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Obedecer trae cuenta

Nos cuesta obedecer. No es de extrañar que los hijos se planten, porque lo que suelen tener delante es a padres, o adultos en general, adictos a pasar todo lo que pueden de las normas. No hay nada más provocador para nuestros conciudadanos que un cartel "prohibiendo".

el 14 sep 2009 / 21:17 h.

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Nos cuesta obedecer. No es de extrañar que los hijos se planten, porque lo que suelen tener delante es a padres, o adultos en general, adictos a pasar todo lo que pueden de las normas. No hay nada más provocador para nuestros conciudadanos que un cartel "prohibiendo". Piensan: "¿Qué listo o lista habrá decidido...?", y lo completan con cualquier cosa, desde la más importante a la más irrelevante de la vida cotidiana. Para objetar de esta forma, basta con pensar sólo en los intereses particulares y calificar de irracional cualquier restricción, por limitar la libertad o "por el capricho de algún indocumentado".

Tenemos derecho a la crítica hacia los que "mandan" y podemos defender nuestras posiciones, pero les debemos respeto, especialmente si han sido elegidos por la mayoría de los votos y tienen una responsabilidad de la que dar cuenta. En democracia, les toca "regir, gobernar, tener el mando" (RAE), y deben exigir la aplicación de las reglas, para que haya juego y no un peligroso barullo en el centro del campo. A los demás corresponde obedecer, aunque sea discrepando. De no hacerlo, como advertimos a los niños, llegarán los castigos.

Un castigo proporcional a la falta, rehabilitador y educativo, pero necesario. Por ello, el endurecimiento de las penas a los delitos de tráfico es acertado y coherente. Ante las muertes impunes que los conductores temerarios, por velocidad o alcohol, vayan a la cárcel es bueno. Quizás así no haya quien, delante de sus hijos, se salte límites, olvide el cinturón o arroye cebras. Enseñaremos que obedecer cuesta, pero trae cuenta.

Inés Alba es periodista

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