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P4P4P o incluso pagar por ser buenos

Diversos factores, entre los que sin duda destacan los nuevos patrones demográficos y la vocación por la estabilidad de las cuentas públicas, ponen cada vez más en el punto de mira de las preocupaciones de la política económica una de las partidas cuantitativamente prioritarias del presupuesto...

el 16 sep 2009 / 07:14 h.

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Diversos factores, entre los que sin duda destacan los nuevos patrones demográficos y la vocación por la estabilidad de las cuentas públicas, ponen cada vez más en el punto de mira de las preocupaciones de la política económica una de las partidas cuantitativamente prioritarias del presupuesto: la asistencia sanitaria. Sin meternos hoy en harina, baste como ejemplo de las enormes contradicciones, paradojas y tensiones que origina este apartado el comparar el programa sanitario de la administración Obama en EEUU con el programa (a efectos prácticos) de la administración responsable de esta parcela en España (es decir, los gobiernos autonómicos): mientras que la primera se ha conjurado para ampliar sustancialmente el alcance de la sanidad pública, las segundas (a ritmos muy diferentes a lo largo del país, sin duda) apuestan por externalizar una cantidad creciente de servicios sanitarios hacia empresas privadas.

Lo más llamativo es que todas estas y otras reformas pretenden justificarse en base a un mismo y muy real problema: el creciente coste de estos servicios que amenaza con hacerlos insostenibles. La diferencia, si se quiere, es que en el caso de EEUU se siente que el coste del sistema de salud pone en peligro el conjunto de la economía, por ser cada vez más gravoso para empresas y familias, mientras que en España las administraciones responsables sienten que pone en peligro su estabilidad presupuestaria.

El reto común es, así pues, controlar y racionalizar un gasto que amenaza con desbocarse. Entre las políticas dirigidas a este objetivo que más consenso despiertan en las últimas décadas tenemos las campañas legales e informativas de prevención de malos hábitos. Medidas como, por ejemplo, el control del tabaquismo o el exceso de grasas en los alimentos, que a corto plazo ayudan a mejorar la calidad de vida y a medio plazo son de esperar que ayuden a contener el gasto en enfermedades, parecen opciones obligadas y que incluso admiten un mayor recorrido. Y precisamente intentar estirar los beneficios de estos programas a partir de los descubrimientos de la psicología económica es lo que, de manera muy llamativa, intenta con su propuesta de estrategia P4P4P el profesor de Wharton Kevin Volpp.

Aclaremos ya que esto de P4P4P es el acrónimo en inglés de "pago por el desempeño de los pacientes", y es parte de un esquema dirigido a mejorar la salud de la gente (y contener los diversos costes sociales ligados a ello) a base de pagar cantidades en metálico a quienes adopten hábitos saludables.

Se debe recurrir a ello porque la gente no cambia de comportamiento a corto plazo si el beneficio esperado se demora al largo plazo, y más si es algo intangible, como tener una pasable condición física de aquí a diez o veinte años. La solución deducida por Volpp a partir de sus experimentos con adictos al tabaco es diseñar un sistema de pagos directos bajo el principio de que las recompensas, aun pequeñas, tienen un mayor efecto cuando antes se entregan: en otras palabras, lo ideal sería hacer comprobaciones periódicas muy frecuentes junto a entregas inmediatas de dinero a los que efectivamente acrediten haber adoptado la conducta objetivo.

¿Quién entregaría los incentivos? El empleador, por ejemplo. A cambio obtendría una plantilla más saludable y productiva. La idea puede resultar pintoresca pero tampoco se vayan a creer que nadamos en propuestas brillantes y eficaces a la hora de afrontar la contención del gasto sanitario.

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