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Nuevos caminos que conducen a la integración

El centro da comida para llevar a 115 familias a las que se las forma en empleo y economía

el 15 jul 2013 / 22:30 h.

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La calle Dante es muy modesta. Pequeña, sin viviendas ni negocios, con unas farolas renqueantes y un sol que, a falta de árboles, caía ayer a mediodía de manera plomiza sobre ella. Nada invita a pasear por aquí y hasta resulta fácilmente evitable. Sin embargo, cada día pasan por ella 115 familias que cruzan el único umbral que hay en la vía, el del antiguo colegio Santa Teresa, hoy un remozado y, a juego con el entorno, sencillo catering social que ayer inauguró el Ayuntamiento. La diferencia con un comedor social se hace evidente nada más entrar. No hay largas mesas dispuestas para el almuerzo, ni grandes salas de encuentro. “Repartimos el alimento, un primer plato, un segundo y el postre en tuppers, y las personas se van a su casa a comer, como si hubieran comprado comida para llevar, dando así una imagen mucho más positiva que la de un comedor al uso”, explicaba ayer su coordinador, Juan Luis Pagés. Además, a las familias que tienen acceso a este servicio –que debe ser autorizado por el Centro de Servicios Sociales del consistorio– “se les proporciona in situ asistencia técnica, de la mano de profesionales cualificados, en materia de habilidades ante la vida, empleo y planificación y gestión de la economía doméstica”, al decir de la delegada de Familia, Asuntos Sociales y Zonas de Especial Actuación, Dolores de Pablo-Blanco, quien dio a conocer ayer el centro junto al delegado del distrito Cerro-Amate, José Miguel Luque. “Es una especie de escuela de familias, un servicio mucho más completo que un comedor social”, acotó la concejal. Gestionado por la organización Hermanamiento –en la que colaboran voluntarios y también cuatro trabajadores recientemente dados de alta–, ellos son los receptores de una subvención municipal de 60.000 euros para la prestación de estos servicios. Sus destinatarios están todos en situación de “exclusión social o están en riesgo de estarlo”, según Luque. Con tres hijos mayores de 30 años todos en paro, viuda y con una pensión que apenas araña los 390 euros, Elena camina por una cuerda floja. Las nuevas instalaciones no le devolverán el sueño pero le harán algo más llevadero el día a día. “El no tener que salir al comedor y poder almorzar en nuestra casa, lo único que nos queda por ahora, es de agradecer”, opina. Menos euforia le produce el apartado formativo porque lo único que ella necesita es un trabajo para sus hijos, “todos con ciclos de FP realizados”, matiza. Otro catering social, coordinado por la asociación La Casa de Todos, ha abierto sus puertas en Su Eminencia. El modelo es idéntico en todo. “En ambos ayudamos a que quienes vienen desarrollen habilidades para organizar la economía del hogar y que aprendan a cocinar de manera sana y barata, sin productos precocinados”, concluyen esperanzados sus responsables.

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