Otra oportunidad más allá de los 50

Inés Rosales incorpora a su plantilla a mujeres que antiguamente trabajaron como labradoras.

el 20 dic 2010 / 20:40 h.

Estas mujeres dan forma una a una a las tortas de aceite a un ritmo de vértigo.

Rocío Rodríguez es de Castilleja de la Cuesta, tiene 58 años y, como muchas en su pueblo, experiencia haciendo tortas de aceite. En su caso durante nueve años, cuatro en Inés Rosales y cinco en Ruperto de los Reyes. No tenía trabajo desde hacía tiempo, porque lo dejó para criar a sus hijos. Hasta hace un par de semanas. Inés Rosales acaba de contratar a 16 mujeres, todas de más de 50 años, para poder hacer frente a la elevada de demanda de su producto, que con su exportación ya a todos los continentes está superando las expectativas de los dueños de esta empresa, que celebra este año su centenario.

"Estoy encantada, para mí es como si me hubiera tocado la lotería, y me siento realizada con este trabajo, porque ya no estoy sólo en casa", cuenta mientras ejerce de labradora, las mujeres -no hay ningún hombre- que dan forma a las célebres tortas de aceite de Inés Rosales, que un siglo después de la fundación de la empresa todavía se hacen a mano.

Inmaculada Cárdenas es la encargada de turno y tiene el cometido de formar a este grupo. Está satisfecha con su evolución. "Sólo una mujer, que no tenía ninguna experiencia como labradora, no pudo superar el periodo de prueba, pero el resto están entusiasmadas y con muchos progresos", cuenta mientras supervisa su labor ante unas cintas que transportan sin tregua las bolas de pasta que deben aplastar y convertir en tortas de aceite.

Son justo 16, las que completan un turno, de manera que la fábrica, situada en Huévar del Aljarafe, ya no sólo hace tortas de aceite por la mañana. "Teníamos que cubrir un 40% más de producción y con estas incorporaciones esperamos lograrlo", expone Ana Moreno, una de las responsables de la empresa, consciente de que era necesario buscar a mujeres con experiencia en este oficio "que no se aprende en ninguna parte" pero al mismo tiempo satisfecha de que se le haya dado respuesta a situaciones muy dramáticas en algunas familias. "Hay casos de mujeres que han conseguido este trabajo cuando el resto de la familia está en paro y a punto de embargarle la casa", comenta al tiempo que celebra que Inés Rosales pueda seguir creando empleo, en un colectivo con especiales dificultades para la inserción laboral, con los tiempos de crisis que corren.

De la fábrica salen diariamente 400.000 tortas de aceite, que son su producto estrella, pero también otros dulces, como los cortadillos (unos 4.000 kilos diarios). Las imprescindibles manos de mujer para moldear estos dulces conviven con las últimas tecnologías, como el ultrasonido con el que se dividen los cortadillos (las cuchillas arrastraban y estropeaban el cabello de ángel y si se mojaban era peor porque humedecían el dulce y reducían la vida de un producto que no lleva conservantes). O el ordenador que toma fotografías una a una de las tortas de aceite para desechar las que no cumplen los mínimos de calidad fijados por la empresa (redondez, tueste...). Pero no se desperdicia nada, las que no están listas para salir al mercado, pero igualmente deliciosas para el consumo, tienen fines solidarios, como ir al Banco de Alimentos.

Eso, combinado con unos ingredientes de máxima calidad, y directamente ligados a la dieta mediterránea reconocida recientemente como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, como el aceite de oliva virgen extra de Osuna que usaban el día de este reportaje, la convierten en un dulce capaz de despertar emociones. Como las de Lorenzo Milá, que escribió a Inés Rosales encantado cuando vio que en Nueva York ya las podía comprar, o las de un chef de Portugal que lo hizo para contar cómo las había combinado para una receta de cocina creativa, o las de un habitante de Australia impresionado por su sabor... Son correos electrónicos que a diario recibe esta empresa que se hace querer.

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