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"Objetivamente Sevilla pierde cada día su identidad como comunidad"

Su comprensión y conocimiento de la sociedad, en un momento de grandes cambios, sitúan a este profesor de la Universidad Pablo de Olavide como una voz privilegiada.

el 11 nov 2011 / 20:54 h.

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El antropólogo Javier Escalera imparte clases en la UPO.
Si la sociedad pudiera tumbarse en un diván este, antes que el de un psicólogo, tendría que ser el de un antropólogo. En medio de una agitada campaña electoral, con un movimiento de indignados mundial por medio y con un planeta globalizado que cambia a cada instante, la visita al especialista se hace urgente. Javier Escalera, antropólogo y profesor de la Universidad Pablo de Olavide, no expende recetas curativas, pero al menos sí que otorga un diagnóstico certero sobre todo lo que sucede a nuestro alrededor.

 

-Perdón por el atropello. Viendo las noticias vaticino que tendrá mucho trabajo para comprender qué le pasa al mundo...
-Es cierto que los antropólogos nos caracterizamos porque lo estudiamos todo. Aunque yo diría más, en la situación actual la antropología y hasta la física nuclear debería interesarse casi exclusivamente por aquellos problemas que afectan hoy a nuestra sociedad con el objetivo de aportar ideas y conocimiento para transformarlo. Así, al menos, es como entiendo que debería ser y... no siempre es.

-Usted que tanto estudia las patologías de la sociedad, ¿tiene claro qué político se centra más en los problemas que realmente atañen al ciudadano?
-Lamentablemente los políticos estudian poco y son unos iletrados. Utilizan y se preocupan de cuestiones alejadas de un análisis riguroso de la realidad. Podríamos decir que predominan absolutamente las acciones inmediatas que buscan un rédito inmediato.

-¿Se ha peleado mucho con sus colegas sociólogos a la hora de abordar el movimiento de los indignados?
-Es una vieja discusión la pugna entre la sociología y la antropología, entre unos y otros sólo nos diferencian algunas cuestiones de matiz. En lo personal formo parte desde hace 20 años del Grupo de Investigación Social y Acción Participativa que pretende hacer una antropología que, en la medida de lo posible y dentro de nuestras capacidades, contribuya al cambio de la realidad en la que vivimos.

-Justo como los indignados...
-Así es. Ocurre que el movimiento del 15-M es un fenómeno muy reciente que ha tenido poco tiempo para consolidarse. En términos generales le diré que me resulta esperanzador que se produzca en una sociedad, como por ejemplo la sevillana, con unos niveles cada vez mayores de desmovilización, de creciente egoísmo e individualismo. El 15-M representa una esperanza, viene a decirnos que esta sociedad tiene posibilidades de transformarse y de romper la gris dinámica en la que venimos viviendo. En todo caso resulta muy aventurado demonizar algo que representa una ruptura del status quo.

-En el pasado abordó el asunto de los flujos migratorios. ¿Cuál es hoy la postura más razonable hacia este hecho?
-Tiene muchas dimensiones y lecturas posibles. Le diré, resumidamente, que no me resulta grato cuando se plantean discursos demasiado cerrados relacionados con el tema, especialmente aquellos que utilizan este fenómeno como un elemento para profundizar en la discriminación.

-¿Cómo se explica, desde un punto de vista antropológico, ese rechazo casi visceral hacia el migrante que viene originando además posicionamientos políticos extremos?
-La explicación es sencilla, reside en el desconocimiento y en la contaminación de las mentes de las personas por parte de determinados discursos que aprovechan para ocultar determinado tipo de intereses y revertir ese conflicto hacia personas que, la mayor parte de ellas, lo que hacen es buscar una mejor vida.

-Al hilo de la integración, ¿es la sevillana una sociedad fácil de abordar para el visitante?
-No es fácil. Aunque caben matices. Nuestra sociedad cada vez está más atomizada, menos estructurada. Antes existía una mayor cohesión que facilitaba la vida en común aunque, por otra parte, suponía el mantenimiento de unos códigos de difícil acceso para el foráneo. Hoy, objetivamente, Sevilla está perdiendo su identidad como comunidad. En general podríamos decir que esto no es algo positivo.

-¿Qué evolución y deriva experimentan nuestras fiestas?
-La Semana Santa y la Feria tienen muy poco que ver con lo que eran hace 30 años pero aún no están a la altura de la sociedad actual. Existe un número creciente de personas que experimentan un desapego, una desconexión hacia estos fenómenos. En el futuro, si las fiestas no se readaptan, se reconfiguran, podría acabar siendo perjudicial para ellas por el éxodo de una buena parte de la sociedad que rehusa hacerlas suyas.

-Pero Sevilla y Andalucía por extensión es una tierra muy dada a la cohesión a partir de las fiestas...
-Aquí la gente se ha asociado históricamente para fines y objetivos poco prácticos relacionados sobre todo con las fiestas, cruces de mayo, hermandades, ferias... Es complicado cambiar esto porque cada sociedad desarrolla formas asociativas que le son propias. Por ejemplo, Cádiz no se puede entender sin las peñas de carnaval. A los andaluces las fiestas les sirven para articular socialmente la comunidad, para darle cohesión.

-¿Hay sociedades más modélicas que otras?
-No hay sociedades mejores y peores, sí distintas. Científicamente el establecimiento de desigualdades en función de sus características no sólo es un error, también produce consecuencias tremendas: desde la colonización por parte de Occidente hasta la idea de que todos han de plegarse a los estándares de vida occidentales.

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