Toros

Once días de toros y un extraño ambiente

El ambiente pesó como una losa y ya estaba enrarecido antes de que sonara el primer pasodoble.

el 12 may 2014 / 23:21 h.

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El ambiente pesó como una losa y ya estaba enrarecido antes de que sonara el primer pasodoble. Las buenas entradas registradas el Domingo de Resurrección y en la novillada de intermedio fueron solo un espejismo que se rompió en mil pedazos con el comienzo del ciclo continuado de festejos. Ladrillos y más ladrillos en la feria más extraña que recuerdan los más viejos del lugar. Las mejores entradas, a la postre, correspondieron a los días en que se anunció Enrique Ponce –única figura con rango de tal en el abono– y ese cartel mediático que sumado a la fecha del Sábado de Farolillos sigue siendo un sorbete desengrasante para las cuentas de la empresa. La imagen del coso de la Maestranza repleto de aficionados haciendo sus pinitos junto a sus admirados toreros llegó de orgullo a los organizadores. / Foto: Toromedia La imagen del coso de la Maestranza repleto de aficionados haciendo sus pinitos junto a sus admirados toreros llegó de orgullo a los organizadores. / Foto: Toromedia Pero más allá de los aforos puntuales y de ese calor que apretó de lo lindo convirtiendo la estancia al Sol en una hazaña bélica, hay que constatar el cambio radical y no sabemos si irreversible, de la geografía humana de la plaza. La deserción masiva del abonado tradicional no era nueva pero sí se ha consumado este año aciago para cambiar por completo los comportamientos y hasta el alma más íntima de un recinto que no solo hay que entender desde su hermosa arquitectura. Ese nuevo pulso humano ha dado paso al espectador ocasional como nuevo cliente de la empresa. Hace muy poco habrían sido impensables esas palmas que pretendían acompañar los pasodobles. Tampoco es baladí el cambio en las costumbres indumentarias; esconden la huida de cierto público y la pulverización del catálogo de usos y costumbres que tanto tiene que ver con el alma hispalense. Ya lo hemos comentado en estas mismas páginas a lo largo de la Feria. Si los tendidos 1 y 3 han logrado mantener cierta personalidad, la nómina del 2 y el 4 –los más vacíos de la Sombra– ha variado por completo su naturaleza y hasta su comportamiento habitual. La resistencia más numantina –lejos de las algaradas soñadas por algunos– se ha concentrado en esos altos del 8 que este año, desgraciadamente, sí han encontrado justificación en su rigor y sus enfados premeditados. La política de precios no ha ayudado en nada. En vista de la que estaba cayendo, muchos aficionados esperaban que la empresa Pagés se descolgara con un cariñito en las carteras que no llegó a producirse. Las tarifas de la Sombra son hoy por hoy insostenibles y la prueba más palpable se vivió en Resurrección, con toda la solanera abarrotada y esos tendidos de Sombra –antes tan codiciados– repletos de huecos. La gran duda persiste: ¿si los toreros alzados volvieran a anunciarse en Sevilla se revocaría el nuevo escenario? Es difícil saberlo aunque la situación planteada ha supuesto un desgaste irremediable de la imagen de la empresa también ha socavado la popularidad de esos toreros que deberían haber escogido otros caminos para resolver sus diferencias con los empresarios sevillanos. Diferencias que, ésa es la clave, no interesan a la gente de la calle.

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