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Pacto con nuestros jóvenes

El fin de semana pasado hice una comparación entre las ofertas de trabajo anunciadas en la prensa española y la prensa del resto de la Unión Europea. Las conclusiones fueron dos. La primera es que las ofertas de trabajo en la prensa española son muy inferiores a las ofertas...

el 15 sep 2009 / 00:34 h.

El fin de semana pasado hice una comparación entre las ofertas de trabajo anunciadas en la prensa española y la prensa del resto de la Unión Europea. Las conclusiones fueron dos. La primera es que las ofertas de trabajo en la prensa española son muy inferiores a las ofertas de trabajo en la prensa alemana, por ejemplo. Segunda, en España se buscan, fundamentalmente, comerciales y técnicos comerciales. Una pequeña parte de las ofertas españolas está dirigida al área técnica, tales como jefes de obras, técnicos de mantenimiento o, incluso, esporádica y raramente, se buscaba algún ingeniero de redes o algo similar. Todas esas ofertas indican que estamos ante un país de comerciantes. Pero, ¿quién inventa los productos que nosotros vendemos a otros? En los periódicos alemanes o finlandeses hay páginas enteras buscando ingenieros y técnicos cualificados para departamentos de I+D+i. Es decir, allí se buscan profesionales para desarrollar precisamente lo que vendemos aquí.

¿Qué está sucediendo? Que la cultura empresarial española no está dirigida a la creatividad innovadora en el desarrollo e investigación de nuevas técnicas, tecnologías y productos, sino a la obtención de un beneficio comercial inmediato. Nosotros, por ejemplo, vendemos equipos y componentes para la red informática, incluso estamos en condiciones de realizar la instalación y puesta en marcha de esos equipos; pero la inteligencia que incorpora la tarjeta de red que transforma los impulsos eléctricos en datos la desarrollan en EEUU, en Alemania, en Irlanda o en Finlandia.

Todos nos llevaríamos una desagradable sorpresa si viéramos las estadísticas y comprobáramos el bajo porcentaje de titulados universitarios que actualmente ejercen la profesión para la que estudiaron y, sobre todo, la enorme cantidad de cursos y master que deben realizar esos universitarios, una vez finalizadas sus carreras, para conocer y adecuarse al sector del mercado en el que pretenden ejercer. Es necesario que la mayoría de los estudiantes dispongan de un conocimiento previo de la sociedad en la que van a desarrollarse y, en consecuencia, poder elegir el mayor número de disciplinas que han de cursar para adquirir un conjunto de conocimientos acorde con el sector en el que pretenden aplicar sus conocimientos adquiridos en la universidad.

La universidad no puede estar organizando y estructurando los conocimientos a impartir al margen de las demandas de la nueva sociedad, que es distinta de la sociedad que hemos vivido. Se trata de que la oferta universitaria y lo que la sociedad demanda dejen de ser dos líneas cada día más divergentes. Se trata de ir a sitios distintos por caminos distintos. Se trata de encarar de forma diferente la formación de nuestros jóvenes para que puedan competir en la nueva sociedad que se está conformando delante de nuestras narices sin que queramos darnos por enterados.

En la nueva sociedad, se impone la necesidad de darle un valor real a las personas más que a las cosas. Hay que invertir en las personas porque son las que con sus capacidades pueden hacer crecer lo que se propongan. Esto puede parecer obvio y por lo tanto desgraciadamente lo obviamos. Estamos en esta nueva sociedad y todavía tenemos sistemas demasiado tradicionales. Los sistemas contables siguen contado como gasto social a las personas y como inversión a las cosas. En consecuencia, los primeros gastos que recorta una empresa cuando afronta una crisis son a las personas y no a las cosas. Esto ya no debe ser así en esta nueva sociedad, es un reto que se debe solucionar. No se puede seguir anclados en los sistemas de la sociedad industrial, donde era mejor invertir en máquinas que agilizasen el proceso, antes que en personas que lo reinventasen.

Hoy el valor de la nueva sociedad es el capital humano. Y ante esta nueva situación ¿quién puede contribuir de forma efectiva a esta nueva sociedad? La respuesta la tenemos en nuestros jóvenes. Ellos están muy capacitados porque su alma está llena de los cuatro valores esenciales de esta nueva sociedad: imaginación, diversidad, experimentación y emoción. Es innato en ellos su capacidad de experimentación y asumen con facilidad el riesgo sin temor al fracaso, porque son jóvenes tienen tiempo y están en la edad de aprender y probar de nuevo una y otra vez. Tienen ilusión por afrontar nuevos proyectos y la capacidad de emocionarse con ellos y transmitírnoslo. Están habituados a los cambios de la galopante sociedad de la información y de la cultura digital, los aceptan con naturalidad y son capaces de extenderlos al conjunto de la sociedad. Internet, la introducción del euro, los móviles... son para ellos un paso más, y los asimilan con naturalidad a diferencia de las generaciones más mayores. A cualquiera de los que nos educamos en la sociedad analógica nos cambian el móvil y se nos crea un problema; para los jóvenes digitalizados el cambio no es una tragedia, es un paso más en su proceso de formación y aprendizaje y en su proyecto de vida.

Además tienen la capacidad y la formación para provocar el cambio; un joven indignado con imaginación y con un móvil es capaz de cambiar hasta la situación política de un país, lo hemos podido comprobar. Y no sólo me refiero al pasado 14 de marzo, de 2004; ya históricamente lo habían demostrado: mayo del 68, revuelta de Tiananmen o la de Timor. La fuerza contenida de su juventud y de sus ideales por construir un mundo mejor. Nosotros tenemos la obligación de desencadenarla y pactar con ellos poner esa fuerza a favor del proceso de transformación en el que estamos inmersos. Tenemos todos los ingredientes y la fórmula para situarnos a la cabeza de Europa: Tecnología, Conocimiento, Imaginación y el Deseo de seguir mejorando nuestro país. Ésta es la clave del desarrollo de España. Con esto y con nuestros jóvenes podemos hacer nuestros sueños realidad.

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