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Otra Sevilla es posible

Entre la imposible estatua ecuestre de la madre del Rey o del indio de Kansas City y la orquestina de rusos en la calle Tetuán; entre la Duquesa de Alba y Sánchez Gordillo; entre La Cartuja y la avenida de la Paz; entre Luis Cernuda y Manuel Machado; entre las Tres Mil y los Remedios...

el 15 sep 2009 / 17:01 h.

Entre la imposible estatua ecuestre de la madre del Rey o del indio de Kansas City y la orquestina de rusos en la calle Tetuán; entre la Duquesa de Alba y Sánchez Gordillo; entre La Cartuja y la avenida de la Paz; entre Luis Cernuda y Manuel Machado; entre las Tres Mil y los Remedios; entre la calle Pureza y cualquier multicines; entre el potaje y la cocina de diseño; entre las calentitas y los guisos senegaleses; entre San Telmo y cualquier casa okupa.

Hoy, la iniciativa cívica Sevilla Abierta celebra su asamblea anual en el Parque del Alamillo. A lo largo de los últimos dos años, Sebastián Chávez y los suyos siguen empeñados en demostrar que más allá de los escaparates de la capital existe otro pulso diferente, una visión diversa de lo que encierran sus calles, su imaginario y su futuro.

Falta hace cuando el barroquismo secular de este complejo universo urbano se convierte a veces en cainismo. La pasión apasionante se solapa demasiado a menudo con la sinrazón. El purismo oculta intereses bastardos. Las opiniones se disfrazan de dogmas y no cabe siquiera un trampantojo que nos salve de ese eterno claroscuro sin soluciones intermedias.

La naturaleza imita al arte y el tópico se hace vida cotidiana. Aquí se es de Sevilla o de Triana, de Carmen o de don José, del Betis o de Lopera, sin posibilidad de diálogo a la fresquita de las vetustas sillas de anea quizá porque no hay silencio ni calma bajo tanto repique de campanas, el timbre del tranvía, los cantes por soleá, las cornetas y los tambores; claxons de Torneo, cohetes del Rocío, encendidos discursos de los popes de la política, rumores de la plaza o noticias en la radio. Está claro, al menos, que este lugar sigue teniendo mucha vida porque no estamos desde luego en el patio de los callados.

Como muestra un botón: si hace justo una semana y en esta misma sección elogiaba públicamente la disidencia lucida contra la Biacs, desplegada por a Plataforma de Reflexión sobre Políticas Culturales, cualquiera en su sano juicio podría quedarse pasmado al echarle un vistazo al intercambio de exabruptos que puede leerse en el blog de su página virtual, en e-sevilla.

En ella convive un estimulante debate estético con insultos de toda suerte contra Amalia Bulnes, Ismael G. Cabral y otros periodistas de El Correo por el simple pecado de contar la bienal artística como creen verla. Mal argumento el insulto, cree uno sin saber a ciencia cierta ya donde quedan las lindes de su habitat ni de su pensamiento. Un reflejo, a fin de cuenta, de que las viejas heridas que no se orean, terminan por enconarse.

Al menos Sevilla Abierta, de una forma discreta y discursiva, lleva otra bienal intentando demostrar que otra ciudad late por debajo del envoltorio oficial y de las tiendas de souvenirs; la de todos aquellos que la inventan a diario, ya sean sevillanos de carrera, fijos-discontínuos, visitantes, transeúntes o contratados por hora para construir este raro sueño a la medida de todos.

Y no ya sólo de un selecto reducto de modernos o modelnos, pero sobre todo de chiitas que defienden un tiempo que ya no existe y a su vez tan legítimo. Como el porvenir heterodoxo que proponen y auguran estos sevillanos que siguen estando abiertos como el viejo Guadalquivir al Nuevo Mundo. Otra Sevilla es posible para seguir siendo Sevilla.

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