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«Nuestro beneficio está en la calle por culpa de los impagados»

El dueño de Bolsos Rivero apuesta por la internacionalización y por la calidad en un momento en el que los negocios chinos están en pleno auge. Esta circunstancia, unida a la crisis actual, dificulta la actividad, aunque espera salir airoso de este trance

el 10 jul 2010 / 18:47 h.

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Rafael Rivero y Manuel Rivero, los dos hermanos que están al frente de la empresa sevillana Bolsos Rivero.

-Su empresa lleva más de 35 años de negocio en el sector de los bolsos. ¿Cómo arranca con esta actividad en Sevilla?

-Todo empezó con el puesto de pipas que tenía mi padre. En él, montaba las boquillas de pequeños monederos, y era el más rápido en hacerlo. Un hombre entonces le propuso montar una empresa de bolsos, siempre que mi padre se hiciera cargo del negocio y él del capital, y lo aceptó. Se hicieron muy famosos los artículos de su marca, Parypé, y logró hacerse con el primer lugar en el mercado. Más tarde, mi padre decidió separarse del inversor e ir por su cuenta, y los primeros momentos fueron muy difíciles. Algunos distribuidores le cerraron las puertas, pero poco a poco fue abriéndose un hueco. Montó su propia empresa en 1973. Arrancó con un pequeño taller y después pasó a un local más grande en la calle Fray Isidoro. Creó un pequeño imperio del mundo del bolso. Los primeros años trabajaba con feriantes, aunque después abrimos el negocio a las tiendas. Hace 20 años que estamos en el Polígono Store.

-¿Cómo se ha adaptado a los nuevos tiempos?

-Hemos vivido muchas crisis. En 1991 se produjo la liberalización del mercado y la entrada de las importaciones. Nos hizo mucho daño. Para adaptarnos a las circunstancias, intentamos meter productos chinos y hacer alguna colección con ellos, pero nos salió mal. En cualquier caso, conseguimos resistir hasta 2005.

-¿Qué pasó entonces?

-Éramos los primeros fabricantes y únicos en Sevilla. Había 15 empleados y trabajábamos con talleres en la calle que nos llevaban la costura. Pero ese año no tuvimos más remedio que darle un giro a la empresa. Así, decidimos seguir haciendo diseños propios, pero buscando un coste más económico con la producción en China. Intentamos incorporar como comerciales a los trabajadores de nuestra plantilla, aunque la mayoría dijo que no porque se había dedicado a otras labores. Tuvimos que reconvertir la empresa. Fue el momento de salida de unos empleados y la entrada de otros.

-¿Sólo han externalizado su producción a China?

-El diseño sigue realizándose aquí. La producción, sobre todo en China, pero también en otros países como Filipinas, la India y ahora tenemos puestas las miras en Vietnam. Pero eso no ha empeorado la calidad, al contrario.

-Precisamente los negocios chinos son máxima competencia de empresas como la suya...

-El sector ha sufrido mucho y lo sigue haciendo. Los negocios chinos tienen ventajas muy grandes. Los fabricantes en ese país tienen unos impuestos muy altos sobre los beneficios, así que lo que hacen es que mandan aquí los productos marcando una facturación más baja. Por ejemplo, si les cuesta 10, pues lo mandan por 2 y aquí lo venden a 15. Es decir, consiguen beneficios en España, donde tienen exención en los impuestos y allí dan pérdidas, por lo que no pagan tributos por ninguno de los dos lados. Aún no han entrado a competir mucho por el diseño, y eso aún se nota.

-¿Cuál es su estrategia ante esta situación?

-Estamos apostando por el diseño precisamente para entrar en nuevos mercados. Ya estamos en Portugal, y queremos aterrizar en otros países europeos como Francia e Italia. Además, hemos creado una nueva marca, Verso, de bolsos de piel. Es una gama con un diseño bastante alto y un coste muy bueno. Nos ayuda a entrar en los países que no quieren productos sintéticos -porque ya lo tienen a través de los chinos-.

-¿Tiene miedo de que su negocio se merme por la proliferación de establecimientos regentados por chinos?

-Parece que los gobernantes no salen a la calle para ver cómo funcionan las cosas antes de hacer las leyes. Hacen pactos a gran nivel y no se dan cuenta de que estamos dando más a China de lo que ellos nos dan a nosotros, sobre todo por la exención de impuestos. De hecho, ya hay algunos que se han dado cuenta de la importancia del diseño y están abriendo locales a otro nivel, sin nombres chinos y que por fuera parecen negocios tradicionales. Por ahora afecta a la ropa, pero pueden pasar pronto a los bolsos. Estoy preocupado porque ésa es la manera de hacer bien las cosas. Se cargarán las tiendas pequeñas de barrio, que suponen el 50% de nuestra clientela. Además, es una riqueza que se crea y que no repercute en nuestra economía.

-Y a esto se suma la crisis...

-Se nota bastante, por eso nos hemos reconvertido y creado una nueva marca. Uno de los problemas más importantes ha sido la morosidad. Hoy es fácil montar un negocio de venta de bolsos y, si va mal, cerrar y no dejar pistas, por lo que nos devuelven los talones. Es un problema en España, porque en Portugal, por ejemplo, ponen muchas condiciones para conseguir un talonario, incluso avalar sobre una vivienda. También hemos notado el cierre del grifo de los bancos. Antes de la crisis, nos aseguraban con crédito y caución pero hace un año nos dijeron que no aseguraban nuestro gestor, o sea, que ahora andamos con nuestros pulmones. Y encima el beneficio lo tenemos en la calle, con los impagados. Nuestra empresa no sólo tiene que hacer frente a una caída de las ventas del 15%, sino a una morosidad que ha crecido el 12%.

Perfil: Vinculación sentimental

Rafael y Manuel Rivero son el mayor y el más pequeño de una familia de cinco hermanos, además de los regentes de Bolsos Rivero, una firma que montara allá en la década de los setenta su padre. "La diferencia que existe en la empresa familiar con respecto a las demás es que no tienes horarios ni una vida normal", asegura Rafael. En cualquier caso, asegura que, a pesar de las dificultades dentro del sector por la entrada de las importaciones de los países emergentes, no piensa cambiar de actividad. "Es un sentimiento, no es cuestión de que no sepa hacer otra cosa", aclara. Así, reconoce que su máxima es que la marca siga conociéndose en la calle -hace las colecciones de bolsos de negocios como Mary Paz-, "y por ello luchamos mi hermano y yo hasta el último aliento". 

 

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