Local

Obscenidades

Estados Unidos, ese país tan envidiable por tantas cosas como tan neurasténico por otras, nos acaba de ofrecer doble ración de su cinismo más refinado. La sociedad estadounidense no soporta -y hace bien- los tacos en la televisión, por lo que se prepara para un segundo y más profundo veto. Pero no reacciona ante las insultantes palabras de Bush.

el 15 sep 2009 / 02:05 h.

Estados Unidos, ese país tan envidiable por tantas cosas como tan neurasténico por otras, nos acaba de ofrecer doble ración de su cinismo más refinado. La sociedad estadounidense no soporta -y hace bien- los tacos en la televisión, por lo que se prepara para un segundo y más profundo veto. Pero no reacciona ante las insultantes palabras de Bush.

Ya saben que Estados Unidos -América, si quieren- es ese país en el que la mano derecha siempre ignora lo que hace la izquierda. Pero no en la versión evangélica de Mateo, sino en el sentido que aconseja la aplicación práctica del doble lenguaje. El organismo de control de las Telecomunicaciones acaba de llevar al Tribunal Supremo de EEUU una nueva propuesta de veto contra las expresiones malsonantes en televisión. En esta ocasión, se pretende perseguir las emisiones en directo de diversos acontecimientos en los que a los presentadores o participantes se les suele escurrir alguna palabrota más o menos gruesa y en cualquier caso de mal gusto. Hace ya tres décadas que se prohibió taxativamente el empleo de siete palabros en la televisión estadounidense. No los reproduciremos por ser ciertamente escatológicos. Y hace sólo unos años se han llegado a ofrecer galas en falso directo para controlar su emisión y cercenar expresiones o frases malsonantes antes de salir al aire. La famosa teta de Janet Jackson en la Super Bowl o los apasionados besos de Britney Spears a Cristina Aguilera o a Geri Halliwell en retransmisiones en directo, terminaron por activar al puritanismo más acendrado. Y así andan, de la sala del Supremo a la persecución colectiva de cualquier indecencia o asuntos con aspecto de indecencia.

Sin embargo, la televisión norteamericana se las ha tragado de todos los colores desde que comenzó la invasión de Irak. Ha televisado lo que le permitió el Gobierno estadounidense con sus reporteros empotrados en el lugar que interesaba en cada momento; prácticamente no ha aportado informaciones propias que permitieran desentrañar muchos de los embustes de Estado que llevaron a Bush, Chenney y Rumsfeld, con el apoyo de Blair y Aznar, a dar por hecho la existencia de unas inexistentes armas de destrucción masiva en Irak. La televisión en EEUU dio por acabada la guerra cuando aún se contaban por decenas los muertos en las calles de Bagdad o Faluya, a orillas del Éufrates. El mismo organismo que hoy vela contra el pedo-caca-pis poco dijo cuando, en flagrante propaganda, falsa y sonrojante, Bush compartió un pavo de plástico con sus soldados en el frente el Día de Acción de Gracias. Costó que las imágenes de las torturas a los detenidos en el penal de Abu Ghraib se abrieran paso y no fueron pocos los canales que demonizaron a la sociedad civil y los escasos políticos que se opusieron desde el principio a tamaño disparate bélico. Y esto por no seguir.

Ahora, coincidiendo con el quinto aniversario de la invasión, 80.000 civiles iraquíes muertos después -además de 4.000 soldados norteamericanos- Bush proclama que la invasión fue "justa, noble y necesaria", a la vez que defiende los "avances" registrados en Irak. Sólo horas después de que 56 personas perdieran la vida en un atentado en Kerbala, José María Aznar, otro de los líderes mesiánicos que nos condujeron a la verdad divina revelada en el Golfo, defendía su actuación y la de su compadre republicano: "La situación en Irak no es idílica, pero sí muy buena", además de afirmar que volvería a actuar igual.

¿No existe un comité u organismo que se encargue de prohibir la emisión en horario infantil de ciertos contenidos obscenos como éstos? Porque sería terrible que los más pequeños pensaran que tanta muerte ha merecido la pena. Ya ven: por un lado una decidida cruzada contra el pedo-culo-pis y por otro, todo el prime time para la procacidad imperial. Hay que joderse. Con perdón.

  • 1