Cofradías

"Nos acostumbraremos a ver los pasos en las setas"

Las setas de la Encarnación recibirán hoy su bautizo cofrade. La primera cofradía en pasar bajo el arco de madera será La Cena y su fiscal de cruz de guía, el primer nazareno. La Hiniesta saldrá a la calle por primera vez sin Rafael Ariza.

el 16 abr 2011 / 18:10 h.

José María Millán Simo. Fiscal de cruz de guía de La Cena
"Nos acostumbraremos a ver los pasos en las setas"

"Vete para allá y me haces una foto, le dije a un amigo, cuando yo mismo me di cuenta de que sería el primer nazareno que pasaría por abajo de las famosas setas de la Encarnación", manifiesta José María Millán Simo, fiscal de cruz de guía de la Hermandad de la Cena. Y es que irá al frente de la primera cofradía que pase por la emblemática plaza, después de cinco años en obras.

De 55 años y médico de profesión, pertenece a esta corporación desde hace más de tres décadas. Fue costalero durante décadas, manigueta, fiscal de paso, prioste, y desde hace más de 10 años conduce a la cofradía por las calles de Sevilla en la estación de penitencia. "Me encantan las setas, pero creo que no es el mejor sitio para ubicarlas, quizá en Sevilla Este luzcan más", asegura al tiempo que reconoce que la corporación "ni siquiera planteó en el cabildo cambiar el recorrido". Pese a que personalmente confiesa que "si pudiera pasar por otro sitio lo haría", es realista: "Tenemos pocas opciones porque nuestros pasos son muy grandes".

Sin embargo, se muestra muy tranquilo porque no cree que el proyecto Metropol Parasol en el que se transformó la plaza acapare la atención. "La gente de Sevilla ve las cofradías siempre desde el mismo sitio y con respeto, y además, algunos de los ultras -por los más apasionados de la Semana Santa- evitarán ir por allí". En tono jocoso, comenta que ahora es una novedad, pero la gente se tendrá que ir acostumbrando. "Supongo que pasaría lo mismo con la Catedral de Sevilla, un edificio gótico, al que se le construyó justo a lado el Archivo de Indias, que parece un bloque de casas, pero la gente ya está acostumbrada", ejemplifica. Es más, es de la opinión de que "esta ciudad está llena de horrores arquitectónicos, como el Colegio de Arquitectos o la calle Imagen". Por todo ello, espera que "no haya bulla, y se pueda hacer una estación de penitencia tranquila, aunque haya muchos fotógrafos y medios de comunicación", ya que será la imagen más buscada este año. Pero él la califica de "anécdota".

Por último, destaca que "a la Semana Santa no le hacen falta las setas, porque tiene ya suficiente entidad para atraer a la gente". Sin embargo, "a las setas, sí les puede hacer falta la Semana Santa para darse a conocer".


Rafael Ariza Moreno. Capataz del palio de La Hiniesta
"Nuetro padre nos fue dando el relevo en vida"

"Él disfrutaba viendo cómo los hijos llevábamos el paso, pero este año el relevo es obligado", relata con la voz quebrada Rafael Ariza Moreno, capataz de la Hermandad de la Hiniesta, que por primera vez en su vida sacará un paso a la calle sin su padre, Rafael Ariza Sánchez, con el que compartió el nombre y, durante más de tres décadas, también los martillos de esta cofradía, la Soledad de San Lorenzo y La O, entre otras muchas.

Su padre fue la cabeza visible, junto con su hermano menor, Pepe Ariza, de la tercera generación de una de las sagas de capataces con más tradición de la ciudad. Los hijos y sobrinos integran la cuarta generación de la familia, y ven cómo "los nietos tienen la misma ilusión". Su padre disfrutó viéndolos vestidos de capataces mientras golpeaban el martillo del palio de La O, y según él, "la saga está garantizada". También resalta, por encima de todo, que, "como padre fue excepcional y se sacrificó al máximo", y como capataz les inculcó "lo que aprendió de su padre y de su abuelo".

Para la familia, y en especial para este hijo, la Semana Santa del año pasado fue muy especial. "Él se estaba dando cuenta de que era su último año, y al final de recorrido vio venir a la Virgen de la O de forma magistral, se acerco a mí, me dio un beso, y me dijo con cara de satisfacción: ‘al final lo hemos conseguido'", narra. Notablemente emocionado, recuerda los últimos momentos de su padre como capataz.

"La primera levantá en el ensayo fue muy dura, imagínate cómo será la del Domingo de Ramos", apunta este hombre, que lleva aprendiendo el arte de mandar un paso desde los 7 años junto a su padre. Con 41, toma el relevo obligado y con la ilusión de "lucir las cofradías en las calles de Sevilla, y que los pasos vayan como a él le gustaban, porque será el mejor homenaje que podemos hacerle".

Su padre era casi un mito para los más jóvenes. "Tenía una gran capacidad de mando y se ganaba a los costaleros desde el respeto y el cariño", rememora su sucesor, quien remarca también que "hacía lo difícil, fácil".

De todas maneras, su hijo nunca olvidará un consejo que le dio: "A cada paso hay que darle la forma de andar que representa la idiosincracia de la hermandad. Y que fuera aliviada para el costalero".


José Delgado Pérez Cerezal. Camarero de honor de San Roque
"El título se lo merece más mi mujer que yo"

Una vida dedicada a la Semana Santa hace que José Delgado Pérez-Cerezal, más conocido como Petete Cerezal, haya recibido numerosos homenajes en los últimos años. Tras medio siglo dedicado por completo al señor de San Roque, vistiéndolo cada Domingo de Ramos para que se pasee por la calles de Sevilla, la cofradía lo nombra ahora camarero de honor por aclamación.

Petete Cerezal agradece "el cariño recibido durante todos estos años, y el nombramiento". Sin embargo, asegura que el título lo merece más su mujer. "Ella lavaba la ropa, y lo hacía con mucho cariño porque le gustaba. Desgraciadamente se fue hace cuatro años. Siempre estaba pendiente de mí, y aguantaba despierta todas las noches hasta que llegara de la parroquia. Tuvo mucha paciencia", cuenta.

El hermano mayor, Antonio Barrero, lo llamó una noche, y le dijo que tenía que comunicarle una cosa. Él pensó lo peor, ya que unos amigos andaban mal de salud. Pero cuál no fue su sorpresa cuando le comunicó que "en cabildo y por aclamación" le habían nombrado camarero honorario. "Me quedé muerto, aunque lleno de satisfacción", recuerda.

No quiso mucho folclore en su homenaje porque sabía que iba a pasar un mal rato y no le gusta hablar en público. "Vamos, que voy a formar un numerito el último día", se lamentó. También se emocionó al pensar que iba a vestir por última vez al señor. Nunca olvidará "el equipo humano" que tantos años le acompañó.

El camarero de honor tiene una forma muy particular de ver la Semana Santa. Es más, admite: "Disfrutaba más quitándoles la ropa que vistiéndolos, ya que si los desvestía significaba que no había llovido. Me daba igual salir el Domingo de Ramos porque yo disfrutaba todo el año". Para agregar a continuación: "Me he llevado muchos años dándome el gusto de tirar del cerrojo del portón, y siempre dije que no se salía cuando llovía".

En el recuerdo, su tío Pepe, del que dice que "fue un padre" y se lo dio todo. Él le enseñó un oficio, el de sastre, del que su hija es la quinta generación, que con su vuelo característico, han vestido a cristos de Sevilla y hasta de Buenos Aires. "Una túnica bordada no puede tener vuelo, porque parece una ropa de camilla", bromea el de San Roque.


Antonio Martín Mengíbar. Hermano y representación de Pasión y Muerte"Me ofrecí el primero para ir en la representación"

Antonio Martín Mengíbar, de 16 años, fue el primero en ofrecerse para formar parte de la representación de la hermandad de Pasión y Muerte en la Estrella. Es hermano de las dos cofradías y ya tenía la experiencia de salir como nazareno el Domingo de Ramos, pero le hace especial ilusión poder vestir la túnica de ruan negro ante su Virgen de la Estrella.

"Vino la junta diciendo que la Estrella había hecho la propuesta y yo fui el primero en decir que quería salir. Claro que todos me decían: ‘Antoñito, tú sabrás lo que haces". Pero a Antoñito, hijo del hermano mayor de Pasión y Muerte, Antonio Martín, no le asusta tener que hacer un recorrido tan largo y llevarse tantas horas en la calle vestido de nazareno: "No tengo problemas con el cansancio porque voy a todos lados andando, además de que me gusta y una cosa que me gusta nunca me va a cansar".

No obstante, Antonio ya tiene la experiencia de acompañar a la Virgen de la Estrella en su estación de penitencia. Lleva tres años de hermano y ha salido como nazareno del segundo tramo. Así que este año tendrá una nueva ventaja: "La representación irá delante del palio, en el mejor sitio".

El único inconveniente que podría encontrar en esta ocasión es que Antonio no tenía la túnica de Pasión y Muerte, pues, aunque acompañó a su Cristo el Viernes de Dolores en su estación de penitencia hasta Santa Ana, lo hizo como pertiguero. También es hermano del Gran Poder, pero la junta ha establecido que este año todos los hermanos tenían que estrenar túnica y no podían reutilizar la de otras hermandades, por más que se parezcan, para mantener la uniformidad del color.

Así que su madre, María José Mengíbar, que ha ayudando a Pablo Retamero a tomar las medidas de todos los hermanos, cogió el metro y encargó la túnica que Antonio estrenará hoy. "Todavía mejor, porque me da la oportunidad de hacer las dos cosas: he salido de pertiguero y hoy visto la túnica".

Como en la fotografía de arriba, esta tarde Antonio llevará las dos medallas. "La de la Estrella, por dentro. Y la de Pasión y Muerte, sobre la túnica, bajo el antifaz, como mandan las reglas". Aunque Antonio podría llevar también la de los Javieres, el Buen Fin y el Gran Poder.

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