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Ordenadores, ¿gratis o pagando?

José Luis Rodríguez Zapatero ha prometido, en el último Debate del Estado de la Nación, lo que llevo predicando desde hace mucho tiempo y casi un año en las páginas de este periódico: un ordenador para cada alumno a partir de quinto de primaria.

el 16 sep 2009 / 03:11 h.

José Luis Rodríguez Zapatero ha prometido, en el último Debate del Estado de la Nación, lo que llevo predicando desde hace mucho tiempo y casi un año en las páginas de este periódico: un ordenador para cada alumno a partir de quinto de primaria. Ya sé que la medida no satisface a todos, porque se sigue mirando al ordenador con el mismo respeto, reverencia y ensimismamiento con que se miraba el televisor cuando la televisión hizo su aparición en el siglo pasado. Y se sabe aquello de que cuando alguien señala con el dedo a la luna, algunos se quedan mirando al dedo. Y al dedo miran los que discuten la necesidad o no del aparato. Quienes estamos convencidos de que la nuevas tecnologías de la información y el conocimiento están produciendo una revolución, de características nunca vistas en la historia de la humanidad, sentimos la misma sensación ante la incomprensión de algunos, similar a la que ahora nos produce a todos la contemplación de los apedreamientos que los ganaderos del Oeste americano dedicaban al ferrocarril cuando empezó a circular por su territorio. Hoy nadie discute que aquello fue un gran descubrimiento y todos sabemos y aceptamos que el tren nos traslada más rápido que lo hacían las diligencias de un lugar a otro. Cuando Ford inventó el coche utilitario, pronunció una famosa frase que resume bien lo que está pasando con las nuevas tecnologías y la oposición que aún suscitan en los que siguen pidiendo que nada cambie, aunque todo esté cambiando: "Si yo le hubiera preguntado a los americanos por sus deseos para viajar, seguro que me hubieran pedido caballos más rápidos. Yo les di un coche"

Si el Presidente del Gobierno hubiera preguntado a algunos profesionales, que qué era lo que querían para el sistema educativo, seguramente hubieran respondido como los americanos ante la requisitoria de Ford. Afortunadamente, Zapatero ha entendido, comprendido y asimilado que los caballos más rápidos ya no son la solución para una sociedad que no se parece en casi nada a la que se nos está yendo. El ordenador en manos de los alumnos adolescentes no es un cacharro para que jueguen y pierdan el tiempo; es un instrumento educativo de primera necesidad y capaz de hacer entender y comprender el mundo de hoy como jamás se pudo hacer. Una imagen vale más que mil palabras, pero en el ordenador, en la red las imágenes se multiplican por millones y las palabras igual.

Jamás fui capaz de entender el funcionamiento del tornillo sin fin ni la cámara oscura cuando el profesor, armado con tiza y pizarra, nos pintaba un dibujo analógico que para nada se parecía a la realidad de lo que esas cosas eran. Como muchos estudiantes, tuve que aprender de memoria las partes de un glaciar o los polígonos estrellados de veinte puntas, sin que en mi vida haya sido capaz de hacerlo, por la sencilla razón de que nunca pude ver ni una cosa ni otra. La memoria hacía de las suyas cuando en los exámenes memorísticos teníamos que escribir o recitar los huesos del cuerpo humano o las famosas partes del oído, que más que a oído, nos sonaban a herrerías. Hoy, gracias a las nuevas tecnologías, los alumnos pueden ver en tiempo real y en tres dimensiones todo lo que existe en el mundo, desde El Cañón del Colorado hasta el movimiento de los astros, pasando por la erupción de los volcanes.

Ya sé que hay profesionales de la educación que consideran que ellos no están preparados para enfrentarse al manejo de unos cacharros tan complicados; tampoco lo está el médico y, sin embargo, todos sabemos que no es lo mismo detectar un tumor con la tecnología de los Rayos X que con los TAC de tercera generación. La diferencia es que el médico no duda en ponerse manos a la obra para aceptar y dominar las últimas tecnologías y algunos docentes se resisten a reciclarse y meterse en el mundo digital que, sin duda, es el mundo de los adolescentes y universitarios que visitan sus aulas.

Si fuéramos capaces de entender que el ordenador no es el enemigo del profesor, sino un instrumento cargado de información que nos libera de la tarea de dictar apuntes y dar clases magistrales para convertirnos en agentes capaces de transformar esa información en conocimiento, que permita a los alumnos descubrir, durante la formación primaria y secundaria, sus actitudes, sus motivaciones, sus emociones, estaríamos contribuyendo a la formación de una nueva generación de españoles que estarían en condiciones de aprovechar las oportunidades que esa nueva sociedad está ofreciendo ya en otras latitudes.

Hecha la promesa del Presidente sobre los ordenadores, queda por dilucidar el tipo de licencia que esos aparatos incorporaran para hacerlos operativos. Frente a los que piensan que un ordenador por alumno es un gasto excesivo, sostengo que el gasto de verdad vendrá si las administraciones educativas deciden pagar licencia por cada programa incorporado al mismo. En el mercado existen dos tipos de licencia: la licencia propietaria y la licencia libre. Si una Administración sacara a concurso la construcción de una carretera y una empresa se comprometiera a construirla cobrando el precio establecido en el concurso, y otra empresa se comprometiera a hacerla gratis, nadie entendería que la Administración correspondiente adjudicara la obra a quien cobraba y no a quien la ejecutara sin costes para los contribuyentes. Esa es la situación que se producirá cuando se entreguen los ordenadores a los alumnos. La decisión no ofrece dudas.

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