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Nunca olvides una carta de amor

Hay un sevillano que colecciona reliquias militares. Entre ellas atesora un puñado de cartas enviadas desde el frente o el presidio en las guerras mundiales, y de las cuales sólo sobrevive ya el amor. Feliz 14 de febrero.

el 13 feb 2011 / 20:17 h.

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Qué insensato parece dejarse arrastrar por la grave situación de este mundo tan convulso, ¿no lo crees así, Dot?, escribe a su novia de Minnesota el teniente Charles Goff, del arma de Artillería, desde el frente francés a comienzos de agosto de 1918. El amor es lo más grande de nuestras vidas, y vivirá no importa cuán largo sea el intervalo hasta que acabe la guerra. Hasta entonces, querida niña, debemos seguir amándonos y confiar en Dios. "Tocar esta carta es tocar la historia", dice en Sevilla su propietario, Jesús López-Serrano, cuya afición al coleccionismo militar comenzó por lo imponente de los cascos y lo llamativo de las medallas, hasta ir orientándose poco a poco hacia las cartas y, en general, los documentos. "Documentos que son auténticas novelas escritas por la realidad."

López-Serrano ha conseguido hasta ahora alrededor de sesenta cartas escritas desde el frente o desde el cautiverio en las principales guerras del siglo XX, incluidas las dos mundiales y la de Vietnam. Pero en ellas hay algo más que una lección de historia; hay, para quien quiera aprenderla, una lección de humanidad y de amor. Fíjese, por ejemplo, en la carta que preside estas páginas. La escribió el oficial alemán de submarinos Martin Bitterberg, interceptado en Gibraltar por las fuerzas aliadas en la Segunda Guerra Mundial e internado en un campo de prisioneros en Ottawa, Canadá. Papi, como firma para su familia, en ese momento en Kiel, a la que no reprocha el que no puedan enviarle fotos recientes, un lujo en plena calamidad: Lo que no puede ser, no puede ser. Y no estoy por ello en modo alguno contrariado. El oficial apenas puede contar nada desde su prisión, sabedor de que cualquier emoción irrefrenada puede bastar para que la carta nunca llegue a su destino, pero en sus dolorosamente contenidas palabras de consuelo incluye un terrible recordatorio a los suyos: En la guerra, la vida humana juega un papel secundario.

Observando la caligrafía y el esmero, se descubre en estas hojillas algo más que palabras. Todo es mensaje: el tiempo empleado, el primor en la letra, la meditada elección de cada adjetivo, hasta la rectitud de los dobleces... "Y son vidas rotas", recuerda su propietario. Al lado de esto, ¡cualquier cosa que te pueda pasar en la vida es tan simple!" Hoy, Día de los Enamorados, puede que no haya regalo, por costoso que sea o por original que se pretenda, que alcance los quilates de amor de cada una de estas joyas de papel.
Días antes de salir a bombardear media Alemania detrás de los nazis en retirada, el teniente William Rankin escribe a su esposa: Querida, nunca podré hacerte comprender cuán horrorosamente te echo de menos. Las noches parecen infinitas. Es en esas ocasiones cuando más te añoro; añoro que me abraces. Me voy a sentir espantosamente frío este invierno. Te amo terriblemente, Babs. Estoy deseando que acabe esta guerra y poder regresar a casa. Nunca más volveré a dejar el hogar. Quién le iba a decir que su carta acabaría en Sevilla.

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