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«Ojalá hubiera tantas empresas en España como carnés de conducir»

El gerente de Autoescuelas Leonesa ve con preocupación cómo ha llegado a su sector la economía irregular. Ello, junto al espectacular crecimiento de microempresas de los últimos años, ha abierto una guerra de precios que los sitúan por debajo de 2005

el 26 jun 2010 / 21:17 h.

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Antonio Laguillo es el gerente de Autoescuelas Leonesa, que tiene su oficina en la avenida de la Innovación, en Sevilla Este.

-Aprender a conducir o a llevar una empresa. ¿Qué es más difícil?

-Es bastante más difícil llevar una empresa. Hoy en día aprender a conducir es sencillo. Los sistemas de tráfico son exigentes porque la conducción exige mucha responsabilidad. Pero hay que contemplar que hay más carnés de conducir en España que títulos de enseñanza primaria. Ojalá hubiera tantas empresas como carnés de conducir. Eso sería buena señal, sobre todo, en este momento.

-Una autoescuela sevillana que se llama Leonesa. ¿De dónde le viene el nombre?

-La autoescuela la funda en 1964 mi padre, José Luis Laguillo, el mismo año en que se casa con mi madre, que es de León. Es así de sencillo. Lo que es curioso es cómo se conocieron. Él iba de viaje y se encontró a una persona haciendo autostop, que resultaría ser la abuela de mi madre. La llevó a su casa, a un pequeño pueblo de León, Gradefes de Rueda, de unos 300 habitantes, y allí conoció a mi madre.

-¿Por qué una autoescuela?

-Mi padre montó la autoescuela para dar trabajo a varios hermanos. Él había trabajado con los americanos en la base de Morón en los 50 y llevaba temas de seguros, compraventa de vehículos... Luego lo fue dejando todo para centrarse en la autoescuela.

-¿Cómo se produjo el relevo? ¿Fue una decisión voluntaria o algo obligada?

-Tras estudiar la carrera de Derecho yo tenía la idea de encontrar un puesto en la Administración. Eran los 80 y se congeló mucho la oferta de empleo, como ahora. Abrimos una asesoría un grupo de compañeros, que intenté compatibilizar con los inicios en la autoescuela. El relevo fue hace dos años, por el fallecimiento de mi padre, un momento muy difícil con la transformación de persona física en sociedad más la crisis. Pero ya llevaba 20 años haciendo funciones de gerente en la empresa.

-Justo coincide con los primeros signos claros de crisis...

-Intentar mantener los puestos de trabajo nos ha costado muchísimo. Ha sido mucho el esfuerzo que los trabajadores han hecho a expensas de la pérdida de poder adquisitivo. Todos hemos acordado reducir nuestra jornada de trabajo y la remuneración por el mantenimiento de los empleos, con la incomprensión de algunos. Recuerdo las últimas conversaciones con mi padre sobre la autoescuela, que eran de preocupación. Él vivió la crisis de los 80, del 93 y, como hombre de negocios, sabía que se avecinaban tiempos difíciles.

-¿Cuál es la problemática específica que acucia al sector?

-La autoescuela tiene una crisis particular debido a una situación demográfica que no se compensa con los canjes de permisos de los inmigrantes. Hay muchísimos profesionales nuevos que han tendido a crear microempresas. Se ha incrementado la oferta en momentos de bajada de demanda, lo que está provocando una caída de precios que beneficia al consumidor, pero dificulta mucho el mantenimiento de las empresas y de los salarios. Estamos viviendo muy en el límite de los márgenes.

-¿El carné, lujo o necesidad?

-El carné no es una primera necesidad. Es una necesidad, pero si puede esperar un año, espera. Primero está comer, vestir e incluso una parte del ocio.

-¿La crisis ha retrasado la edad para sacarse el carné?

-Se ha notado, pero más aún en los permisos profesionales. El transporte ha sido uno de los sectores más golpeados por la crisis. Al no haber demanda de trabajadores, la gente no se saca el carné por tenerlo y menos para conseguir un empleo. A eso se suma que se va a exigir una formación adicional que dificulta y encarece el acceso a la profesión.

-¿Un futuro negro?

-El sector servicios está muy en el silencio. Es una destrucción de empleo lenta pero paulatina. En Sevilla se ha podido perder casi el mismo número de trabajadores que tiene astilleros. Son microempresas que no cortan las calles, pero es el mismo número de dramas familiares.

-¿Por qué se da ese boom de autoescuelas y no otro negocio?

-Hasta hace dos años era una profesión muy demandada. Llegaban profesores hasta de Portugal. Tráfico hacía los cursos de los que salían unos 200 al año. El crecimiento económico creó un boom de alumnado. Recordemos que había que esperar para coger el coche porque no había profesores. Éstos, además, ganaban bastante dinero, muy por encima de la cualificación que tenían. Pero se modifica la normativa y de salir 500-1.000 profesores en tres o cuatro años, salen más de 10.000 en tres años. Se traduce en muchas microescuelas y una lucha por el cliente que ha llevado a tarifas más baratas que en 2005. Se ha empezado a apreciar economía sumergida porque ya no hay la obligación de presentar mensualmente los seguros sociales a Tráfico. Son momentos muy difíciles de competir y tenemos una estructura de personal más costosa que otras.

-¿Leonesa en números?

-Somos 110 trabajadores, tenemos una flota de entre 70 y 80 vehículos y 19 locales. Hace diez años abrimos IPG, Instituto de Planificación y Gestión, que desarrolla actividades formativas.

-¿Cuántos sevillanos se han sacado el carné en ella?

-Más de 110.000.

PERFIL: El empresario "progre"

"Sé que si tuviera menos personal trabajando más horas me saldría más barato". Pero Antonio Laguillo tiene claro que su empresa la rige "una apuesta social" en la que lo "último, último" es la eliminación de puestos de trabajo. Otra apuesta personal es su forma de entender el negocio como "empresa sin beneficios, en el sentido de que si hay excedente, se revierte en mejoras". Considera que la familia, propietaria 100% de la empresa, tiene claro que esto es así. "Aquí hay salario para el que lo trabaja y facilidad si alguien de la familia quiere trabajar". Y remarca que "el capital no es el valor fundamental. Los beneficios deben repercutirse en mantener a los 110 que somos. Para mí son como una gran familia", sin olvidar la formación y la promoción interna para escalar desde dentro. 

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