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Nostálgicos de la crispación

No sé si se podría haber dicho más alto, pero desde luego no más claro: 'En el PP hay algunos cobardes anónimos que reman en contra'. Este titular aparecía como toda una sentencia en la primera página de El País, el último domingo, y su autora era nada menos que la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal...

el 15 sep 2009 / 18:13 h.

No sé si se podría haber dicho más alto, pero desde luego no más claro: 'En el PP hay algunos cobardes anónimos que reman en contra'. Este titular aparecía como toda una sentencia en la primera página de El País, el último domingo, y su autora era nada menos que la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, la gran baza de Mariano Rajoy en su renovado equipo tras el Congreso de Valencia.

Desde entonces, y con intensidad creciente, el Partido Popular se ve asediado por un ruido de fondo, se diría un ruido cavernario, que intenta desestabilizar a su presidente y hacer feroces críticas de los segundos niveles dirigidos por la señora Cospedal. Estos nostálgicos de la crispación no tardaron ni una semana en dar comienzo a la balacera de acoso desde los medios de comunicación dispuestos a fusilar con la palabra cada amanecer a quien ose apartarse de la línea política que ellos pretenden imponer.

Resultaría apresurado diagnosticar que el PP de Rajoy vencerá finalmente y que esos críticos que no dan la cara están condenados al fracaso. Demasiado fácil. En el seno del electorado del Partido Popular conviven sectores muy diversos, desde los más acérrimos de la derecha severa a los centristas, moderados y tolerantes, pasando por una difuminada gama de ciudadanos que sin estar en ninguna de las puntas de ese abanico tienen

su voto decidido en toda circunstancia.

Ese amplio espectro de posiciones, con acusados matices diferenciadores pero convergentes a la hora de votar, es lo que viene permitiendo que el PP se sitúe por encima de los diez millones de sufragios, que sea el único partido que puede tutear al PSOE y que, por tanto, sea una alternativa real de gobierno. En España no existe un partido conservador estructurado en torno a un ideario compartido sin reservas por todos sus militantes, sino un gran lecho fluvial al que afluyen numerosas corrientes.

Las declaraciones de Cospedal, valientes sin duda, encierran el laberinto electoral en la que se sitúa el PP cada vez que se convocan elecciones generales. No se puede prescindir de nadie, porque todos los votos suman, y una vez dentro de la urna no hay diferencias entre críticos u oficialistas.

De ahí que la entrevista con la secretaria general de los populares nos parezca de perlas -¡así se habla, señora!-, pero deberá acompañarse de una estrategia para reconducir todas las posiciones divergentes evitando que engrosen la abstención.

El partido centrado y la derecha moderna que encarnan Rajoy y Cospedal constituyen una auténtica necesidad nacional. No se conoce otra fórmula para que el Partido Popular llegue a la Moncloa que encauzar el entero voto de sus potenciales partidarios, seguidores y simpatizantes en una sola opción y en apoyo de una sola candidatura.

Que vengan, si no, los expertos y estudiosos a explicarnos de qué otra manera puede llegar a gobernar un partido que hoy por hoy necesita por sí mismo alcanzar o rozar la mayoría absoluta en las Cortes.

Periodista

gimenezaleman@gmail.com

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