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Nueva York declara ahora la guerra la sal

El alcalde de la Gran Manzana pretende reducir el sodio en los alimentos envasados y de los restaurantes en un 25% en cinco años y, con ello, evitar miles de muertes prematuras.

el 13 ene 2010 / 12:43 h.

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El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, ha decidido dar un paso más en su particular lucha por mejorar la salud de los ciudadanos y, después de haber declarado la guerra al tabaco, los refrescos azucarados y las grasas hidrogenadas, arremete ahora contra la sal.

El Departamento de Salud de Nueva York anunció hoy el lanzamiento de un programa voluntario por el que se pretende reducir el sodio en los alimentos envasados y de los restaurantes en un 25% en cinco años, lo que podría reducir la ingesta de sal de la nación en un 20% y evitar miles de muertes prematuras.

"Los estadounidenses consumen al día el doble del límite recomendado de sal, que aumenta la presión arterial y supone un riesgo de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares para millones de personas", explicó el responsable del Departamento de Salud de Nueva York, Thomas Farley, al presentar la iniciativa.

La idea de Bloomberg, que estrena estos días su tercer mandato como alcalde, es instar a los fabricantes de alimentos de todo el país a que, de forma voluntaria, en 2014 hayan reducido una media de un 25% la cantidad de sodio incluido en sus productos.

Después de más de un año de reuniones con los mayores productores y asociaciones del país, Bloomberg asegura contar con el respaldo del sector.

"Tenemos intereses comunes con la ciudad de Nueva York. Sus recomendaciones son loables, pero muy agresivas", explicó un portavoz del fabricante de las populares sopas Campbell, que dice haber reducido a la mitad el sodio de sus productos desde los años 80, por lo que reducir otro 20% "es ya todo un reto".

La cadena de comida rápida Subway, por ejemplo, se ha comprometido a aplicar estas recomendaciones en sus cerca de 23.000 establecimientos del país, al tiempo que la Snack Food Association, que agrupa a fabricantes de patatas fritas y otros aperitivos salados, cree que el plazo propuesto es demasiado corto.

La iniciativa también está dirigida a los restaurantes de la ciudad, a los que se insta a reducir la sal con que cocinan, ya que "sólo el 11% del sodio en la dieta de los estadounidenses proviene de sus propios saleros, mientras que casi el 80% por ciento procede de alimentos donde ese producto ha sido añadido antes de ponerse a la venta en comida preparada o restaurantes", explicó Farley.

Según sus datos, cada estadounidense ingiere una media de 3,3 gramos de sal al día, mientras que la cantidad diaria recomendada oscila entre 1,5 y 2,3 gramos, al tiempo que los ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares causan 23.000 muertes al año en Nueva York y más de 800.000 en todo el país.

La Asociación Estadounidense del Corazón dio la bienvenida a la iniciativa y su presidente, Clyde Yancy, aseguró en un comunicado que "la reducción del sodio en los alimentos procesados, que suponen la mayoría del consumo en Estados Unidos, podría reducir significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares, que siguen siendo la principal causa de muerte en el país".

Sin embargo, desde distintos ámbitos médicos la iniciativa también ha despertado críticas, ya que hay quienes sostienen que no hay suficientes datos que demuestren que la reducción de sal tenga efectos positivos en la salud, porque puede implicar cambios fisiológicos que en algunos casos también están asociados a problemas cardíacos.

Eso opina por ejemplo el profesor de Medicina Michael Alderman, que declaró al New York Times que, si se pone en práctica de forma masiva, esta iniciativa se convertirá en un "experimento incontrolado con la salud pública", que puede tener "consecuencias no deseadas".

Éste es el último capítulo del combate de Bloomberg contra los malos hábitos, que ya le han llevado a ser una de las ciudades pioneras en la lucha contra el tabaco y las grasas hidrogenadas, así como a exigir la difusión de las calorías de los alimentos en los restaurantes y a publicar desagradables anuncios para desincentivar el consumo de bebidas azucaradas.

 

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