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"Nos fuimos por necesidad, allí se podía vivir y ganar dinero"

el 19 nov 2009 / 21:23 h.

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Julia (80 años)y su marido Enrique (77) cobraban, hasta la llegada del euro, una pensión en pesetas y otra en marcos. Ese dinero, y algunas palabras en alemán, es lo que les queda hoy de su experiencia en Alemania, a donde emigró primero él en 1962 y luego ella, en 1969, dejando atrás a sus tres hijos -"Lo peor que hice", lamenta aún Julia-.

De hecho, Enrique conoció a su hija pequeña con seis meses, porque nació un mes después de que él se marchara por primera vez "con contrato en origen y tras un reconocimiento médico" para trabajar en la construcción. Un largo viaje en tren para un joven de El Viso del Alcor desde Sevilla a Dusseldorf en busca de un empleo que se resistía.

Seis años después, cuando Enrique había cambiado el ladrillo por las calderas de carbón de las locomotoras germanas, Julia cogió otro tren vía Barcelona y de allí a Dusseldorf para acompañarle dos años más y trabajar como limpiadora de la Cruz Roja primero y luego en una fábrica de alicates. "Cuando llegué a la estación Enrique no me estaba esperando y le enseñé el papel con la dirección donde paraba al taxista, yo sin saber nada de alemán, el taxista me preguntó si tenía money, le dije que sí y me llevó", rememora.

Juntos estuvieron dos años más hasta que decidieron regresar a una España en la que a Enrique aún le costó encontrar trabajo de nuevo. "Ahorramos poco porque mandábamos dinero para la familia", reconoce Julia. Pero su partida "fue una necesidad porque allí se vivía mejor que aquí durmiendo, comías, podías comprarte unos zapatos y mandar dinero" reconoce.

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