Cultura

Ópera frente a los agentes nocivos

el 11 jun 2014 / 23:51 h.

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El arte es especialmente sensible a todos los agentes nocivos externos. Llevamos varias temporadas del Teatro de la Maestranza convencidos de que estas no son exactamente como querría que fueran su director artístico, Pedro Halffter. Es más, estamos  seguros que únicamente el curso 2005/2006 fue el que más se aproximó a su ideal. La que ayer se presentó vuelve a contemplarse con cierta expectación y se desgrana con condescendiente convicción. No sucede lo mismo si miramos a Málaga, tan pujante en las artes plásticas, tan mortecina en las artes sonoras. Allí, el nuevo titular de la Filarmónica ha puesto sobre la mesa un infumable refrito de clásicos básicos para contentar al sector más reaccionario de público y políticos, al menos a aquellos que sólo  basan el éxito de un espacio público cultural en tener el menor número posible de asientos vacíos.

Podría pasar en Sevilla. Y puede que el escenario del curso 15/16 sea mucho peor. O no. Vaticinios al margen, el equipo de gestión actual del Maestranza está ampliamente respaldado por el público y buena parte de la crítica. Me atrevería a decir también que de los músicos. Expuestos los parabienes, llegan luego las inercias. Como la que nos lleva a señalar el poco interés que suscitan las puestas en escena de tres de las cuatro óperas programadas. O la reincidencia en títulos como Don Giovanni, Tosca y Norma, cuya única justificación posible es el respaldo inmediato que obtendrán. Se equivoca Halffter en su entusiasmo por la ópera de John Adams, Doctor Atomic, que ni es representativa de la música del siglo XXI–en todo caso de una pequeña y acomodaticia parte de la misma– y ni tan siquiera es la más valiosa de su autor; hubiendo sido preferible Nixon en China o La muerte de Klinghoffer. Una obra maestra del siglo XX, Wozzeck, es inédita en el Maestranza. Otra, Die Soldaten, lo es en toda España. Y operistas andaluces comoSánchez-Verdú y Elena Mendoza lo hacen todo fuera. No aquí. Con todo, no juzgamos el proyecto de Halffter agotado, sí asfixiado por las exigencias de dividendos. Y no creemos que tenga arreglo fácil. Quien le suceda, de producirse la renovación, se las verá con el mismo problema. O lo sortea, como actualmente, o se acaba claudicando y reconociendo que, puestos a vender, una Carmen de faralaes en la Maestranza es la mayor apuesta programativa que poner sobre la mesa.

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