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¡¡¡Oondaaa....vii....taaaal!!!

el 18 ago 2011 / 15:53 h.

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Diferenciándose del anime que derivaría de él (emitido a principios de los noventa), en la no eternización de las sagas que lo componen (todo el mundo recuerda lo de los segundos que faltaban para que Namek explotara), Toriyama conseguía con las más de siete mil páginas en las que se extiende Dragonball un cómic que sabe como divertir, mantener la tensión y motivar a una lectura que, aunque en muchas ocasiones resulta rápida por las ingentes cantidades de viñetas que se dedican a las escenas de lucha, es de lo más gratificante. Poco se puede decir que no se haya dicho ya acerca de las inmensas virtudes del nipón como narrador, sobre todo en lo que a las peleas atañe, dominando a la perfección los encuadres y nunca cayendo en la desorientación espacial que tanto abunda en losmanga: a ninguna página de Dragonball puede achacársele el ser confusa o haber saltado de una viñeta a otra sin que la elipsis narrativa quede perfectamente definida. Esto, unido a la perfecta caracterización que Toriyama hace de todos y cada uno de sus personajes, y el derroche de imaginación y detalle que pone, no sólo en la creación de ellos sino en los fantásticos entornos donde va moviendo la acción, convierte a Dragonball en todo un ejemplo de manga a seguir.

En cuanto a los guiones, mucho se ha criticado la simplicidad de los mismos y como el avance de la serie acusa, a partir de la inclusión de Piccolo y la posterior aparición de la denominación Z, el síndrome del "malo más grande": los detractores de la serie siempre han arremetido contra el hecho de que, con la aparición de Vegeta, la frescura y humor de la primera parte de Bola de Dragón se pierda en un afán del Toriyama escritor por poner a prueba los límites de su storytelling a la hora de concretar el siguiente supervillano. Algo que resultaría negativo si el japonés repitiera esquemas cada vez que una saga acaba y comienza la siguiente. Pero ese no es el caso. Dragonball no acusa en ningún momento cansancio por parte de su creador, como mucho se le podría achacar una cierta premura en los últimos números, cuando cierra como loco los flecos que le han quedado sueltos, y aún así estaríamos haciendo flaco favor a todo lo que se desarrolla en el resto de la colección.

Y aquí hay decenas de momentos en los que detenerse: desde la impactante transformación de Goku en Superguerrero al sacrificio en la lucha con Radik o la fusión de los héroes; desde la revelación del origen de Piccolo y su relación con cierto personaje divino a la chocante muerte de Krilin; desde Vegeta convirtiéndose en Ozaru y Yajirobai tornándose en inesperado héroe a Célula alcanzando la perfección y transformándose en un ser invencible o la curiosa relación entre el monstruo Bu y Satán...
Tomada como lo que es, un entretenimiento de primer orden que no pretende mover a la reflexión profunda, sino hacer que el lector vuelva a una etapa de su vida donde bastaba con leer "Kamehameha" para ser transportados durante varios minutos a un mundo en el que todo era posible, Dragonball es una serie de esas que para siempre quedará bien guardada en un rincón especial de nuestra memoria.

Edita Planeta DeAgostini en 34 volúmenes rústica de 220/236 páginas por 7,95 euros c/u.

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