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Cultura

Oriol Maspons, a la espera de su Lady Godiva

El veterano fotógrafo catalán participa en los encuentros de SevillaFoto.

el 19 may 2010 / 20:06 h.

Oriol Maspons, en el centro, escoltado por Eduardo Momeñe y Pep Bonet.

En medio de una atmósfera que rezumaba dogmatismo se enredó un grupo de gente brillante y original que recibió el cuño de Gauche Divine. Vivían en la Barcelona de los 60, eran "niños de papá y de mamá", se adhirieron a la izquierda "por divertimento" y profesaban la única fe de la cultura... "y el buen comer". Entre Rosa Regás, Óscar Tusquets, los hermanos Goytisolo, y Ana María y Terenci Moix, se encontraba un fotógrafo a quién Esther Tusquets le atribuye en sus últimas memorias, Confesiones de una vieja dama indigna (Bruguera), la responsabilidad de haberla despojado de su virginidad.

El morbo, pues, estaba servido cuando un socarrón Oriol Maspons -un fotógrafo con actitud, siempre contraponiendo su lado más inocente con el más sugerente-, llegó ayer a la sede de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) para participar en los encuentros organizados por el Festival SevillaFoto, que reune a lo más granado de la profesión fotográfica del país. Maspons ni siquiera defraudó a los periodistas que se congregaron por la mañana para interpelarle sobre su trayectoria. Se despachó a gusto.

De primeras, este artista nacido en la Barcelona de 1928, arremetió contra los nuevos procesos digitales. "Se ha aniquilado la emoción y la sorpresa. Prefiero lo antiguo, la emoción del revelado, de escoger los contactos", dijo Maspons, que a partir de ahí se enredó en una deliciosa conversación con los compañeros de profesión Eduardo Momeñe y Pep Bonet acerca del jugoso anecdotario que le ha deparado sus cincuenta años de profesión. "Lo mejor era cuando Óscar Tusquets me encargaba libros y me mandaba una semana a Valladolid a cazar perdices con Miguel Delibes. Yo no quería hacer otra cosa... Pero lo que más me gustaba era también hacer portadas para Carlos Barral", recuerda un locuaz Oriol Maspons, que no tiene remilgos en poner cada cosa en su sitio.

Porque ¿todo empezó con la gauche divine? "Eso fue un grupo de amigos que nos reuníamos a comer en Casa Mariona. Éramos de izquierdas, pero no mucho y duró lo que tenía que durar... Además, aunque a Rosa Regás le joda que lo diga, éramos unos pijos", replica este inmenso fotógrafo de retratos, que también recuerda sus estancias en París y Nueva York. Ésta última "es la ciudad que más me gusta del mundo, aunque sólo la he visitado seis veces". Recuerda la primera de ellas como si fuera ayer. Se coló en casa del pope de la fotografía Richard Avedon -"qué cara teníamos", se ríe- y conoció el MOMA -el Museo de Arte Moderno-. "Me pasé tres o cuatro días dentro. Entonces estaba allí el Guernica y te podías acercar tanto a los cuadros que se podían lamer. Yo le dí con la lengua a la firma de Picasso", dijo ayer Maspons sin despeinarse.

Y a partir de ahí, el fotógrafo más cotizado de la Cataluña de mediados del siglo XX dio rienda suelta a una de sus pasiones más queridas: hablar de las mujeres hermosas que ha fotografiado, cientos de ellas. Mujeres anónimas, bellísimas, que posaron con espontaneidad y atrevimiento ante la cámara de un autor que supo dotar a su trabajo de un genuino sentido del humor sustentado en un exquisito doble juego de inocencia y provocación. "Eran todas chicas guapas, pero serias y honradas, no como las de Alberto García-Alix, a ésas no las quiero", dijo el artista entre las risas de su auditorio.

Pero aún así, y después de medio siglo retratando lo humano y lo divine, Oriol Maspons aún tiene asignaturas pendientes: "Me queda por hacer la foto de una mujer negra montada a caballo, pero desnuda, como Lady Godiva.... Pero no me copieis la idea, eh?", avisó.

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