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Obama y la reforma sanitaria

Acabo de volver de EEUU y he podido comprobar la importancia que en ese país se le está dando a la reforma sanitaria propuesta por el Presidente Obama. No es de extrañar porque en Estados Unidos se da una paradoja singular. Su sistema sanitario es de los más...

el 16 sep 2009 / 04:58 h.

Acabo de volver de EEUU y he podido comprobar la importancia que en ese país se le está dando a la reforma sanitaria propuesta por el Presidente Obama. No es de extrañar porque en Estados Unidos se da una paradoja singular. Su sistema sanitario es de los más caros del mundo y, sin embargo, de los más ineficientes e insatisfactorios, sobre todo, para las personas de rentas más bajas. Solo los más ricos y las compañías sanitarias y de seguros le sacan partido y beneficios.

Allí se dedica a la salud el 17% del PIB -frente a un 7% en España-, y sin embargo Estados Unidos es el país de la OCDE donde el grado de satisfacción con su sistema sanitario es el más bajo. La mejor prueba de que se trata de un sistema sanitario malo e injusto es que allí la esperanza de vida es mucho más desigual que en otros países como consecuencia, también de que Estados Unidos es el más desigual de los países ricos. Así, las personas que se sitúan en el 5% de población de mayor nivel adquisitivo viven como media 15 años más que el 5% que se sitúa en el escalón más bajo de los niveles de renta.

Algo que no es de extrañar porque en Estados Unidos no hay, como aquí en España, un derecho universal a la atención sanitaria y, como consecuencia de ello, resulta que en el país más rico del mundo hay 50 millones de norteamericanos sin seguro médico, además de otros muchos con coberturas muy bajas e imperfectas que se quedan sin tratamientos o atenciones médicas en cuanto que éstas sobrepasan determinados costes o complicaciones. En lugar de que la atención sanitaria sea un derecho, es algo que se deriva de haber podido negociar un seguro médico pero esto es algo que depende de la relación contractual que tengan los individuos en el mercado de trabajo y con su capacidad de negociación en un proceso tremendamente atomizado, ya que son las empresas las responsables de pagar o co-pagar el seguro médico de sus empleados. Una situación que empeora en épocas de crisis, como ahora, tal y como alerta Vicenç Navarro, cuando cada treinta segundos se declara en bancarrota una familia estadounidense como consecuencia de no poder hacer frente al pago de sus facturas médicas y las pólizas de seguros privadas.

Cuando se contempla desde fuera, y sobre todo desde un país como el nuestro que es sencillamente ejemplar en cuanto a la atención sanitaria a todos sus ciudadanos, la situación estadounidense es sencillamente escalofriante. El Premio Nobel de Economía Amartya Sen señaló hace unos años que la esperanza de vida de un afroamericano en el barrio neoyorkino de Harlem era menor que la de los hombres de Bangladesh, uno de los países más pobres del mundo. El documental Sicko de Michael Moore muestra también el drama que afecta a millones de personas en Estados Unidos que sufren e incluso mueren impotentes y desvalidos ante la avaricia de las compañías de seguros y los grandes consorcios sanitarios que son los que se apropian de los inmensos recursos que se destinan al sector sanitario.

El reto de Obama es arduo. No le será fácil cambiar el modelo porque estos últimos conforman una poderosa fuente de financiación de las campañas electorales de ambos partidos; porque los salarios de los médicos se corresponden con un sistema de incentivos que sólo se entiende dentro de ese modelo, y finalmente porque hay un grupo influyente de ciudadanos de rentas medias y altas que está de acuerdo con el sistema.

Veremos si Obama vence todas estas resistencias o si cae vencido como ya le pasó a Clinton. Desde aquí, la enseñanza es clara: ojalá nunca dejemos que nuestra salud dependa, como en Estados Unidos, de las billeteras de unos pocos.

Vicerrectora de Postgrado de la Olavide

lgalvez@upo.es

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