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Obama universaliza la sanidad en EEUU tras un año de batalla

El presidente logra el «voto correcto» a una reforma histórica del sistema de salud. La medida busca dar cobertura a cerca de 30 millones de estadounidenses que no la tienen.

el 22 mar 2010 / 06:42 h.

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El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

Harry Truman, Richard Nixon y Bill Clinton lo intentaron. Pero ha sido Barack Obama quien ayer consiguió aprobar una reforma sanitaria que ha costado nada menos que "100 años de negociación". La Cámara de Representantes de EEUU dio el visto bueno definitivo a una reforma que representa un triunfo histórico del presidente y de la mayoría demócrata en el Congreso.

El voto decisivo se produjo exactamente a las 22.49 en Washington (3.49 de la madrugada en España), cuando los congresistas aprobaron por 219 votos a favor -tres más de los 216 necesarios- y 212 en contra el proyecto de ley que ya había recibido luz verde en el Senado el pasado diciembre.

Tras un año de esfuerzos, la medida requiere sólo la firma de Obama para convertirse en ley, algo que podría ocurrir hoy mismo. Media hora más tarde, los congresistas aprobaron la segunda parte del plan, un proyecto de ley que introduce una serie de enmiendas a la reforma para hacerla más del gusto de la Cámara Baja. El Senado la votará el viernes o el sábado, sin que en principio se prevean obstáculos insalvables para su aprobación. El triunfo de Obama no contó con el apoyo republicano. Ninguno de los 178 congresistas de este partido votó a favor de la medida. Además, una treintena de demócratas se sumaron a su "no".

"La medida ha quedado aprobada", anunció una exultante presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ante el aplauso de la bancada demócrata. En la Sala Roosevelt de la Casa Blanca, Obama comenzó a aplaudir mientras su jefe de Gabinete, Rahm Emanuel, se abrazaba al asesor político presidencial, David Axelrod. El presidente estadounidense, que a lo largo de esta semana sostuvo más de 90 conversaciones con congresistas para atraer su voto, aseguró que el resultado "responde a los sueños de muchos". Ha sido un año de "constante esfuerzo y debate" y para Obama la aprobación de la reforma es, simplemente, "una victoria para el sentido común"; es "el voto correcto".

Tras conocer el resultado de la votación, Obama llamó a Pelosi -"extraordinaria líder"- para felicitarla. La presidenta de la Cámara ha luchado durante meses en los pasillos del Congreso para convencer, congresista a congresista, de que la reforma debía salir adelante. Y lo ha hecho con frases como ésta:"Pasaremos por la puerta. Si la puerta está cerrada, saltaremos la valla. Si la valla es demasiado alta, usaremos una pértiga. Si eso tampoco funciona, utilizaremos un paracaídas. Pero vamos a aprobar esta reforma sanitaria". Aunque en paracaídas, ayer lo consiguieron.

Lo que para Obama y Pelosi -y para la mayoría de los europeos- es de sentido común, ha tardado un siglo en ser comprendido por EEUU. Y es que la reforma es vista por muchos estadounidenses como contraria a la tradición legislativa y política del país. La idea original de Barack Obama era la de instalar la opción de un seguro público paralelo (para un 5% de la población, aproximadamente), pero fue rechazada durante el debate. Y es que una sanidad pública al estilo europeo, que además no tiene el apoyo popular, es de difícil implantación en un país de más de 300 millones de habitantes.

Pese a todo lo anterior, la reforma prosperó. Y Obama lo explicó así: "Nos sobrepusimos al peso de nuestra política". Ahora, si todo marcha como se prevé, los 11 estados de EEUU que ya han anunciado que denunciarán el proyecto no podrán impedir que el sistema de salud estadounidense dé un vuelco:

Cobertura. Hasta que el proyecto de Obama se convierta en ley, no existe una cobertura sanitaria universal en este país. Sólo los mayores de 65 años, los niños, los pobres, las mujeres embarazadas y los discapacitados acceden a un sistema sanitario público y gratuito como se entiende en España. La mayoría de los ciudadanos están cubiertos por sus empresas y otros eligen aseguradoras privadas. Cuando alguien sin seguro alguno se pone enfermo está obligado a pagar los costes médicos de su propio bolsillo, unos costes que además son cada vez más altos. En esta coyuntura, 30 millones de estadounidenses están desprotegidos.

Curar al enfermo. La reforma prohibirá además a las aseguradoras rechazar dar cobertura a personas que ya padezcan alguna enfermedad y hará obligatorio para la mayoría de los residentes el contar con un seguro. Esto permitirá, por ejemplo, asegurar a miles de enfermos de sida o de mujeres que tuvieron una cesárea en el parto. Para ayudar a las personas de rentas más bajas, el Estado subvencionará a todas aquellas familias con ingresos anuales inferiores a 88.200 dólares o individuos con ingresos hasta 29.300 dólares anuales. Para quienes ya tengan seguro, mejorarán las condiciones.

Un sistema más rentable. Durante los diez primeros años, la ley costará 940.000 millones de dólares, pero conforme se amortice servirá para recortar el déficit federal. A partir del año 2014 se creará una "bolsa de seguros" de bajo precio. Además, los padres podrán mantener asegurados en sus contratos a sus hijos hasta los 26 años y los jubilados tendrán ayudas para comprar sus medicinas.

Inmigrantes. En 2014, la reforma debería cubrir al 95% de la población estadounidense. Sin embargo, los aproximadamente 15 millones de inmigrantes sin papeles se quedarán sin cobertura.Éste es uno de los puntos en los que Obama ha tenido que ceder ante los republicanos, así como con los gastos de los abortos ha cedido ante los propios demócratas. Para hacerse con el voto de conservadores antiabortistas, el presidente ha garantizado que ningún aborto voluntario será sufragado con fondos federales.

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