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“O nos rebelamos, o lo de Grecia no es nada al lado de lo que va a pasar aquí”

Jaime Pandelet expone veinte de sus mejores caricaturas publicadas en diversos medios, desde Interviú hasta El Correo, en La Mercería de la calle Regina.

el 26 oct 2013 / 23:30 h.

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Jaime Pandelet En cualquier país civilizado, un talento del estilo de Jaime Pandelet estaría creando en un precioso estudio con unas vistas deliciosas y sin tener que preocuparse por la manduca. En España, donde los que mejor viven suelen ser los que menos se lo merecen, este artista ha tenido que tomar veinte de sus mejores caricaturas publicadas en diversos medios, desde Interviú hasta El Correo, llevárselas a un doblez de la calle Regina y colgarlas en el cafetín cultural La Mercería, para que la gente las vea y, si se encarta, adquiera alguna copia a 30 euros la unidad. Montoro, Pantoja, Báñez, el Rey & company, Zoido... contemplados a través de una mira telescópica, asomados a una diana. ¿Por qué será? Pues por eso, por eso. –Siempre nos quedarán los bares, ¿no? –Al principio me daba mucho coraje que se hablara de los bares y los veladores. Desgraciadamente, en el verano en el que estábamos hablando, la playa, el chiringuito, el hotel vacacional... para mucha gente era el bar de la esquina y la cañita, porque no tenían para más. Encima, culparlos porque sí que tienen para una caña y para medio platito de gambas para los niños, para la mujer y para él me parecía ofensivo. Pero acabas dándote cuenta de que mientras haya para la caña, sigan existiendo el Betis y el Sevilla y poco más, la gente se adaptará. Estamos hechos a la trampa. No eres capaz de reclamar un puesto de trabajo sino que dices bueno, 420 euros por aquí, más el chapuz de no sé dónde, más que mi mujer trabaja a escondidas cuidando a la vieja de enfrente, más que no sé qué… pum. Una especie de conformismo que va en contra de lo que debe ser el principio de la revolución: es que ya está bien. ¿Cuál es el límite? Nos están volviendo a la casilla de salida. Estamos otra vez en el número cero del juego de la oca. –Sin embargo, aquí no pasa nada. Nadie se rebela. –La rebeldía tiene que comenzar justo antes de que se empiecen a quemar coches. Porque si no, lo que hemos visto de Grecia y algunas cosillas que se han visto de Portugal, eso va a ser nada comparado con lo que va a estallar aquí. El crecimiento del fascismo es brutal. Ya incluso están enfrentándose al propio PP. Y la izquierda, ¿qué está haciendo? ¿Dónde está la regeneración? Es que no nos podemos olvidar de que Rubalcaba y la LOGSE eran la misma cosa, ¿o se nos ha olvidado? Que también le salió la gente a la calle en contra de aquello... –Cualquiera que le oiga va a pensar que no le ha emocionado lo más mínimo la noticia de que hemos salido de la recesión. –¿Cómo pueden estar hablando de que estamos empezando a reflotar con ese 0,1? Pero si es que a los de 2011, a los que echaron a la calle entonces, se les acaba el paro hoy. Hoy. Y ya no tienen nada. Dijeron que en el 2011 se habían ido al paro un millón de personas. ¿Cómo le cuentas tú a ese tío al que se le acaba hoy que tiene que alegrarse porque estamos un 0,1 por ciento por encima? O lo de Rosell, eso de que cualquier parado tiene que estar dispuesto a aceptar el trabajo que sea en las condiciones que sea… –Cabe pensar que desde el humor gráfico, que es uno de sus campos profesionales, sea posible hacer algo. ¿O no? –Sí. El humor gráfico, el humor editorial... hay gente que lo entiende mal. El humor gráfico no es en absoluto cordial. Siempre enfrenta una opinión con la otra. Y siempre, en función del ideario que mantenga la cabecera de turno, arreando a quien sea. Utilizar la sátira, el sainete... pero enfrentar por encima de todo. Yo creo que sacude conciencias. De todas formas, el número de conciencias sacudidas es directamente proporcional a la venta de periódicos. Si no lees el periódico, no llegas a eso. –¿Cómo va a acabar esto? –El futuro inmediato será volver a la cueva. Es en lo que están muchas cabezas. Ya estamos viendo por ahí que se están reverdeciendo pueblos abandonados. La gente está huyendo, está volviendo a eso, a la casilla de salida, ya no quieren vivir esto. Cuando tú ya te hartas de darle con la piocha a la pared, y por la mañana, como la labor de Penélope, ves construido otra vez el muro, y otra vez, y cada vez constriñéndote más como en las películas, lo único que puedes hacer es huir de esa realidad. Y lamentablemente, huyes de lo que no tienes que huir. No, señor. Lo que hay que hacer es decir que ya está bien. Estamos siendo muy cobardes. Todo lo canturreamos por la calle. Se arregla el país en los bares, y se soluciona la alineación del domingo del Sevilla o del Betis en los bares. No somos capaces de decir: señores, que aquí nadie paga el agua. Que no se pagan más servicios. Que hasta que yo no tenga los servicios que yo creo que me merezco como ciudadano, yo no voy a pagar ninguno. ¿Y que me cortan la luz? La voy a enganchar. ¿Y que me cortan el agua? La voy a enganchar. Y punto. Pero eso no puede ser una sola persona. Si yo voy aquí a Escuelas Pías a protestar por una factura del agua a Emasesa, me dan en la boca. Pero si va mi barriada, no digo ya la ciudad entera, el que sale es el director a ver cuál es el problema. Solo nunca nadie ha hecho nada. Es mentira. El mayor genio del mundo, si alguien no da valor a su creación, es un mojón con patas. Y aquí todos somos Sócrates uno a uno. Pero ya está.

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