Economía

«Nuestros chips de Sevilla compiten a nivel mundial y ganan a los líderes»

El director general de Anafocus, empresa tecnológica que diseña chips de captación de imágenes para cámaras industriales y científicas, confía en alcanzar la rentabilidad este año tras entrar en producción sus prototipos, que casi en su totalidad se exportan a Japón.

el 22 ene 2011 / 20:54 h.

Romay muestra prototipos de chips y cámaras en las que se insertan. La firma se ubica en el parque tecnológico sevillano.

-Una empresa sevillana exportando tecnología a Japón. Parece el mundo al revés...
-Desde que creamos la empresa sabíamos ya que no tendríamos clientes españoles, pues aquí no existen fabricantes de cámaras y todo habría que exportarlo. Los primeros clientes fueron de Francia, después nos especializamos en un nicho de mercado y empezamos con EEUU y más tarde nos adentramos en Japón. Desde hace cuatro años, todos nuestros clientes son japoneses, nos aportan el 95% de la facturación.

-Anafocus nació de una spin off. ¿Cómo fueron aquellos comienzos?
-Surgió como una spin off del Instituto de Microelectrónica de Sevilla, adscrito al CSIC, y de la Universidad de Sevilla. El grupo investigador estaba dirigido por Ángel Rodríguez Vázquez y dentro de él los socios que montaron la empresa fueron Fernando Medeiro, Rafael Domínguez Castro y Servando Espejo, quienes, junto al director del Instituto, José Luis Huertas Díez, gestaron la idea de que una tecnología en la que llevaban veinte años trabajando debería tener aplicación en el mercado. Y yo acepté el reto de Anafocus. Durante 18 meses concebí el plan de negocio y busqué el dinero en el capital riesgo. En 2003 ganamos el concurso 50 K del Instituto Internacional San Telmo, conocimos inversores, en enero de 2004 la compañía inició su actividad industrial real y hasta hoy.

-¿Y cómo convence una incipiente firma sevillana a otra francesa de su tecnología?
-Porque el grupo de investigación ya llevaba unos años trabajando con esa empresa. El gran salto no fue ése, sino convencer a clientes de que, siendo una empresa desconocida, eres capaz de diseñarles un chip completo y con poco control por su parte ya que se lo fabricamos. Es más, era especialmente difícil porque no teníamos chips antiguos para mostrarles, como referencia objetiva, lo que hacíamos. Teníamos el conocimiento y sabíamos que lo podíamos hacer. La primera oportunidad nos la dio una compañía japonesa y otra norteamericana, y ésta era el mayor fabricante mundial de cámaras industriales.

-Al ciudadano de a pie, ¿cómo le explican lo que hacen?
-Chips que captan imágenes y, a medida que lo hacen, las procesan para realzar elementos de interés que el usuario de una cámara quiere ver. Por ejemplo, la comprobación de que, al envasar cerveza, cada botella cumple con los requisitos de calidad necesarios. En ese proceso, tradicionalmente la cámara captaba las imágenes y las transmitía a un computador, que es el que procesaba la imagen para detectar tales parámetros de calidad. Después llegaron las cámaras inteligentes y esa detección, en lugar de hacerse en el computador, se hacía en la cámara. Nosotros vamos más allá, porque la detección no la hacemos en la cámara, sino en el propio chip. Es, pues, una integración de funciones de un chip. Y las cámaras son para usos industriales, videovigilancia, aplicaciones médicas, juegos olímpicos, partidos de tenis... Nuestros chips captan 5.000 imágenes por segundo en alta definición y hasta un millón en baja.

-Ustedes hacen el diseño. La fabricación, ¿dónde se realiza?
-En fábricas de semiconductores de Israel y Taiwán, que nos hacen el material en bruto, luego éste pasa a otra en Alemania, donde se corta cada chip y se monta en una cápsula fabricada en Japón. Por último, tenemos una pequeña línea de producción en Sevilla que comprueba que el chip ensamblado y encapsulado cumple o no la funcionalidad comprometida con el cliente.

-¿Y qué volumen de producción tiene Anafocus?
-Este año esperamos fabricar los 10.000 chips, mientras que el pasado fueron 1.500. En estos momentos, más del 80% de nuestros ingresos es pago de ingeniería por diseñar el chip y sólo un 20% procede de la venta de producto. En un lustro queremos dar a los porcentajes la vuelta.

-¿Ingresos y plantilla?
-Alrededor de 2,5 millones de euros y 45 empleados en Sevilla, 2 en Tokio y uno en Ámsterdam.

-¿Qué inversión requiere el desarrollo de un chip a medida?
-Nunca ha sido inferior al millón de dólares. El desarrollo del prototipo lleva hasta un año y si funciona, en seis meses está ya fabricado.

-¿Y el accionariado?
-Los fundadores, la empresa Bullnet Capital Riesgo y el fondo Jeremy. Creemos que podremos alcanzar en 2011 la rentabilidad. La facturación se duplicará este año y después crecerá al 30-50% anual. Queremos abrir oficinas en otros países e invertir mucho en investigación.

-Los chinos tratan de copiar el coche eléctrico a Renault. ¿Un chip se puede copiar?
-Es muy difícil, pues el chip es una piedra. Desarrollaremos productos no vinculados a un cliente, sino estándar. Se trata de una versión para fabricantes de altas prestaciones y una versión B con materiales de menos calidad y un proceso de fabricación de menor calidad y más barato.

-¿Trabajar para los chinos?
-Estamos empezando y ya tenemos un distribuidor en China.

-¿Es fácil encontrar capital riesgo y fondos para una firma tecnológica?
-Encontrar capital riesgo inicial no es fácil. Dieciocho meses nos costó a nosotros convencerlo. Pero nada es fácil cuando emprendes una empresa. Anafocus, aunque tiene mucho aún que demostrar, compite a nivel mundial con las dos o tres grandes compañías del sector y les gana contratos. Y nuestro equipo es magnífico, pocos de tal calibre los hay en Europa. Es, por tanto, una empresa atractiva para invertir.

Perfil. Un sufrido masoca
Modestia. "Un alumno brillante, no, sólo sacaba buenas notas". Fue de los primeros de su promoción en la Escuela de Ingenieros de Sevilla, donde simultaneó dos especialidades, telecomunicaciones, que era lo que se llevaba, y electrónica, su pasión y desde donde edificó su proyecto de fin de carrera, en concreto, en microelectrónica. "Soy masoca, me atrae lo difícil".

Al acabar los estudios, "tuve la suerte de elegir dónde trabajar, y eso, hoy en día, ya no se puede". Lo hizo en la multinacional Lucent, a caballo entre Madrid y EEUU, y en Telvent, filial de Abengoa, para después impulsar Anafocus. Casado -su mujer es matemática- y con dos hijos, se queja de la falta de cultura emprendedora y de que la universidad no la fomente. Eso sí, reconoce que montar una empresa no es fácil, sino "un sufrimiento constante".

  • 1