Local

Oasis en el centro comercial

el 28 oct 2011 / 10:32 h.

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La trayectoria del alma máter de este negocio presenta una gran trayectoria profesional, José Antonio Sánchez de Vera adquirió sus armas de caballero de la barra en el mítico primer Casablanca, después llevó la formula del éxito al Rincón de la Buhaira. Hace nueve años abrió el primer Viapol Tapas, cumpliendo el de Viapol Center su primer aniversario el pasado mes de septiembre. El local es amplío, luminoso y moderno, con maderas claras, las botellas de vino son el principal motivo decorativo.

Tiene una buena barra, un cómodo salón con mesas y una gran terraza que es uno de los grandes activos del local, dentro de un centro comercial semi abierto, protegido siempre de la lluvia, que ha conseguido un espacio acogedor y, donde se puede echar un cigarrillo con la cerveza o concertar una celebración. Todo ello le ha granjeado a Viapol Tapas un público variopinto, desde estudiantes de las cercanas facultades, ejecutivos de las empresas de la zona, señoras de compras y parroquianos en general que encuentran buena cocina, buena bebida y precios muy razonables. El tener el Centro dos plantas de aparcamiento es una ventaja añadida.
Al frente de la limpia y ordenada cocina está José Luis Berraquero, con años de experiencia a sus espaldas, que, tras iniciarse en Los Lebreros, y un recorrido por toda España, desde Menorca a Matalascañas, ha pasado por El Candil y El Espigón sevillanos.

La cocina tradicional sevillana y la idiosincrasia de este local contrastan con el concepto que se suele tener de bar de centro comercial.
La carta de tapas es amplia y variada, con algunas sugerencias diarias fuera de carta, como el arroz serrano, gustoso y con ese sabor de aquellos arroces de mamá donde se aprovechaba una carne de ayer, las lentejas y las albóndigas de atún rojo. De entrada te ponen unas papas aliñás de cortesía, fresquitas y perfectamente aliñadas. Todas las tapas, con buen tamaño, están a 2 euros€, pero los platos para compartir tampoco son nada caros, entre 6 y 10 euros las carnes a la parrilla. Hay lugar para lo clásico, como el salmorejo, el tortillón de patatas, las croquetas o la carrillada al vino tinto, y para tapas un poco más novedosas, como los bocaditos de calabacín rellenos de marisco, el mero relleno de salmón o las taleguillas a los dos quesos. El taco de atún en salsa de perdiz nos pareció especialmente sabroso, con una carne jugosa y un acompañamiento de patatas fritas que parecían buñuelos de patata. Los postres son todos caseros.

Reseñable es la carta de vinos, variada y con buenos precios, además de tener bastantes marcas en medias botellas. Se copean los tintos a 2 euros, Rioja Viñafiel Crianza y Ribera Viña Mayor Roble; los blancos, Protos y Orofiel Verdejos y Mioro de Huelva, además de manzanilla La Goya y fino Tío Pepe. Destaca la oferta de los magníficos Marqués de Vargas Reserva (18 euros) y Conde de San Cristóbal (16,50 euros) que se pueden llevar a casa a precio reducido, 13 y 12,50 euros respectivamente. En la buena barra de madera, un llamativo tirador de Cruzcampo y un curioso dispensador de Martini, que me recordó los buenos tiempos en que no era raro un vermouth de aperitivo. Buen sitio para, por un precio muy razonable, disfrutar de buenas tapas y buenas bebidas mientras se relaja uno mirando los árboles del parque de enfrente.

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