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Orgullo gay: porque las agresiones continúan

Alrededor del 16% de los adolescentes homosexuales ha sufrido violencia física. El 9% de los estudiantes de Secundaria reconoce tener una orientación sexual distinta

el 27 jun 2013 / 23:30 h.

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"Hay esperanza de luz al final del túnel de la homofobia”. Así lo refleja un estudio centrado en la tolerancia en las aulas, concretamente en la época de la adolescencia, cuando los gais y lesbianas comienzan a salir del armario pero se encuentran muchas veces con el rechazo de sus compañeros, lo que hace que muchos decidan retrasar el momento de hacer pública su orientación sexual. En los últimos años las cosas han cambiado, aunque aún queda camino por recorrer, un camino en el que deben ir de la mano padres, profesores, alumnos y administraciones públicas, defendió ayer Raúl del Río González, presidente de la Fundación Triángulo en Andalucía, organización que ha elaborado el informe, presentado un día antes del día del día internacional de este colectivo. Uno de los datos espeluznantes que más respaldan esta necesidad es que el 16% de los encuestados podrían haber sido agredidos físicamente por sus compañeros, bien porque ya habían reconocido su condición, bien porque los agresores pensaban que eran homosexuales. Se trata de un estudio realizado en los últimos tres años sobre una base considerable, más de 2.300 encuestas realizadas en institutos de secundaria de Andalucía, distribuidos en zonas urbanas, semiurbanas y rurales. Es decir, los participantes han sido adolescentes con edades comprendidas entre los 12 y los 16 años. De ellos, el 5% reconocía sentir atracción por personas de su mismo sexo y el 4% por los dos. “Este estudio pone de manifiesto que son muchos los que, si se les dejara expresarse libremente, se mostrarían como son”, destacó Del Río, quien incidió en que “dar esa visibilidad en el aula es fundamental para que la comunidad educativa conozca las necesidades”. Los resultados así lo corroboran: muchos de los estudiantes homosexuales siguen padeciendo agresiones físicas y verbales y sus compañeros, a pesar de presenciarlas, no lo denuncian porque temen el “efecto contagio”, es decir, esa situación que puede dar lugar a que otros piensen “si defiendes a un homosexual, será porque tú también los eres”. Del informe se desprende que el 22% de los alumnos reconocen haber estado presente cuando se ha dado alguna. ”Hay que luchar contra la cultura del silencio”, defiende el informe. En cuanto al perfil del agresor –un 2,1% de los encuestados reconoce haber utilizado la fuerza alguna vez contra un compañero homosexual o que podría serlo–, “el perfil no es solo de un chaval hetero, sino de una chica heterosexual, una cantidad de mujeres mucho más significativa de lo que se podía esperar originariamente”, apunta el estudio. En lo que se refiere a las características del agredido, son más los que se definen como heterosexuales los que son objeto de violencia física, aunque esto “puede deberse a que un agredido no quiera, por su seguridad, reconocer en una encuesta esta circunstancia, teniendo en cuenta que tienen a pocos metros a sus agresores”, explicó Del Río. A ello se suma los que podrían en apariencia serlo y no lo son pero sufren igual la violencia. Pero los adolescentes no solo tienen que hacer frente a los golpes o acorralamientos. También a insultos como “bollera” o “maricón” y, si bien los autores del informe partían de la premisa de que todo el mundo utiliza estas palabras de forma transversal e incluso cuando se tuviera conciencia de las diferentes orientaciones sexuales, se da un patrón definido. Así, las agresiones verbales se concentran fundamentalmente entre los hombres heterosexuales, ya que lo hacen el 67% de los encuestados, frente al 39% de las mujeres heteros. Las bisexuales son la que menos usan estos insultos, por debajo incluso de las lesbianas. Tolerancia // Uno de los parámetros del estudio que mejor refleja la tolerancia de los chavales ante otras orientaciones sexuales es el que se refiere a la aceptación de cercanía de homosexuales. El 66% de los encuestados “ya ni se plantea la discriminación como una opción, aunque hay que trabajar para que ese porcentaje pase a ser un 90% e incluso el 100%”. Si se analizan los resultados de los que sí tienen algún problema respecto a la orientación sexual de terceros, se puede observar “cómo el grado de proximidad o de implicación afectiva van poniendo contra las cuerdas los discursos aparentemente libres de homofobia, con matices que pueden llegar hasta el rechazo del mejor amigo por ser gay o lesbiana”. De este modo, el 20% contesta que le molestaría tener un homosexual en clase o preferiría no tenerlo, mientras que este porcentaje crece hasta el 29% si se trata del mejor amigo. A mayor cercanía, más rechazo entre los que tiene prejuicios. “Expresado en público, esto supone una fuerte presión sobre los homosexuales y los bisexuales que ven cómo su orientación sexual podría suponer un problema para el 30% de sus amigos y por tanto inhiben una parte importante de su desarrollo personal, con todo lo que eso conlleva”, apunta el estudio. En cualquier caso, son muchos los avances logrados en los últimos años en lo que a tolerancia se refiere. “Se siente que estamos en un periodo de transición entre una sociedad más homófoba y otra que no lo es tanto”, añadió el presidente de la Fundación Triángulo en Andalucía. En este sentido, el informe recoge que, a pesar de las dificultades aún existentes, “el país en el que viven nuestros adolescentes es totalmente distinto al de hace 30 o 40 años”. De hecho, a finales de los setenta aún había en España presos condenados por su orientación sexual. Pero no todo está hecho, ya que “no dejan de ser situaciones excepcionales aquellas en que la salida del armario se produce sin complicaciones” durante la adolescencia, sobre todo en institutos especialmente sensibilizados, grandes núcleos urbanos o entornos culturales altos. “Muchos profesores siguen dando por sentado que todos sus alumnos son heterosexuales”, reconoce el estudio, que hace hincapié en que “algunas instituciones vinculadas a la educación como la Iglesia Católica se resisten a aceptar la diversidad que existe no solo en la sociedad, sino entre sus propios fieles y prelados”. Esta circunstancia hace que algunos chavales vean un blanco fácil en sus compañeros homosexuales y de ahí que aún siga siendo “relativamente excepcional que esta diversidad se manifieste abiertamente en las aulas, o que veamos parejas del mismo sexo por los pasillos y patios de nuestras escuelas e institutos”. Esto provoca el miedo al rechazo en muchas ocasiones que provoca un retraso entre los adolescentes a la hora de admitir su homosexualidad. En general, los hombres salen antes del armario que las mujeres, mientras que estas últimas son más tendentes a la bisexualidad. De ahí la importancia, según Del Río, de que las administraciones públicas tengan en cuenta en sus políticas esta situación, “más que el hecho de que se destine un mayor número de recursos”. En este contexto, denunció que la desaparición de la asignatura de Educación por la Ciudadanía por parte del Gobierno de Mariano Rajoy “ha sido una equivocación”, ya que “educaba en el entendimiento a la diversidad, algo que es clave para desarrollar la tolerancia entre los adolescentes”.

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