Cultura

Ortega Cano, íntimo en la visión de Ginés Parra

El sello Guadalturia presenta una biografía del diestro.

el 19 nov 2010 / 19:45 h.

Ortega Cano, con el libro en una mano y el capote en otra.

Son los años perdidos de Ortega Cano. La forja del hombre y el torero antes de que la luz de los focos del colorín desdibujara en parte la figura de este matador que fue gran figura del toreo antes de convertirse en el marido de otra grande.

"La verdad es que siempre me ha costado mucho trabajo hablar de mi vida, de mi historia como torero, pero apareció Ginés Parra un día en Yerbabuena y en vista de que pasó un mes, pasaron dos meses, y no se iba, fuimos a casa de un amigo en Castilblanco de los Arroyos que le regaló un dietario. Ahí empezó Ginés a escribir cosas mías que me fueron gustando mucho", rememoró el torero en la presentación de Ortega Cano. La forja de un torero, que es el resultado de las confidencias entre ambos.

Convertido en el mejor presentador de sí mismo, Ortega recordó los años en los que quería ser torero y acudió por primera vez a los toros de la mano de su padre: "Lo que más me gusta de este libro es que el protagonista principal no soy yo. Son mi madre y mi padre en su lucha por sacar adelante a una familia de cinco hijos. Nosotros vivíamos en Cartagena y se puso la cosa muy complicada y decidieron marchar a Madrid en un tren de ésos que tardaban dos días en llegar. En realidad es la historia de tantos españoles, de tanta gente que tiró para adelante sin ningún medio", rememoró Ortega, que viajó por los años duros en los que se forjó su vocación taurina señalando que "quería sacar a mi familia de la pobreza. Vivíamos en el Puente de Vallecas, en un cuarto con una sábana en medio para separar la cama de nuestros padres de las nuestras, como tanta gente en aquellos años".

El maestro comparó su vida como torero con "unos dientes de sierra; cuando he logrado el éxito, han llegado los percances y la oscuridad. Un amigo mío asimiló mi vida con el viaje de un tren: un tren que empezó yendo despacio, que descarrila, pero que acaba siendo el AVE".

Ortega Cano también se refirió al reciente percance sufrido en su finca, del que se encuentra restablecido. Según apreció, "ha sido una lesión bastante complicada; he tenido antes otras cornadas y golpes, pero como éste de la cabeza, ninguno. Tuve dos coágulos y los médicos no sabían si eso tenía que operarse o si se reduciría con la medicación. Afortunadamente así fue".

En cualquier caso, descarta volver a asomarse a los ruedos, aunque sí ha vuelto a torear alguna becerra en el campo: "Se lo he prometido a mis hijos y a toda mi familia, no volveré a torear en público, ni vestido de luces ni en festivales".

El autor de la obra, que aludió a los recovecos desconocidos del torero explicó que "fue el propio Ortega el que me preguntó si me atrevía a escribirlo. Le leía las páginas y aquello continuaba. Decía que me había convertido en un okupa. Aquello me dio ilusión para continuar escribiendo. Lo dedico a sus hijos, que hicieron que mi tiempo allí se hiciera corto".

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