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"Nos han arrancado un brazo a todos los sevillanos"

Emoción contenida entre los sevillanos que acuden a primera hora de la mañana a la Basílica del Gran Poder. 

el 21 jun 2010 / 07:20 h.

Del reguero de fieles que todas las mañanas acuden a partir de las ocho a la Basílica del Gran Poder salían ayer algunos con los rostros compungidos y hasta sollozando después de que la noche del domingo un perturbado atacara al Señor de Sevilla y le arrancara un brazo. Carmen Lara, vecina del barrio, dijo sentirse sin brazos: "Nos han arrancado uno a todos los sevillanos". Carmen estuvo en la fatídica misa del domingo a las 20.30 horas, pero no pudo ver nada porque ya había abandonado el templo. Ayer se lamentaba entre sollozos: "Y eso que yo pensaba que se exageraba cuando aumentaron las medidas de seguridad e incluso le pusieron un cristal antibalas". Ahora una cruz ocupa el lugar en la basílica del Gran Poder.

La condena a este acto fue unánime por parte de todas las autoridades, desde políticas hasta eclesiásticas. El Consejo de Hermandades calificó la agresión de "execrable atentado" que "hiere en lo más profundo de sus sentimientos religiosos al mundo católico y a tantos hermanos y devotos del Señor de Sevilla". El arzobispo Juan José Asenjo condenó también los hechos y ofreció su "cercanía y solidaridad paternal" al hermano mayor del Gran Poder, Enrique Esquivias, que hizo extensiva a "todos los hermanos y a Sevilla".

El alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, se expresó en el mismo sentido y dijo que este hecho "no tiene ningún sentido", si bien pidió "esperar a la investigación para ver cuáles han sido las circunstancias".

El portavoz del PP, Juan Ignacio Zoido, lamentó, desde sus "más hondas creencias y devociones religiosas" el ataque. "Es un día triste para todos los sevillanos porque ha sido atacada y profanada una de las principales devociones de la ciudad y uno de sus principales símbolos, independientemente de las creencias religiosas de cada uno".

"Es un perturbado". Josefa Sevillano se enteró por la televisión y con más preocupación que nunca acudió esta vez a su visita de todos los lunes a la Basílica. María Jesús Rivero explicaba nada más abrirse las puertas del templo que su prima octogenaria había llegado a casa once horas antes "llorando, temblona" tras haber presenciado el ataque del presunto desequilibrado a la talla.

Otra devota, Lola, aseguró haber oído gritar al agresor: "¡Yo soy el Mesías!". Y siente "pena" por ese "perturbado", que lo mismo que la emprendió con la talla se podía haber "pegado un chocazo contra un árbol". Tanto esta mujer madura como sus nueve hermanos están vinculados literalmente y desde el nacimiento con esta talla en la que tan "magistralmente" Juan de Mesa expresa el "amor".

Francisco Valenzuela, que lleva 20 años de visitas al Gran Poder y muestra con orgullo su llavero del Señor de Sevilla, aseguró: "La única imagen que me merece respeto, la que me hace llevaderos estos 20 años de enfermedad crónica de mi mujer. Sólo aguanto por Él".

Menos informada, Cati García, que acude todas las mañanas a rendir respeto al Gran Poder en la Plaza de San Lorenzo, se extrañó de no verlo en su lugar de siempre. En cuanto preguntó a uno de los ancianos, se quedó de piedra. "Me dio una sensación muy grande de no verlo ahí. Se me ha cortado el cuerpo. No lo esperaba".

José Vicente García, otro devoto del Gran Poder, exponía minutos después que este suceso deja de manifiesto "lo vulnerables que somos: nunca había pasado nada igual en 400 años".

A la salida de la basílica, Juan Antonio Bertoméu no se explicaba cómo los daños se limitan a un brazo de la talla: "Podían haber sido mucho más graves". Asimismo, se quejó de que a los perturbados "siempre les dé por atacar a la Iglesia Católica".

Menos negro lo ve Cristóbal Calvo: "Esto sólo es un capítulo más de la historia del Gran Poder, un capítulo del que se recuperará". Previsiblemente, el viernes de esta misma semana el altar de la Basílica volverá a estar ocupado por Jesús del Gran Poder, que permanece en las dependencias del templo, mutilado y oculto a los curiosos, a la espera de una restauración que se efectuará en el propio templo.

Durante toda la mañana, el hilo de vecinos y devotos fue constante, todos salían del templo con la cara demudada, algunos mascullando que lo que ha ocurrido ha sido un "sacrilegio", otros poniendo el acento en el valor histórico-artístico de la talla, del siglo XVII, barroca y de valor incalculable, más allá de la profunda devoción que sienten por la imagen muchísimos sevillanos.


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