Cristiano Ronaldo en la sopa y las pretendidas escuchas telefónicas del Partido Popular. La consigna es decirle a los vecinos que en agosto anduvieron de turismo rural, que es como los posmodernos llaman a irse al pueblo, parar en casa de la suegra y aguantar a ese cuñado...

el 16 sep 2009 / 08:05 h.

Llegaron el lunes a Sevilla para retomar esa vida cotidiana a la que se ha incorporado la gripe A, Cristiano Ronaldo en la sopa y las pretendidas escuchas telefónicas del Partido Popular. La consigna es decirle a los vecinos que en agosto anduvieron de turismo rural, que es como los posmodernos llaman a irse al pueblo, parar en casa de la suegra y aguantar a ese cuñado fanfarrón que parece un tertuliano de Intereconomía, lo sabe todo de "buena tinta", está absolutamente seguro de cosas que no puede estarlo y llena la cabeza de cualquiera con consejos de todo tipo, sin ocurrírsele ninguna para los autónomos que desde tiempo atrás tienen el balance en pérdidas y siguen sin prestaciones para su condición de parados. Encontró la de jubilarse y anduvo más rápido que Marta Domínguez en pedir un informe a la Seguridad Social, sin valorar que las administraciones no suelen tener las prisas de quienes actúan por necesidades extremas.

El cuñado listo de la familia le advirtió que la única solución contra la normalidad es educar la paciencia y practicar la sonrisa irónica ante las mentiras con las que se tropiece cada día. Por una vez, le da la razón. Las mentiras se han integrado en la cotidianeidad de tal manera que el que miente lo hace con plena conciencia y complacencia, con regusto en la que acaba de expectorar, sin importarle la intranquilidad o el desconcierto social si sirve para tapar, ocultar o esconder probables corrupciones.

No son éstas las que preocupan al Partido Popular, sino las fuentes de su publicidad, como si el verdadero delito no fuera meter la mano en la caja ajena. Esa técnica de la tinta del calamar, que no es exclusivamente suya, es la que lleva a la gente a pensar que todo el monte es orégano, que es tan de la normalidad como el desconocimiento del concepto servicio público entre los obligados a ejecutarlo. De muestra un botón. El martes, a las trece horas, el conductor del autobús 131 de la línea 27, ofendió su dignidad cuando iba a tomarlo para ir a la Seguridad Social, y quizás sirvió para que reparase en que ya está de nuevo en la normalidad, que es la que padece la ciudadanía.

Periodista

daditrevi@hotmail.com

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