Cofradías

Nuevos aires desde San Martín

Sólo una lluvia de pétalos cayó sobre el palio de la Virgen del Buen Fin pese a los pronósticos

el 20 abr 2011 / 20:47 h.

Claudia, con su antifaz puesto, Ahinoa, a cara descubierta en brazos de su madre, y María, en su carrito de bebé, pero todas perfectamente revestidas de nazarenas de La Lanzada, repartían estampitas y nazarenos de caramelo. Eran, junto al resto de niños que formaban el segundo tramo del palio, la nota de color de la salida de la hermandad de San Martín.

La junta de oficiales, completamente nueva, tras las elecciones celebradas el verano pasado, se había reunido unos minutos antes de la salida para estudiar un parte meteorológico que advertía de la posibilidad de lluvia a partir de las 22 horas. Sin embargo, a las 17.45 horas, tal como estaba previsto, se abrieron las puertas del templo y el público respondió con un fuerte aplauso. Algo desconcertados fueron saliendo los primeros nazarenos, las insignias esperaban en la puerta mientras se terminaba de formar el tramo, aunque el anterior ya se había perdido de vista por la calle Saavedras. Pronto lograron el orden deseado y empezó a moverse el paso, situado justo frente a la puerta pero mirando hacia el altar mayor, en el interior.

"Bendita la madre que os parió", dijo Ismael Vargas, el capataz, a sus costaleros, justo antes de advertirles que de aquella primera levantá se plantarían directamente en la calle.

El paso reviró, se colocó frente a la puerta, con los cuerpos a tierra -por la altura de la cruz- superó el dintel y, a los sones de Cristo del Amor, llegó hasta el centro de la plaza, donde, terminada la marcha que le tocaba la Banda de las Tres Caídas, por fin, se arrió.

Detrás, mucho más ordenados y cerrados los tramos que al principio, se sucedieron los nazarenos de la Virgen, entre ellos el de Claudia, Ahinoa y María. Entonces se volvió a escuchar el llamador en el interior del templo. La Virgen del Buen Fin, en la que ya se notó ayer la mano del nuevo vestidor, Vicente Martín, se dirigía hacia la puerta. Bajo el umbral se detuvo y, tras una nueva levantá, con suma delicadeza, los costaleros llevaron el palio, exornado con rosas achampanadas en ramos cónicos, hasta el centro de la plaza. Ya con los sones de Estrella Sublime se adentró en Saavedras donde le tenían reservada una gran petalada.

  • 1