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… Y ganaron las chicas

Unas nueve mil mujeres han participado este domingo en la Carrera de la Mujer en Sevilla. Era el día para llamar la atención contra una enfermedad que se calcula que padecerán más del 5% de la población femenina. (FOTOGALERÍA)

el 05 oct 2014 / 14:22 h.

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Sevilla se ha teñido de rosa gracias a 9.000 mujeres que han corrido para apoyar la lucha contra el cáncer. Foto: Manu Gómez Sevilla se ha teñido de rosa gracias a 9.000 mujeres que han corrido para apoyar la lucha contra el cáncer. Foto: Manu Gómez (MIRA LA FOTOGALERÍA) De la mano, con el perro (convenientemente tuneado con lazo, camiseta y hasta pintado de rosa), empujando el carrito de los niños (hay que conciliar), a hombros de papá, en patines, en bici, con tutú, disfrazadas (y disfrazados) y hasta de despedida de soltera. Cualquier fórmula era válida para llamar la atención contra una enfermedad que se calcula que padecerán a lo largo de su vida más del 5 por ciento de las mujeres y que constituye el tipo de cáncer más común entre la población femenina. Madres, hermanas, cuñadas, tías, hijas, sobrinas, nietas, amigas y luchadores en primera persona se unieron no ya en una marea rosa sino en un auténtico tsunami que llenó los alrededores del Parque de María Luisa en la tradicional carrera de la mujer que ganaron, como al cáncer de mama, las chicas. Sevilla se ha teñido de rosa gracias a 9.000 mujeres que han corrido para apoyar la lucha contra el cáncer. Foto: Manu Gómez Foto: Manu Gómez Hubo infiltrados, unos con faldas y pelucas (que le gusta a un hombre disfrazarse de mujer) y otros simplemente acompañando a su familia, como José Carlos, que junto a su mujer y sus hijas participaba por primera vez consciente de que “nadie está exento de que nos pueda pasar que una hija tenga un día cáncer de mama”. Pero lo cierto es que la mayoría de los hombres se agolpaban a los lados del circuito cámara en mano para animar a sus mujeres y, por supuesto, inmortalizar el momento. Dentro, abuela, hija y nieta corrían (o andaban, cada una a su ritmo, que aquí sí que lo importante realmente es participar) cogidas de las manos y fuera, las mismas tres generaciones masculinas esperaban ansiosas a que pasaran a su lado para gritarles “campeonas” y “venga, que os queda poco”, quizás rezando para no tener que dar nunca esos ánimos en un hospital o dando las gracias por haber superado el trance y poder disfrutar de la fiesta de ayer. Algunos, sin embargo, optaron por no separarse de su mujer agarrando fuertemente su mano, un día más, como probablemente llevan meses haciendo, como una pareja en la que él decidió ponerse el mismo pañuelo en la cabeza que usa su mujer para tapar las secuelas de la quimioterapia. Foto: Manu Gómez Foto: Manu Gómez Al pasar por el kilómetro 4, Isabel y Larissa quisieron inmortalizar el hito. Desde Benicassim vinieron el autobús el viernes con 70 amigas de las que ya se habían “perdido” para visitar la ciudad y regresar a su tierra “nada más terminar la carrera, una ducha y a coger el bus”. Desde algo más cerca, Arahal, venía Manuela, que a sus 77 años se había apuntado por primera vez con “mi hija, mi nieta de diez años y unas sobrinas, pero me he perdido de ellas”. “Yo hago gimnasia, salgo a andar y hoy tenía ganas de venir. Tengo una sobrina, que también está aquí, que está operada de esta enfermedad”. Es difícil determinar si entre las más de 9.000 corredoras (oficiales con dorsal, más las espontáneas de última hora) Manuela era una de las más mayores, porque no eran pocas las madres e hijas y los grupos de señoras que peinan canas que se lanzaron ayer a la calle. Eso sí, el pequeño Gonzalo, con 11 días, probablemente fuera uno de los más jóvenes. “Me apunté embarazada y dije si puedo voy y si no nada”, relataba Gema a su lado, tan fresca después de haber dado a luz hace tan poco, que reconocía tener casos en su familia. ¿Y quién no? Reconocía María de Carmen, de 73 años, que corría por cuarto año con su hija María “que me mete en unos líos...” y una amiga de ésta, Catalina, que se estrenaba y le había “emocionado” el ambiente de “unidad” que transmite la cita, además de habérselo pasado pipa viendo los gorros de bruja, orejas de conejo, peinetas, flores en el pelo, alas de ángel y un largo etcétera de complementos rosas inmortalizados gracias a los cientos de fotógrafos apostados durante el recorrido y ante los que todas pusieron su mejor sonrisa por aquellas que no siempre tienen fuerzas suficientes para sonreír.

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