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Oración a un libro viejo

En la exposición de libros singulares de la Universidad solo se echan de menos candeleros ante las vitrinas y un cepillo para las rogativas. Por lo demás, como capilla, no le falta un perejil.

el 23 feb 2012 / 19:00 h.

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¿Cuánta gente irá cada día a rezarle algo a la estatua de San Serapio mártir, en la iglesia de San Gregorio? ¿Y a los libros antiguos que han expuesto en el vestíbulo de Filología, quién ira a decirles un padrenuestro? En esta ciudad de cultos tan surtidos como extraños, a veces extravagantes y por lo general intensos, sorprende que la gente pase por delante de la exposición El esplendor de la letra no ya sin ponerse de rodillas, que sería lo suyo, sino sin santiguarse siquiera. Pero la gran tragedia de la cultura sevillana (que ningún librero pusiera nunca en su puerta una pila de agua bendita) puede repararse ahora yendo el vecindario a postrarse en masa un rato ante esas obras extraordinarias procedentes del Colegio San Francisco de Paula. Docenas de títulos que la Providencia ha conservado para recordarle al ser humano que sin tinta y sin papel seguiría siendo un lozano ejemplar de cavernícola echado a perder... y para prevenirle de que siempre estará a tiempo de ello.

Este sentimiento reverente hacia los libros tiene una excepcional caja de resonancia en los muros de la Universidad, donde el saber adquiere un aire pontificio y la piedra despide una humedad vaticana. También ahonda en esta percepción religiosa el reparto de los libros en urnas con un cierto aire funerario. Pero sobre todo, son los propios libros los que llaman a la devoción con su aura de solemnidad. Cómo admirar, si no, ese precioso incunable de 1497 con Las metamorfosis de Ovidio. Habrá quien diga que vaya pedazo de tostón (es lo que tienen las religiones: enemigos), pero también los habrá que entren en éxtasis al imaginar al bueno de don Publio escribiendo bajo el candil la historia  de ciencia ficción más grande de todos los tiempos (con permiso de Homero), y que se imagine el amor con el que, pasados los siglos, en 1497, un impresor veneciano tuvo el acierto de editarlo. Y que ahora, dos mil años después de la escena del candil, lo tenga ante sus propias narices. Si esto no le parece una reliquia, lo de la sangre de San Genaro le parecerá un cubata aguado.  

Las comedias de Plauto, las Reglas del bien hablar y escribir de Miguel de Salinas, los Engaños de este siglo de La Marque, las Etimologías de San Isidoro, un volumen de la primera edición de la celebérrima Encyclopédie de Diderot y D'Alembert, un Lope de Vega publicado en vida del autor, la primera edición de Le marriage de Figaro de Beaumarchais, un Henry VIII de Shakespeare de 1632... Tinta que ha construido imperios, erigido sueños y parido épocas enteras, reunida tras el portal más hermoso de la calle Palos de la Frontera. Y todo esto, para que los paisanos lo vean. Comprenderá usted que había que contarlo. Si la gente supiera más cosas de los libros y de San Serapio, sin la menor duda acudiría a rezarles con franca veneración. De esto último, si acaso, que se encargue el Arzobispado: aquí no hay más espacio.

De utilidad:

Qué es: El esplendor de la letra, manuscritos y libros singulares de la biblioteca Francisco Márquez Villanueva, del Colegio San Francisco de Paula. Dónde: Patio de Filología, Universidad de Sevilla (antigua Fábrica de Tabacos). Cuándo: De lunes a viernes, de 10 a 19 horas.

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